Un radar ineficiente


Una dudosa APP para complicarnos la vida

Tengo grandes dudas respecto al invento del Radar-COVID. En primer lugar, porque funciona a partir de que las personas positivas lo comuniquen a la autoridad sanitaria competente por la aplicación, que implicaría que han de estar en cuarentena. Así pues, si han de estar confinados, ¿cómo es que está a menos de dos metros de mí? Por otro lado, ¿no es más lógico comunicarlo directamente a la autoridad por teléfono y sean ellos los encargados de movilizar todas las acciones, incluida la inclusión en el radar?

En segundo lugar, supongamos que el irresponsable positivo va por ahí tranquilamente, pongamos en metro o autobús, en donde me desplazo mucho por mi trabajo, a veces en trayectos largos que duran más de 10 minutos. Personalmente conservo la distancia si es posible y desde luego llevo mascarilla obligatoria y no cruzo una palabra con nadie, a no ser que alguien pregunte algo, también con mascarilla y a distancia. Pero si por azar, va y resulta que estoy más de diez minutos con escasa probabilidad de haber cruzado palabra y luego recibo un aviso que no me identifica ni lugar, ni hora ni con quién, ¿me tengo que arriesgar a comunicarlo a las autoridades que me van a poner en cuarentena a mí y a todos mis contactos o a hacerme una PCR como mínimo?

Mi trabajo de auxiliar de ayuda a domicilio, que no he parado de ejercer durante toda la pandemia, implica que tengo que estar con personas de riesgo diariamente a menos de dos metros, en espacios cerrados, pero con las correspondientes EPIs. Si paso un aviso, que con mucha probabilidad será a partir de una falsa alarma, porque en realidad nunca se debería dar un contagio con las personas que trato, lo primero que implicaría sería paralizar el trabajo hasta que se me haga el correspondiente PCR o guarde la cuarentena que se marque. Y no estoy dispuesto a asumir esos innecesarios vaivenes en un trabajo de primera necesidad como es el mío. Porque esa cuarentena implica también a las personas con las que trabajo.

En tercer lugar, pero no menos importante, ir con el bluetooth en marcha supone un considerable consumo de batería.

Hasta el día de hoy, a mi colectivo, tanto de profesión, como de usuarios, no se nos ha aplicado desde la autoridad sanitaria ningúna PCR (gratuita), siendo como somos trabajadores de primera línea. Y ahora pretenden suplir la escandalosa falta de rastreadores con voluntarios (intento fallido) militares (intento absurdo a no ser que vayan armados) y con nuestro móvil.

Así es que, ante semejante ocurrencia, pediría varias cosas:

  1. Aumentar en número y apoyar con todas las medidas a los profesionales que estamos trabajando en primera línea.
  2. Aumentar el número de rastreadores profesionales, correspondientemente pagados con salarios dignos.
  3. Si de verdad se inclinan por poner la APP de todos modos, que pongan todos los datos: fecha, hora, lugar y persona con la que se ha estado en contacto de riesgo.
  4. Penalizar a las personas que no cumplan con los confinamientos o las medidas obligatorias. Tanto rebrote tiene también su causa en la laxitud de las autoridades, aparte de la irresponsabilidad de las personas.

A mí eso de que haya personas que no quieran el radar porque se les controla me parece una sandez, porque ya estamos bastante controlados. Mis dispositivos saben perfectamente dónde he estado en cada momento y se lo pueden decir a quienes lo consulten, sin claves ni contraseñas. No tengo nada que ocultar: ni amantes desconocidos, ni negocios sucios, ni actividades ilegales. Trabajo y llevo mi vida privada que, aunque no le importe a nadie, está accesible a quien quiera investigar. De hecho, si me pasara algo, me gustaría que por el móvil se supiera dónde estoy exactamente y se me pudiera auxiliar.

Así es que yo, si no me obligan a ello, no me descargaré la aplicación. Si noto algo sospechoso llamaré a mi centro de salud y que me digan lo que hacer. Pero que sea inmediato. No como ahora que, según me dicen, tardan días o semanas en responder a tu situación. Y lo mismo digo respecto a mis usuarios, si observo algún síntoma o conducta inapropiada, de lo que prevendré naturalmente a los interesados primero y a mi empresa después, que es quien tiene que tomar medidas o denunciar algún hecho a la autoridad.

Para mí tener garantías es que me digan todos los datos claros, y no que me digan que en algún momento he estado cerca de un irresponsable y que tengo que comunicárselo a la autoridad sanitaria. Porque es la autoridad sanitaria la que se tiene que preocupar primero de ponerme los medios de prevención, penalizar a los incumplidores, atenderme con la rapidez necesaria en este y en otros problemas de salud que se posponen indefinidamente, y hacer un rastreo eficiente. No me puedo quedar en casa esperando a que me digan algo, ni tampoco todas las personas a las que atiendo con mi trabajo. De mis contactos sociales ya ni hablo, porque prácticamente los he reducido a cero, haciendo uso, en eso sí, de la tecnología.

Más miedo que la enfermedad, me lo dan las cuarentenas inútiles, porque te dejan sin recursos si no tienes un entorno familiar que te lo facilite (por ejemplo, hacer la compra o, en caso de las personas con diversidad funcional, alguien que le haga los servicios que hacemos los auxiliares de ayuda a domicilio).

Esto es una reflexión que comparto con la idea básica de que cada uno coja la vela que le corresponda. La autoridad no debe dejar sus obligaciones, ni los ciudadanos tampoco.  Todos hemos de colaborar. Y de paso quiero dar mi opinión respecto a las CC.AA: creo que deberán avanzar en su coordinación y unidad nacional, porque esto da una sensación de caos tremebunda. Y las tecnologías están para ayudarnos, no para complicarnos la vida, a causa de la ineficacia de quienes tienen que dirigir nuestras acciones.


No basta con tenernos localizados. Hay que aplicar medidas eficientes.

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