Vacunación obligatoria

¿Obligación o derecho?

Aquello de que mi libertad termina cuando empieza la tuya de Sartre se puede ampliar a cualquier derecho fundamental. De este modo la libertad de no vacunarse termina cuando eso constituye un peligro para la salud y la vida de los demás. Digamos que, en todo caso, cada uno es libre de morir como quiera y cuando quiera, siempre que en el mismo acto no ponga en peligro a otros, como ocurre por ejemplo en el caso de quienes se niegan a recibir transfusiones que en ningún caso tendrían el derecho de impedirlo para sus hijos, por el derecho de la patria potestad.

Y así mismo podríamos ir estirando hasta llegar por ejemplo a la libertad de abstenerse en las votaciones en las que la sociedad se juega mucho, porque el hecho de no hacerlo favorece siempre a una de las partes que suele ser la peor. La vida nos llena de ejemplos de este tipo y afortunadamente algunas nos quedan lejos como es el caso de la libertad de portar armas.

La pandemia ha trastocado el concepto de libertad a una parte muy ruidosa de nuestra sociedad que se ha empeñado o bien en negar lo evidente de la existencia de la pandemia, o bien en ver complots por todas partes para quitarnos la libertad: las cámaras de grabación públicas, controles de vacunación, la necesidad de utilizar dinero de plástico, o cosas así, que parece que nos controlan la vida.

Pero nuestra vida ya está controlada de muchas formas en nuestra muy compleja sociedad. Y es necesario que así sea. El que algunos lo utilicen de forma indebida es algo que el Estado debe a su vez regular y controlar para que no ocurra. Muy a nuestro pesar algunos de nuestros datos se venden al mejor postor. Pero eso no es comparable a la exigencia de vacunarnos por el bien de todos, empezando por nosotros mismos. Más bien habría que denunciar que mientras en los países ricos se han tirado vacunas a la basura, en muchos países pobres aún faltan casi todos por vacunar.

¿Dónde está el problema? Tras largos meses de experiencia y ahora que en España estamos muchos vacunados, quienes más lo padecen son los no vacunados que se arrepienten cuando les toca la ruleta a ellos. Pero no piensan que hasta que les ha tocado han contribuido a expandirla y hacer daño a muchos otros.

Yo creo que no hay que calentarse mucho la cabeza para entenderlo. Pero no hay peor entendedor que el que no quiere entender. Ignorancia y supersticiones las hay en todas partes. Y la ciencia ciertamente muchas veces se equivoca o se utiliza para hacer daño. Pero no es este el caso y negarse a la vacuna es sencillamente irracional.

Hay gente a la que han tenido que pagar para que se vacune en algunos países y en otros empiezan a hacerlo porque no dejan entrar a lugares públicos. Es algo tan infantil que da vergüenza escucharlo. No creo que en África nadie piense que van contra su libertad si le dan una vacuna o si ponen cámaras para ver quién hace caza furtiva. El que quiera ser libre en ese absurdo sentido, el que no quiera ser controlado por un Estado, que vuelva a la sociedad salvaje fuera del mundo civilizado. Y que nos deje en paz. Pero eso sí, aislados de tal manera que no nos contagien. Quizá en las sociedades futuras se construyan mundos artificiales en donde no haya ley ni control. ¿Alguien cree que durarían mucho?

Pero si hacemos caso a las manifestaciones que todavía se hacen en algunos puntos de Europa parece que algunos sí lo creen. Pero hoy por hoy solo podemos sobrevivir en esta sociedad y un poco de racionalidad se nos debe pedir a toda persona adulta. Las excepciones, como siempre, habrá que verlas. Pero la excepción, siempre se ha dicho también, confirma la norma.

Vivimos en un mundo de derechos, pero también de obligaciones, que es la otra cara del derecho.

Mi derecho, tu obligación

Deja un comentario