Visón

También merecen una vida digna

El visón es el clásico animal apreciado por su piel en los tiempos en los que el hombre habitaba en las cavernas y tenía que resguardarse del frío. Pero de ese triste origen, comprensible quizá en unos tiempos de supervivencia del más fuerte, pasó siglos después a considerarse símbolo del poderío económico y del machismo occidental cuyo sueño principal era comprarle un abrigo de visón a su abnegada mujercita, ama de casa (es un decir), aunque fuese millonaria. Un símbolo de frivolidad que hasta anteayer se seguía valorando y deseando.

Los tiempos han cambiado y poco a poco la conciencia animal ha empujado hacia curiosas variaciones de pieles sintéticas, reformas de abrigos auténticos, o venta de abrigos de segunda mano, porque con tales prendas una no podía ir al súper a hacer la compra. Pero todavía se usan, como lo demuestra el hecho de su escandalosa crianza hacinados en jaulas, cuyo único fin es matarlos y confeccionar vestimentas de aparente lujo. Han sido muchas las especies castigadas, como los tigres o serpientes, que sirven de bolsos, alfombras y otras estupideces humanas inventadas, dicen, para resaltar la opulencia o, en su caso, las maravillas femeninas.

Algunas cosas han cambiado un poco, pero lo que no ha cambiado en nada es la arrogancia humana de considerarse el dios supremo de todo animal que no pertenezca a su especie, matando, depredando, utilizando como esclavos o como cobayas de sus múltiples experimentos.

En lo sanitario ya sabemos que a los animales, para que no sufran, se les sacrifica directamente y así no hay que gastar más dinero en ellos. La eutanasia animal nunca se ha condenado cuando, por la misma regla de tres habría que matar a muchos humanos para que no sufran. Y los mismos que matan sin piedad animales por diversión o por otros dudosos motivos, se oponen a la eutanasia humana libremente escogida. Como si nosotros no fuésemos animales como los demás. Bendita ignorancia. Porque lo que nos diferencia, dicen, es la razón, y esa hace tiempo que brilla por su ausencia. Lo que quizá nos diferencie es nuestra crueldad injustificada.

Pero la guinda sanitaria, como otras cuestiones, nos las ha destapado el coronavirus. Resulta que algunos de estos animales han tenido la desgracia de enfermar con el virus y se han ordenado matanzas de millares a modo preventivo, como es el caso de Holanda, sin haber demostrado que se pueda contagiar al ser humano, pero que se infectan entre ellos por las condiciones de hacinamiento en el que viven.

Pero en el caso de Aragón , además, se han matado preventivamente a 92.000 visones de una granja, porque unos pocos se habían infectado, demostrándose luego que ha sido por contagio inverso, es decir de humanos a ellos, porque se descubrió que con anterioridad varios trabajadores habían sido infectados por el virus.

La crianza de visones será prohibida a partir de 2024 por no considerarse ético criarlos para quitarles la piel. ¿Por qué esperar tanto?

La pandemia está dando mucho de sí, y son muchas las cuestiones que se nos plantean. Aquí ponemos solo una pequeña muestra del maltrato animal que cada día sucede en el mundo, pero que en circunstancias especiales, se ven de un modo más brutal si cabe. La vida es un don compartido por todos los seres y a los animales (no humanos) deberíamos respetarles por todo lo que han hecho por nosotros durante nuestra historia, nos han alimentado, han trabajado para nosotros, han equilibrado la naturaleza y algunos nos han dado su cariño a cambio de nada. Así es que, como mínimo, deberíamos respetarles y sentirnos agradecidos, devolviéndoles poco a poco su libertad según vamos conquistando nosotros nuevas formas de vida, de vestirnos, de alimentarnos, de trabajar. Considerarlos nuestros compañeros no es rebajar al ser humano, sino, muy al contrario, reconocer la vida como algo colectivo que todos debemos mejorar, procurando hacernos el menor daño posible.

Si el ser humano no es capaz de respetar la vida humana, ¿cómo vamos a pedir respeto por la vida animal? Quizá sea mucho pedir. Pero las consecuencias las pagamos todos juntos, ellos y nosotros. Las enfermedades y los desastres nos afectan a todos. Pero ellos, desde luego, no tienen la culpa. Nosotros, en gran parte, sí, porque hemos transformado la naturaleza a nuestro antojo ambicioso, sin mirar el daño que hacemos al planeta.  Esta vida y esta Tierra es todo lo que hoy tenemos.

La imagen de la vergüenza

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