Vacaciones

Responsabilidad

Siguiendo la tónica de un año diferente, las vacaciones, si las hay, también lo serán. Algunos, los que más, tendrán que apretarse el cinturón y otros, los afortunados que pueden trabajar y tener un descanso, seguro que no podrán hacer todo lo que quisieran hacer: un viaje proyectado, una visita añorada, una desconexión de la vida diaria recargada de estrés por muchas razones, pero sobre todas ellas, por el fantasma del coronavirus, que siempre está a nuestro lado.

En el último pleno del Congreso me sorprendió mucho el temple del presidente del Gobierno. La verdad es que creo que esta pandemia está afinando su trabajo, en el sentido de forjar el hierro de unos principios a seguir por encima de todas las adversidades. Ya era cosa de Titanes el comienzo de esta legislatura nacida de una lucha a muerte con la derecha que los dejaba resentidos y furibundos para siempre jamás. A ello había que sumar la situación catalana, exacerbada hasta el paroxismo por su presidente y por el mal hacer de la justicia española que no hacía sino empeorarlo todo. Además de todos los problemas estructurales que arrastra España respecto al paro y la enorme desigualdad social, vino de propina toda la situación de la pandemia, que no hizo sino sacar a la luz todos esos problemas semiocultos, aderezados con la crisis de la institución monárquica, los juicios pendientes de la familia Pujol, y todas las vergüenzas que quedan por resolver. Un problema detrás de otro, a cada cual peor. Y Europa, con la que ha habido que lidiar a favor de los países más castigados por la pandemia, destapando su poca unión.

Las críticas han llovido de todas partes: autonomías, oposición, la mayoría de los medios de comunicación y de todos los del stablishment que se hacían cruces de que España siguiera adelante con un gobierno comunista. Un esperpento de críticas que se pueden resumir en la anunciada moción de censura de los ultras para después de las vacaciones porque ellos sí que disfrutarán vacaciones donde les plazca. Porque tienen dinero y jeta para hacerlo sin mascarilla.

Pero para mi sorpresa, aquellos antiguos vaivenes del presidente Sánchez, se han convertido en un fortalecimiento de su coalición con UP, que ha estado apoyando en todo momento la unidad de un Gobierno a los que la derecha quiere derrumbar a toda costa. Ambas partes se han esforzado mucho y se ven los resultados, que exasperan al resto. De todo el debate parlamentario me quedo con el mensaje global del presidente de unión y esperanza basada en la frágil realidad de nuestra responsabilidad conjunta. No se inmutó ante los insultos y provocaciones de siempre, siguió con su buen talante abierto al diálogo y reduciendo ad absurdum todo ataque injustificado con su actitud, su cumplimiento de programa pactado, sus logros en Europa, y su visión de futuro en una línea de acción inédita en España, basada en la tecnología sostenible y en la paridad social.

Las mezquindades autonómicas quedaban al descubierto hoy con el desplante de Torra (por cierto, ¿se acuerda alguien de Puigdemont?) y la presencia del lehendakari que estaba esperando a que desde el Gobierno le confirmaran sus exigencias. Compraventa de todo, incluso de la asistencia a las mesas de diálogo entre presidentes que, periódicamente, este Gobierno ha convocado por primera vez en nuestra historia. No me gusta ese mercaderío. No es ese el espíritu constitucional de las Comunidades Autónomas, que hablan de autonomía sí, pero con espíritu de cooperación y apoyo mutuo, bajo la coordinación democrática de un Gobierno Central. Hay quien no cree en eso, pero sigue vendiendo sus favores para sacar votos, según creen. ¡Pero ay! La derecha sigue siendo derecha aunque esta sea autonómica y no sé si ahora la derecha del color que sea hace méritos para que alguien les vote.

De Casado y los de Cs mejor no hablar. La Ayuso habla por ellos, que es, junto con la marquesa de Toledo y Esperanza, quienes más les representa. Tenemos que soportarlos con la paciencia de Job hasta el final de los siglos, porque no creo que haya ningún valiente que se atreva a fulminarlos y recomenzar una nueva derecha democrática, si es que ello es posible. En algunos sitios de Europa parece que sí, pero España, como es bien sabido, is different.

Así es que entre rebrotes, botellones, quiebras y absurdos políticos empieza un período vacacional que quizá dé un poco de fuerza a todas aquellas personas que, cada una desde su sitio en la sociedad, hace lo posible para que la cosa vaya a mejor y salgamos al menos con la satisfacción de haber luchado juntos por algo. Eso solo ya sería un logro que podría alimentar la entereza que nuestra sociedad necesita para superar este trauma. Yo solo pediría eso. Luchar unidos por la sanidad, la ciencia y la cordura que nos conduzca a una sociedad más justa e igualitaria. Si de aquí salimos menos ricos pero mejores personas, habremos logrado mucho más de lo que nos pueda prometer la economía neoliberal, esa cosa que hemos de cambiar si no queremos que acabe con nosotros.

Igualdad


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