Volver a empezar

Si queremos recuperar esto nos tenemos que sacrificar ahora

Cuando empezó la pandemia ya hace casi un año y en pleno confinamiento empezamos a trabajar como auxiliares de ayuda a domicilio, nos propusimos escribir sobre nuestras experiencias y sensaciones para compartir con todos la realidad del día a día en medio de una ciudad fantasma. En primera línea fue una serie de artículos que dimos por terminados cuando ya se comenzó la famosa desescalada y consideramos que, en adelante, todos los ciudadanos estábamos en esa primera línea, cada cual con su responsabilidad desde sus puestos de trabajo y sus competencias.

No podíamos entonces ni siquiera soñar que, tras un año de trabajo, investigación y experiencia acumulada, nuestra situación sería peor que la de entonces, fruto de la desescalada misma, que conllevó una irresponsabilidad social por parte de grupos definidos o difuminados, que, a mi modo de ver, han sido mayoría, dentro de una variable de posibilidades.

Las contradicciones informativas sobre las EPIs y sobre las normas de conducta en un primer momento después se complicaron cuando comenzaron a actuar las Autonomías, haciendo que, en realidad, hubiese 17 modos distintos de afrontar la situación que no ayudaban a aclarar los criterios conjuntos. Así que, cada quien, ha hecho lo que le ha parecido mejor.

Las instituciones también han fallado estrepitosamente en su labor de reforzamiento del sistema sanitario y de seguimiento de los casos que se iban produciendo, que han llevado al colapso del sistema, abandonando a su suerte a muchos otros enfermos no afectados por el Covid, pero que necesitaban tratamiento médico personalizado y urgente. Las irresponsabilidades de unos y las carencias de otros, siguen costando miles de muertos, infectados y cuarentenas, que han ido minando nuestro entramado social, a duras penas reforzado con las medidas gubernamentales que se han tenido que improvisar para paliar el desastre que se veía venir desde el primer día.

No se ha logrado vencer al virus, que, además, se ha complicado con nuevas variantes más contagiosas si cabe. Las peleas entre Partidos, así como  entre Comunidades Autónomas y el Gobierno central han sido vergonzosas y han agotado literalmente al personal que lo estaba dando todo, desde los sanitarios, a los ciudadanos de a pie como nosotros, pasando por algunos cargos públicos, que han tenido que plantar cara todos los días a los enormes problemas, con apoyo nulo de la oposición que se  ha limitado a decir NO y a criticar todo lo que se hacía, intentando machacar a las personas y acabar con el Gobierno que se ha encontrado con la peor situación de nuestra historia reciente.

Un suspenso bajo como nota media al conjunto de la sociedad con las honrosas excepciones que todos conocemos y que en ningún caso consideramos generalizables. Es decir, ni todos los sanitarios han sido ejemplares, ni todos los jóvenes han sido irresponsables. También se salvan algunos servidores públicos. Cada uno que rellene las casillas de valoración como le parezca, pero seguro que la nota media final es un suspenso no recuperable a la marcha que vamos y en el momento en que estamos.

La esperada vacuna no ha resultado ser tan eficaz como se presumía desde el mismo momento de su distribución. Nos queda la esperanza de que sus efectos sean verdaderamente saludables y perdurables, lo que está todavía por comprobar.  Lo cierto es que seguimos con la responsabilidad ciudadana de mantener las normas establecidas desde nuestros puestos si es que queremos seguir adelante. Pero no parece que las cosas vayan a cambiar mucho: seguimos con falta de sanitarios y las concentraciones irresponsables como las de los conciertos de Rafael en Madrid o las playas valencianas de estos días abarrotadas, saltándose todas las normas, no nos auguran nada bueno. No tenemos idea de cuánto tiempo vamos a seguir aguantando y creemos que ya es hora de plantearse  cada uno en serio, en qué cosas debemos mejorar.

En nuestro trabajo como auxiliares a domicilio tenemos que lidiar con personas muchas veces con dificultades respiratorias, con no poder guardar las distancias si tenemos que ayudar en su aseo personal o en la comida, así como una insuficiente ventilación por el frío al que la mayoría es especialmente sensible por su propia naturaleza e inmovilidad. Un conjunto de factores que hacen que ahora nos planteemos redoblar nuestras medidas de seguridad con mascarillas protectoras en doble dirección y solicitar que, en la medida de lo posible, tanto usuarios como familiares usen mascarilla y ventilen las casas sobre todo por las mañanas a primera hora cuando ayudamos a levantar a las personas.

Pero las respuestas han sido variadas, algunas las han ignorado y otras personas se han sentido agredidas, presionadas e incluso maltratadas, simplemente por el hecho de hacerles pensar que, del mismo modo que he de respetar su situación y preservarle en la medida de lo posible de un contagio, también ellos deben colaborar dentro de sus límites ventilando habitaciones cuando no estén ellos presentes, usando mascarilla cuando no están en aseo personal o comiendo y otros pequeños detalles por los que se cuela el microscópico problema.

Solo lo comenté una vez y la reacción que recibí fue tan negativa que recordé la lección definitiva que ya tenía hace tiempo arrinconada, aunque nunca olvidada: en esta vida no hay que pedir nunca, sino dar y, solo en ese caso, con suerte alguien te responde con reciprocidad y te brinda su respeto y apoyo. Por eso es un verdadero regalo que las personas seamos responsables las unas con las otras. Que dejemos de pensar en nuestra propia comodidad para hacer aquello que nos beneficia a todos. Es un regalo que solo con generosidad se puede disfrutar y es lo que, además, te da fuerza para seguir dando apoyo a tanto irresponsable que no ve más allá de sí mismo. No hay que dejarse llevar por el cansancio, sino asumir tu propio rol con la mirada puesta en la meta.

Esta desastrosa situación que estamos viviendo es un buen momento para hacer balance del año y reforzar nuestra decisión de seguir adelante con generosidad, altruismo y sentido de comunidad. En caso contrario nos condenamos a la crítica amarga, a la depresión y a la negatividad que nos daña a nosotros mismos más que a quienes nunca se han planteado hacer algo con sentido social. Hay que volver a empezar cada día si es preciso, porque tal generosidad no se consigue de pronto, ni siquiera en un año. Habrá que renovarlo con frecuencia desde todos los ámbitos para por fin poder descansar un día, cuando todo se haya superado y podamos sentirnos satisfechos del trabajo realizado. Y si hemos llegado a hasta ese momento, no olvidar nunca a los que se quedaron en el camino porque algún día podremos ser nosotros.

Comenzar de nuevo con lo ya aprendido nos hace más responsables

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