Un accidente llamado amor

Un accidente llamado amor. Dir. David O. Russell (USA, UK, 2015) 97 min.

El título puede llevar a pensar en una edulcorada historia romántica y la escogí pensando que duraría 10 minutos viéndola. Pero mi sorpresa fue encontrarme con una película gamberra de humor muy negro y de una muy ácida crítica al sistema sanitario estadounidense. La protagonista tiene un rocambolesco accidente tras el que acaba con un clavo incrustado en el cráneo. Esta chica no tiene seguro y la “rareza” de la cuestión implica que tenga que pagar una desorbitada cantidad de dinero que no puede asumir. Por tanto, decide iniciar una batalla en el Congreso para que los “casos raros” también tengan derecho a un seguro social. La apoyan en su cruzada una serie de variopintos personajes, cada cual con problemas sanitarios imposibles de transcribir en horario infantil. Se ven representados los colectivos típicos estadounidenses: gente sin cobertura de seguro, comunidad negra, clérigos y personas pías, y, sobre todo una corrupta clase política (¿les suena de algo?), que buscan los votos más rentables con proyectos presupuestarios de colonias en el espacio, que en el tratamiento de salud de sus ciudadanos, luchando sin escrúpulos por sus propios intereses personales.

En fin, el paralelismo español es tan evidente que me ruboriza decirlo. Sobre todo cuando vemos a personas pudientes ir a USA a operarse de cosas que no cubre nuestro ex ejemplar sistema sanitario español, o tenemos que oír vergonzosas campañas particulares de recaudación de fondos para solucionar problemas de salud en los Estados Unidos. La caridad solidaria por encima de todo. El presupuesto estatal no da para tanto, si hay que contar con gastos inconfesables que no voy a enumerar aquí por cansino.  

Cualquier parecido del film con la realidad no es pura coincidencia. El final, como no puede ser de otra manera, es feliz, porque a esas alturas de la película ya tenemos claro lo que hay y da lo mismo que termine de un modo u otro, porque sabemos que la realidad no es feliz, salvo el amor, claro, que al final también resulta relativo.

Es posible que alguien desprecie este tipo de películas por frivolizar aparentemente sobre una dura realidad. Pero eso es injusto. Porque es una crítica feroz que no deja indiferente, a pesar de que te lo dice de un modo que no te hunde en la depresión, sino que utiliza todos los tics posibles al uso en nuestra sociedad para tapar la cuestión. Te lo pasas bien, pero la procesión va por dentro.

En eso los estadounidenses son únicos: pueden (o podían) criticar lo que quieran,  que luego no cambia nada. Aquí no nos dejan hacer ni eso. Y el toque británico, que en el fondo es lo que me gusta, condimenta el pastel amargo con ácido y picante. Tomemos nota y luego vayamos a la primera de esas mareas blancas que tengamos a mano, a ver si alguna vez, por accidente, nos hacen caso.

 Trailer, sinopsis, ficha técnica

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