Un poco de racionalidad

El virólogo Juan Ayllón Barasoain, director del Área de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Burgos, nos cuenta lo que sabemos del coronavirus chino, pone en perspectiva su alcance, expone los posibles escenarios futuros y explica por qué no hace falta que cunda el pánico y el alarmismo exagerado.

Juan Ayllón Barasoain ha trabajado investigando y enseñando bioquímica y virología. Ha trabajado en el «National Institutes of Health» (Bethesda, EEUU) y el Hospital Monte Sinaí (Mount Sinai School of Medicine; New York, EEUU). Actualmente es director del Área de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Burgos.

En medio del maremágnum de noticias y temores, es bueno que alguien nos dé una serena explicación científica de lo que está pasando, al alcance de todos. Ahora falta que también se vayan aclarando las dudas sobre las bajas laborales, hoteles o cruceros etc. aislados por cuarentena preventiva, que pueden plantear dudas y desde luego enormes gastos económicos. Parece que lo de las bajas laborales ya se ha resuelto, pero se esta actuando con rapidez para ir solventando los problemas. La Seguridad Social ya contempla la cuarentena por coronavirus como baja por enfermedad común. Más información. Pero aún faltan muchas cosas, como los seguros de los improvisados centros de aislamiento, que suponen un gasto extra considerable a las compañías y una pérdida incalculable a la sociedad.   

La ocasión también nos ha de hacer reflexionar sobre la vulnerabilidad del ser humano, que no solo se ha de enfrentar a fenómenos meteorológicos gigantes que amenazan su supervivencia, sino también a seres microscópicos que ponen en cuarentena a todo el mundo. La globalidad es un gran avance, pero se puede convertir en una amenaza mortal. Habrá que ver si en este caso la mano del hombre también tiene que ver con sus supersticiones comestibles, con la falta de higiene y con su cerebro reptiliano en donde siguen primando sus emociones más primitivas como el miedo sobre la racionalidad que le define como tal.

Ya sabíamos que no éramos nadie, pero que eso nos lo recuerde un minúsculo virus acaba con el ego de los humanos que nos creemos dueños de todo lo vivo y que no tenemos medida en nuestra ambición. Un poco de mesura nos vendría bien. Esperemos que esta nueva lección de la vida nos sirva para cambiar a mejor. Porque esta misma historia ya son demasiadas veces las que se repite y no sabemos cómo ni cuándo acabará. Pero seguro que cuesta un montón de vidas y de dinero, ese monstruo que hemos convertido en imprescindible.


El símbolo de riesgo biológico
no ha de acabar con nuestra racionalidad

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