Un apellido desafortunado

Un nuevo pacto social y sostenible

La política española no ha cambiado mucho esencialmente en este tiempo de pandemia. La falta de unión para afrontar los retos de esta situación nos pone en la pista de lo que será la postpandemia. La ultraderecha, a regañadientes, va aceptando algunas cosas, pero siempre se las arregla para insultar al Gobierno que les pide de rodillas su unión en esta peligrosa coyuntura. No solo insultan, sino que reproducen mentiras y siguen intentando enfrentar unas Comunidades Autónomas con otras, según el partido que las gobierne. Lo de Madrid es un ejemplo, que raya con lo de Cantabria y sus inútiles mascarillas, en un esperpento que mezcla nacionalismos y partidismos, que no hacen sino confirmar la desunión que tenemos en España, dividida en dos desde la radicalización de la derecha y en 19 desde la deriva nacionalista.

Eso hace infinitamente más daño a la lucha contra la pandemia que los esporádicos episodios de terror por parte de algunos ciudadanos, capaces de querer desterrar de sus reducidas repúblicas familiares a cualquier otro ciudadano que, por su profesión y altruismo, están en primera línea de la lucha particular contra el virus que nos amenaza y mata. Pero todo suma. La irresponsabilidad de unos y otros hace que estos días sean más duros de lo que deberían ser, porque, a pesar de todas las buenas noticias que nos intentan endulzar la situación, planea sobre nuestras cabezas el peligro de la desunión futura para afrontar el tremendo bache económico que nos espera, a la luz de lo que nos dicen los expertos y empresarios, que siguen mirando más al dinero que al ser humano. No quiero pasar por alto el gesto de Inditex, que, por una vez, se sale de la donación benefactora para dar de lo que le sobra, haciendo un verdadero uso social de la propiedad. Pero esto es un caso aislado que, para atener efectividad, tendría que ser imitado por todas las grandes fortunas, aparte de la necesaria intervención del Estado que ya empiezan a pedir algunos ecónomos, alejados del fantasma comunista que durante décadas la ultraderecha se ha dedicado a fomentar. El coronavirus no ha hecho más que poner al límite una situación económica ya planteada desde hace tiempo por la sostenibilidad del planeta. Hoy es más evidente que nunca que el neoliberalismo económico y la desigualdad global que conlleva ha llegado a su fin. Quienes se llevan las manos a la cabeza por plantear una renta básica universal es que no han entendido nada de lo que está por venir. Autores como Rifkin (La sociedad de coste marginal cero) o Felber (Economía del bien común) hace mucho que ven en la economía social el futuro de la sociedad tras el fracaso del actual sistema económico donde sobra fuerza de trabajo y a la vez hay mayor pobreza. Hoy el distintivo de las mal llamadas clases medias es su capacidad de consumo y no la antigua dignidad por el trabajo. Hoy el trabajo, más que nunca, ha de ser un modo de desarrollo humano en combinación con la tecnología y no una simple mercancía de compra-venta.

Pero el tema que nos preocupa es la cuestión del llamado nuevo pacto de la Moncloa. Nuestra web, como muchos otros ciudadanos, estamos convencidos de que es necesario un nuevo pacto social. Ya sabemos que hay que pactar, pero la cuestión es cómo y en qué. Porque el apellido pactos de la Moncloa, nos retrotrae a otras épocas, con un contexto muy distinto, y que quizá fue lo único que se supo hacer ante una situación nueva y que hoy muchos no vemos como tan ejemplar como nos han hecho creer. La dictadura no acabó porque la ciudadanía se rebeló contra ella, sino porque murió el dictador, que se encargó de dejarnos un sucesor a dedo e instaurar una monarquía no legitimada por el pueblo, que nos dejaba el futuro atado y bien atado. Los años de corrupción y desigualdad posterior, no fueron sino un desarrollo del germen elitista que esos nuevos pactos tenían por debajo, en donde lo importante, sí, era la democracia, pero muchas veces al precio de vender el alma al diablo, como lo demuestran las corruptelas dentro del mismísimo PSOE o los sindicatos. Y eso por no hablar de la extrema derecha que siempre ha acampado por sus anchas en nuestro país, con títulos a los torturadores, sueldos estratosféricos a políticos, presidentes y monarcas, puertas giratorias., etc. En fin, todo lo que ya sabemos y que tuvimos la desgracia de recomprobar con la exhumación del dictador y que hoy palpamos en nuestro Parlamento con la ultraderecha trifálica que se manifiesta sin tapujos y con la que es imposible hablar. Os adjuntamos un vídeo que explica bastante bien lo que ha significado a la larga el dichoso pacto.

Y, ya que estamos en ello, tampoco nos gusta hablar de un plan Marschall europeo, porque, para empezar, fue capitaneado por USA, no fue tan productivo como se nos hizo creer y tenía un innegable tufo anticomunista de guerra fría, que nos hace pensar en una campaña neoliberal de recuperación para que la gente no cayera en la tentación de hacer otra revolución, algo a lo que siempre ha tenido terror la derecha económica mundial.

Nosotros defendemos la unidad frente a la lucha contra el virus, pero nos preocupa que lo que se pacte por nuestro futuro no sea realmente social. No podemos volver a la normalidad, porque eso sería volver a la desigualdad anterior y a la corrupción. Se ha de consultar también a las bases. No es cosa solo de partidos. El pacto ha de ser obra de todos y poner todos los medios al alcance para ello, incluidas las consultas populares que haga falta. Se ha de pactar una economía social, una nueva concepción del trabajo y la propiedad, un nuevo empresariado que mire por las necesidades de todos, un nuevo modo de vivir en sociedad de modo sostenible, y un sinfín de cosas más, entre otras la intervención del Estado en cuestiones económicas y la nacionalización de servicios públicos, hoy en manos privadas. Y, sobre todo, habrá que pensar desde la ciencia cómo hacer frente o evitar futuras pandemias que seguramente tienen mucho que ver con el equilibrio ecológico.

Se ha de volver a pactar una nueva Constitución de Estado social y democrático de derecho, que corresponda a lo que dice su propio enunciado. Naturalmente esto no se consigue en un día, sino quizá en muchos años. Pero debemos empezar bien esta nueva transición a una nueva sociedad. Es posible que el mundo comience una nueva era. Cuenten con todos y no volvamos a lo de siempre. Ya no vale. Ya no lo queremos más. Y queremos que sea a las buenas. Ojalá todo el mundo despierte del sueño y tire por la borda lo que ya no vale, incluidos muchos de nuestros representantes que ya no nos representan. Y todo lo que decimos para España vale también para la UE y para todo el mundo. A ver si de una vez la globalidad se une para algo real y eficaz ante la reconstrucción de nuestra contrahecha sociedad y mediocre economía. Nuestro lema seguirá siendo: Libertad, igualdad y fraternidad. Hace muchos años que la sociedad, en todo su conjunto, va tras ello, pero aún no lo hemos conseguido. Quizá ahora, que estamos al límite de la resistencia humana, lo consigamos.

Un nuevo pacto, el de la Moncloa ya es pasado

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