Una guerra perdida

El secuestro de Daniel Rye es una película de 2019 que nos cuenta la historia real de un fotógrafo danés que fue capturado por el ISIS en Siria en el año 2013 y hecho rehén durante 398 días. Una historia que acaba bien, tras un calvario de sufrimientos por parte del secuestrado y de su familia, que tuvo que hacerse con un rescate millonario gracias a las donaciones de personas anónimas, por falta de apoyos institucionales negados (oficialmente) a los terroristas.

Duro relato de uno entre muchos secuestros utilizados como medio de financiación del terrorismo, que esta vez acaba bien gracias a la ayuda desinteresada de muchas personas amigas, pero que no es lo más usual, ya que suelen acabar en asesinato televisado.

Narrada la historia con sobriedad y realismo, la pregunta que nos queda al final, no es el por qué suceden tales hechos, sino el por qué Occidente sigue siendo incapaz de acabar con una guerra activa desde hace décadas. Oscuros intereses nunca revelados del todo, que hacen entrever una geopolítica económica que trastoca el orden mundial, nos hacen dudar de la honestidad de una sociedad capaz tecnológicamente de destruirse a sí misma, pero incapaz de defenderse ante unos asesinos fanáticos que salen victoriosos una y otra vez, aunque mueran algunos en el camino y a los que consideran mártires.

Una sucia realidad que interpela a la sociedad global, incapaz de unirse ante un enemigo común, porque su ambición cortoplacista está por encima de vidas y Estados. La irracionalidad vence a la razón y es, sin duda, una de las mayores vergüenzas del nuestro siglo, que ponen en entredicho la buena voluntad de quienes dicen ser nuestros líderes democráticos.

La guerra contra el terrorismo de raíces religiosas o mafiosas que se entremezclan entre sí en una red mortal de espionajes y negocios ilegales nos hunde en un mundo cada vez más indefenso ante la voluntad de algunos de imponer sus leyes aprovechando la debilidad de unas democracias incapaces de acabar con la desigualdad que, por una razones u otras (pero siempre con denominador económico), hace de nuestra sociedad global un lugar injusto para la mayoría, frente al absolutismo de unos pocos que lo pueden comprar todo con dinero.

Es posible que todo tenga un fin violento, pero nunca podremos negar que no lo sabíamos de antemano ante tantos abusos reiterados de nuestra libertad y dignidad.

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