Visión

Visión, metas y valores

Nuestra visión del mundo es como el hábitat de Naciones Unidas. En esto pesa también la visión de interdependencia universal, en donde todo está interrelacionado. Esto hoy lo vivimos de un modo materialista económico y tecnológico, pero puede derivarse hacia un mundo realmente cooperativo y respetuoso. De hecho, los Tratados internacionales han sido el primer intento a escala universal de mejorar la situación de todos, considerados como personas individuales, pero también como colectivos de distintos signos y reconociendo la importancia de la ecología en relación con el ser humano.

En 1945, representantes de 50 países se reunieron en San Francisco en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional, para redactar la Carta de las Naciones Unidas, que fue firmada el 26 de junio. El Estatuto de la Corte Internacional de Justicia es parte integrante de esta Carta, comenzando así el camino hacia un verdadero Derecho internacional operativo. Los líderes del mundo decidieron complementar la Carta de las Naciones Unidas con una Declaración acerca de los derechos válidos para todas las personas en cualquier lugar y en todo momento. El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas reunida en París, aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Esta Declaración, junto con el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), con sus respectivos protocolos facultativos, ambos de fecha 16 de diciembre de 1966, conforman una Carta Internacional de Derechos Humanos, que, en conjunto y hasta la entrada en vigor de los Pactos en 1976, se concreta en un plazo temporal de casi treinta años. Debe recordarse, en cualquier caso, que los Pactos no crean por sí mismos derechos subjetivos que los particulares puedan invocar ante los tribunales, sino tan sólo compromisos de los Estados Partes para tomar medidas que los hagan efectivos.

Así pues, la meta última de esta web es conseguir que todos los derechos que se han derivado a partir de esta trascendental Carta se hagan realidad. No hay que olvidar sin embargo, que el Estado social, que intenta llegar a todos los grupos más desfavorecidos, se crea desde el sistema capitalista de producción, por miedo a que se volviera a reproducir otra revolución como la acaecida en Rusia de 1917. Por tanto, no es de extrañar que las inercias capitalistas hayan salido victoriosas ante la contradicción de atender a los más débiles y a la vez promover la producción/ganancia sin límites en un contexto de propiedad privada como primer derecho inalienable.

Hoy se es más consciente de este hecho y hay que replantear desde el Derecho la eficacia de los Pactos Internacionales y su efectiva implementación en los Estados. Hoy la realidad nacional queda superada por el comercio sin fronteras, y eso ha de replantear también el papel actual de los Estados soberanos, cuya soberanía, no se olvide nunca, nace delegada por el pueblo. Estos tratados se han de armonizar con los Constituciones nacionales y la normativas regionales como la europea, para que todo pueda fluir hacia un Estado de bienestar universal, con mayor interdependencia positiva y un mayor control.

Los valores que subyacen a este modo de ver las cosas son muchos y de todos conocidos: humanismo, ecología, igualdad sin discriminación por raza, sexo, ideologías, con tal de que haya respeto recíproco y se conserven límites como la no violencia, el bien común y la no corrupción de las instituciones. La religión no tiene nada que ver en todo esto, aunque se debe respetar, si sus creencias no interfieren en el bienestar de los demás con fanatismos y dogmatismos. Se pueden respetar las creencias de un creyente de buena voluntad cuya intención última es el bien, pero no merece respeto ninguna religión o creencia que se presente como exclusiva de la verdad e implique el daño de los demás seres que no se adhieren. Tenemos los ejemplos del nazismo y los diferentes fanatismos religiosos del islam, judaísmo o de la iglesia católica entre otros muchos.

A estos valores podemos ir añadiendo otros como los sistemas democráticos participativos, la economía social y el pacifismo sin paliativos. Solo admitimos la defensa y la intervención ante quienes, personas, grupos o naciones, no respetan las libertades de los demás, ni contemplan la dignidad del hombre y de la tierra como valores fundamentales. La veracidad y la honestidad, así como la exclusión del lujo ante la pobreza, o la ausencia absoluta de hacer intencionadamente daño a otro ser son otros valores a tener en cuenta a la hora de participar en la web.