Una Bahía alternativa

Salvador, la capital de la alegría

La semana pasada La 2 de RTVE nos regaló un magnífico documental sobre La historia de la bahía de todos los santos. En 1500, en la región de Salvador en Brasil, los primeros colonos portugueses desembarcaron y construyeron su primera ciudad colonial: Salvador de Bahía, conocida como «la Bahía de Todos los Santos». Las tribus indígenas fueron diezmadas y reemplazadas por esclavos africanos que trabajaban principalmente en molinos. Hoy, la herencia africana de Salvador todavía se puede sentir en la cultura, la música y el arte. Sus habitantes se esfuerzan por mantener vivo este patrimonio y perpetuar la memoria de sus antepasados. Este documental estará disponible hasta el18 de septiembre de 2021 en el enlace que os facilitamos.

Aparte del interés propio sobre la historia de este precioso rincón del mundo, que se sale de todo lo corriente, para hablarnos de una historia de superación desde la esclavitud al ensueño de una sociedad libre, comunitaria y sostenible, con su propia cultura y danzas que se han hecho famosas en el mundo entero, nos interpela sobre la situación actual del planeta, agobiado por la insostenibilidad del sistema económico y productivo que se ha instaurado y que es imposible de mantener.

En la historia hemos conocido muchas experiencias sobre comunidades de distintos tipos e ideologías que han pretendido vivir con relativo éxito una experiencia vital muy diferente a nuestra cultura de capitalismo desarrollado. Muchas veces se nos remite a estudios sobre pueblos primitivos, que, de alguna manera, se han negado a una evolución tecnológica en base a un consumo de energía desmesurado.

Llama la atención sin embargo que el único país desarrollado del mundo que es calificado de economía sostenible sea Cuba, que, para muchos, representa una ideología dictatorial imposible de digerir. Pero aquí no se trata de dilucidar sobre las ideologías de base que llevan a concebir un Estado socializado, donde el trabajo es una tarea común que beneficia a todos, por encima de las aportaciones que pueda hacer el Estado donde se ubique una comunidad concreta.

En el caso de Salvador de Bahía, cuya base fue la búsqueda de la libertad humana, cohesionada por costumbres y creencias muy concretas, fueron capaces de crear su propia cultura (como por ejemplo la capoeira) como un modo de sobrevivir a la hostilidad de las comunidades clasistas y cristianas de los invasores y traficantes. Como nos muestra el documental, Salvador no está lejos de la civilización, sino que está inmerso en ella, aunque no le alcancen todos los beneficios sociales, como ocurre en la práctica totalidad de los asentamientos rurales del mundo. Ante los insuficientes recursos sanitarios ofrecido por un gobierno central, por ejemplo, han utilizado su propia medicina natural heredada de sus antepasados africanos. Han tomado como pocos conciencia de que una verdadera vida libre se construye en comunidad y es algo de lo que debe aprender el resto del mundo. Es algo que se puede aprender también de una España vaciada que puede ser el futuro de una nueva sociedad sostenible, donde el reparto equitativo sea no solo de bienes y servicios, sino también de una población más cercana y, en definitiva, humana. 

Desde las Naciones Unidas ya se nos ha advertido reiteradamente que ya es prácticamente imposible dar vuelta atrás al cambio climático hacia la sostenibilidad ambiental con el enorme consumo de energía que supone la superexplotación de los recursos naturales, innecesarios e injustamente distribuidos en un mundo caracterizado por el individualismo y la desigualdad, concentrados en grandes ciudades o en grandes asentamientos exclusivos, como en su tiempo lo fueron los castillos reales o nobles.

Estas comunidades nos enseñan que es posible vivir de otro modo. No se trata de dar un paso atrás, no se trata de renunciar a nada. Se trata de utilizar racionalmente y para todos las tecnologías y la riqueza. El mundo sufre pobreza y sequías innecesarias, como fruto del consumo energético desmesurado que tendríamos que regular y cambiar a nuevos medios más sostenibles que nos sigan facilitando la vida sin exclusiones.

Esta visión comunitaria de las cosas es lo que ha hecho que sobreviva durante siglos una comunidad como la del Salvador de Bahía. Sabemos el camino, pero una vez más, la cuestión es: ¿Estamos dispuestos al cambio? ¿estamos siquiera a tiempo?

Uno de los entrevistados de la comunidad indica varias veces en el documental que la naturaleza es el gran supermercado de dios, al alcance de todos y para todos. Es posible que la base de una fe divina no les guste a algunos, pero lo relevante no es eso, sino el mensaje de que la naturaleza es nuestro único medio de vida y como tal hay que respetarlo, en familia. Una familia que ha salido de la esclavitud para ser libre, y no para ser esclavos del poder desigual de nuestro ya obsoleto sistema. Es indudable que como en cualquier comunidad humana habrá problemas, pero no cabe duda tampoco de que la tolerancia y la colaboración son las dos armas más importantes para vencerlos y son, precisamente, las que más faltan en nuestro sistema basado en el egoísmo y la falta de diálogo, frente a este tipo de comunidades nacidas de la necesidad de sobrevivir unidos.

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Baile y lucha

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