Un héroe con ELA

Extraordinario

Juan Carlos Unzué, un ex jugador de élite en varios equipos como el BarÇa, el Sevilla o el Osasuna (Ver trayectoria), ha sido recientemente diagnosticado de ELA (Esclerosis lateral amiotrófica), una cruel enfermedad progresiva y sin cura con la que va a tener que convivir (él y sus allegados) en los años que le queden de vida. Una enfermedad sobre la que se sabe poco y que puede afectar a cualquier persona y, entre otros colectivos, también a grandes jugadores y deportistas de élite.

Sin embargo, no todos se deciden a darnos un testimonio tan importante como el que nos ha dado al hablar con sus antiguos compañeros de cancha, la primera plantilla del Osasuna. Como sabemos, el deporte se está convirtiendo en un referente para muchos de nuestros jóvenes, dando a veces algunos malos ejemplos de conductas incorrectas a sus muchos seguidores. Pero también es muy importante reconocer cuándo se convierten en un referente de vida como es este el caso y el de muchos otros que se van sucediendo por circunstancias difíciles iguales o parecidas, que llegan al corazón de la sociedad. La palabra que lo define es deportividad, por encima de la competencia, del dinero, más allá del puro juego. Un valor que hay que conservar ante las tentaciones de valorar más el rendimiento por ganancias, el resultado que las personas.

El mensaje de ánimo, resiliencia, positividad y autoestima en momentos como este lo que nos da es una lección valiosa en un mundo cuya sociedad peca de negatividad y depresión ante tantos problemas que nos acosan. Un caso como es el de Juan Carlos es una inyección de vida para todos los jóvenes o no tan jóvenes que piensan en el suicidio que, como sabemos, se ha convertido ya en la primera causa de muerte de nuestros ciudadanos del primer mundo más jóvenes, nuestro  futuro social.

Personalmente, por mi trabajo como Auxiliar de apoyo a personas con diversidad funcional, he conocido a muchos con esta y otras enfermedades o características limitantes, que son en gran parte desconocidas por una sociedad que no quiere ser consciente de que eso está ahí, que nos puede afectar a nosotros tarde o temprano, y que merecen no solo nuestro respeto, sino todo nuestro apoyo.

Si vivir la vida de modo positivo y alegre ya es para todos un acto de heroísmo, mucho más lo es para quien tiene que jugar sus cartas con desventaja. Lo que es cotidiano para algunos como levantarse por las mañanas, comer o ducharse, es, para la mayoría de ellos, un reto diario que han de superar, junto al resto de las cosas que se necesitan para llevar una vida digna.

Agradecemos la lección de este compañero, pero también la de tantos otros anónimos que están a nuestro lado pero que a veces no los miramos. Yo tengo la suerte de convivir día a día con esta realidad y eso me ha fortalecido interiormente, pues reconozco el privilegio de tener un cuerpo y una mente capaz de funcionar relativamente sin ayuda externa pero que en algún momento eventual o definitivo la situación puede cambiar, necesitando ayuda y referentes. Nuestra vida es limitada y frágil, y ese pensamiento no debe olvidarse, con la esperanza de que nuestra sociedad, nuestros amigos, nos van a acompañar también en esos momentos. Si además tomamos los ejemplos de vida de muchos de ellos como referentes en nuestros problemas, tenemos un activo que nos ofrecen entre otras muchas cosas de las que son plenamente capaces de aportar a nuestra sociedad.  En ningún momento hay que etiquetar a nadie por lo que no puede hacer por sí solo, sino que también hay que considerar todo aquello que sí puede y nos aporta de muchas maneras.

Gracias Juan Carlos por ser como eres. Un rayo de luz entre tanta oscuridad.

El valor de la deportividad

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