Una crisis de humanidad

Inmersos en Matrix

Ir al médico es privilegio de unos pocos, porque la inmensa mayoría nos tenemos que conformar con hablar por teléfono, si es que podemos interrumpir en el momento impreciso que te llama, nuestra actividad. Si compras un producto muchos se han acostumbrado a hacerlo on line, sin saber siquiera si le va a venir bien. No importa porque luego se devuelve. Muy cómodo.

Pero cuando tienes necesidad de una reparación doméstica, las grandes firmas te lo intentan hacer on line: llamada, videollamada, tutorial, derivación a una web que a veces dialoga contigo con un robokop de nombre ridículo. Una odisea hablar con alguien en persona para una consulta, resolver un problema, una comunicación… Las garantías de las compras te las tienen que arreglar a veces gente que sufre la precariedad que tanto despilfarran los grandes.

También es difícil reunirse con los amigos… ¡todos tienen tantas cosas que hacer! Citas que se aplazan, celebraciones que ya no se hacen, hasta hablar por teléfono es difícil o se tiene que interrumpir por otra llamada entrante y ¡todo es tan importante! Solicitar una visita presencial en la Administración en general sobre todo para pedir información sobre una prestación por ejemplo es misión imposible. Te has de arriesgar a hacer una solicitud on line sin resolver las dudas previas.

La presencia ya casi es imposible. Y es honesto preguntarse por qué ocurre así. ¿Conciliación familiar? ¿Comodidad de las personas? ¿Ganancia empresarial?

Mi hipótesis es sin duda alguna la última: alguien gana con todo este engranaje: las empresas (cuanto más grandes mejor) ganan más con menos empleados y quienes no sepan montar un electrodoméstico ya se las apañará pagando a otro más pobre que él. La trampa del teletrabajo para todo.

Siempre soy partidario de la tecnología, incluida la robótica y por supuesto la red. ¿Pero hacia dónde nos empujan quienes manejan los hilos?

Hoy como nunca somos conscientes de las crisis humanitarias que vemos pasar ante nosotros on line: pandemia, volcán, guerra en Europa, gente sin poder trabajar por falta de combustibles o materias primas, huelga salvaje de transportistas, a la caza del suministro a nivel individual y nacional, desunión  entre huelguistas, personas y políticos.

Ni rastro de humanidad, aunque nos creamos humanitarios. El corazón se nos sobrecoge al ver tanta tragedia, pero mientras no nos afecte en directo, nuestro cerebro lo olvida para no cortocircuitarse literalmente. Nuestra naturaleza no está diseñada para tanto egoísmo, tanta hipocresía y crueldad. Hasta los mejores amigos, al final, tienen que salvar sus propias vidas como pueden, porque no tenemos tiempo para vernos, para escucharnos o abrazarnos.

¿Cómo pedir a los monstruos que provocan guerras que tengan algo de humanidad si constantemente nos estamos acostumbrando a una vida de supervivencia del más fuerte? Permitimos, a veces, que sobrevivan los más débiles, pero los estamos matando con nuestras estructuras deshumanizadas hechas para corazones de metal.

En un mundo tan oscuro como el que vivimos, ya apocalíptico y distópico al más puro estilo Matrix, ¿cómo sobrevivir sin esa parte esencial de nuestra humanidad que consiste en compartir el corazón? Héroes muertos en guerra, personas muertas en pandemia por no tener atención presencial, personas excluidas de la sociedad por no saber vivir on line, corazones de hielo ante tanta desgracia y contradicciones sociopolíticas por no sucumbir a la desesperación.

No nos quepa la menor duda de que estas crisis humanitarias tan terribles que estamos viviendo en este malaventurado siglo XXI, se han venido gestando tras una larga crisis de humanidad, con la que, ya no tan insensiblemente, estamos perdiendo nuestra esencia.

Es posible que algunos se salven. Pero nuestra salvación no es real si no es social, si no estamos todos incluidos. La ilusión de un loco (y de quienes le apoyan directa o indirectamente) por ser el dueño del mundo, nos ha condenado on line a quedarnos sin combustible, sin materias con las que trabajar, con los comercios vacíos. A ser espectadores del horror sin palabras.

Animales y personas muertas sin sentido, porque vivimos on line, en el metaverso que no está ya tras la pantalla, sino en nuestro entorno, en el seno de Matrix en el creemos vivir.

Habrá que reiniciarse. Un diálogo de verdad, un abrazo fuerte, un respeto y amor sincero. Si no recuperamos eso, la guerra, esa que tanto decimos odiar, no terminará nunca, pero nosotros, sí, acabaremos antes de tiempo.

El horror en directo, un negocio on line

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