Un año diferente

A finales del 2019 escribimos una editorial que hablaba de lo que pensábamos serian las tareas más urgentes de este año. Hablábamos del pacto por el clima, por el respeto a los derechos humanos en la migración europea, y de las reformas necesarias para mantener nuestro Estado territorial en armonía.

Hoy ha cambiado totalmente el panorama en España y en el mundo entero en base a una sola palabra, coronavirus, que encierra un peligro global para nuestra propia vida, en mayor o menor medida, según la lotería que nos brinde el azar. Una situación nueva, nunca antes vivida de un modo tan directo y exhaustivo, siendo agotador sobre todo a nivel psicológico. Todos los problemas se supeditan a este que, como cuestión global, encierra a todos los demás: desigualdad social, migración, diferencias territoriales, sistema económico, sistema laboral, sistema sanitario, etc.

Nos enfrentamos todos a problemas no solo de salud, sino también de supervivencia económica y social. En esta lucha común hay quienes arriesgan más que otros, como los sanitarios, que abarcan un espectro muy amplio desde los hospitales hasta los servicios de ayuda a domicilio, sin olvidar a quienes cubren la cadena alimenticia y farmacéutica.

Frente a eso la lluvia informativa satura nuestras cabezas, con múltiples decretos y comunicados, que se van elaborando día a día y que a veces se contradicen entre sí. También agotan los mensajes de apoyo y ánimo, conjugados con mensajes de muerte y expansión del virus, que nos ponen en un estado de tensión interna muy superior al normal.

Ya sabemos que somos una gran nación y que todos somos maravillosos. Y que esto pasará. Pero hay un peligro real: que luego se olvide la lección. Que volvamos a la rutina del desmadre, a la inoperancia ante los problemas de siempre. Los más optimistas dicen que con este año comenzará un nuevo modo de ver las cosas. Ya espero que sea así, aunque me permito dudarlo. La primera guerra mundial no evitó la segunda.

Hoy hemos sabido que no estamos preparados para un problema de este tamaño y ni siquiera sabemos si podremos estarlo algún día. No faltan las teorías conspiranoicas que suelen aparecer en estos casos, ni las visiones científicas opuestas.

Pero no hay más remedio que pasar por el aro del virus, que nos ha recordado una vez más nuestras limitaciones. Es posible que estos temas sean manipulados por cuestiones económicas. No me cabe la menor duda de que siempre sale alguien ganando. Pero el sueño de salir vivos y unidos, con un sentimiento reforzado de comunidad es algo que muchos compartimos.

Ojalá que este año diferente, que sin duda lo será en muchos aspectos que hoy ni siquiera imaginamos, haga de nosotros una sociedad mejor. Que sea el comienzo de una nueva etapa a nivel global. Si no es así, tanto sacrificio por parte de casi todos no habrá servido para nada. No podemos volver a lo que éramos antes. Si superamos este año con una mayor dosis de humanidad y justicia social, será el momento de felicitarnos de verdad por un feliz año nuevo. Y si así fuera, permítanse soñar, que sea solo el comienzo de una nueva vida social a la que todos aspiramos.

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