Transparencia y represalias

Insuficiencia sanitaria

Además de la pandemia que estamos sufriendo, estamos soportando a la vez una infopandemia con muchas caras que algunos se encargan de desmentir como pueden. Es el caso de maldita.es, que trata de contestar esos malditos bulos que tanto daño están haciendo y que sin duda favorecen intereses oscuros que no vamos a dilucidar aquí, sino que os remitimos a su lectura.

Pero el problema que aquí nos preocupa es la cuestión de las represalias que han tenido quienes se han mostrado críticos desde el mismo funcionariado con las decisiones erróneas de sus dirigentes. Todos sabemos que el problema del virus tiene una dimensión económica que ha llevado al paro a muchos trabajadores con o sin motivo, o que empresas que no se han reinventado han preferido dar el cierre, abandonando a sus empleados a su suerte. Y ya no hablemos de los trabajadores ilegales, de los que España está infectada hace décadas y que han sido, como siempre, los primeros en pagar los platos rotos. Años de silencio y complicidad han traído estos frutos: gente con hambre, sanitarios insuficientes con contratos precarios que han supuesto el sacrificio de vidas que han quedado sin atender debidamente.

No vamos a discutir que la situación ha sido nueva y desbordante, sacando a la luz nuestras flaquezas y limitaciones, que se han traducido en reproches oportunistas de improvisación, cuando realmente lo que ha faltado ha sido una estructura de dignificación laboral y de prevención hacia posibles infecciones globales que nos amenazan desde ya hace tiempo.

HRW defiende desde la imparcialidad y la transparencia ciudadana los derechos humanos que se ponen en duda en un estado de pandemia, con razón o no, teniendo en cuenta el conflicto de valores que supone defender la salud y la vida humana de todos, por encima de otros intereses en otras circunstancias lícitos, como es el caso de la libre circulación.

A nivel global no todos los dirigentes han actuado con la misma imparcialidad y transparencia y son casos algo conocidos por todos, si miramos atentos las noticias que se nos ofrecen. En el caso de España, nuestra casa dividida en 17 autonomías, varios partidos políticos y muchas ideologías, que se encierran en dos, derecha e izquierda altamente enfrentadas, han hecho que la transparencia haya sido siempre presentada previo cocinado al gusto de cada cocinero y que en ocasiones nos han desorientado. Por ejemplo, ahora que hemos dispuesto de más tiempo, uno se pregunta porqué de una vez no hay un canal que nos transmita en directo y diferido todos los debates parlamentarios, que nos ayudan a ver nuestra realidad política y social dentro del ámbito sanitario de un modo especial, y que se nos da bajo previa selección de sesiones. Del mismo modo que no me gustan los comentaristas de fútbol, tampoco me gustan los comentaristas de las sesiones parlamentarias, que nos repiten como si fuéramos memos las cosas y que algunos se permiten cortar cuando les interesa para expresar la opinión de sus propios tertulianos, dando una versión tendenciosa que puede resultar muy distinta de lo que cualquiera puede ver y oír.

Los que están en estos momentos gobernando España tienen la muy difícil misión de ser transparentes y a la vez procurar que la realidad tenga un trasfondo esperanzador que no lleve a la histeria colectiva que, en muchos casos, empeora notablemente la misma realidad. Pero, dada esa matización, es cierto que no se pueden acallar las voces discrepantes dentro de los mismos grupos o dentro del mismo gobierno. Porque ya sabemos que entre los partidos la lucha es sin cuartel y les da lo mismo lo que digan con tal de desprestigiar al Gobierno de colación con UP, que es lo que les duele. Y así, los que antes le criticaban que centralizaba el poder en el estado de alarma, ahora le critican por  su no coordinación del desmadre autonómico que vemos cada día.

Cada autonomía pone su propia norma y se dan casos espectaculares como que la comunidad de Ayuso sea la única que no obliga al uso de mascarillas, siendo la Comunidad que más infectados ha tenido. O que Catalunya, que siempre ha criticado al gobierno culpabilizándolo de la extensión de la pandemia ahora que manda ella en su territorio es la que más descontrolada va. Ahora las autonomías requieren ayuda, cuando se han pasado la mayoría del tiempo despreciándola. El mismo caso de las elecciones en dos Comunidades, es otro claro ejemplo de irresponsabilidad sanitaria frente a la ambición política, que a algunos les ha salido bien, hayan costado las infecciones que hayan costado. El mapa de hoy de España, abandonada a sus 17 dictaduras, es un maremágnum de círculos que nos indican dónde están los rebrotes. La nueva normalidad ha disparado la mala conducta de la gente, que, por cierto, nunca fue tan ejemplar como nos han querido hacer ver (bajo buenas intenciones), puesto que, aunque numéricamente hayan sido más los que se han sometido a las normas (cosa que no creo), con uno solo que se las salte ya se puede ir todo al traste. Hoy no sabemos lo que va a pasar, pero ya tenemos claro que volver al estado de alarma nacional no sería de extrañar por el trasiego turístico que no se cesa de fomentar a pesar de todo. Y la venta de coches.

Hoy nos falta por saber por qué han sido cesados, despedidos o arrinconados sanitarios, policías, trabajadores públicos e incluso del Consejo de Estado simplemente por denunciar la falta de medios con la que han tenido que lidiar. Así se dijo ayer en alguna televisión, sin que haya tenido la noticia mayor trascendencia. Y eso sí me resulta opaco. El que la oposición acuse al gobierno de mentir me parece cinismo interesado al que ya nos tiene acostumbrados. Pero que se haya querido evitar pánico social por decir la verdadera situación de los sanitarios y otros trabajadores de primera línea, no prohibiendo que hablaran o se manifestaran, pero sí cogiendo brujas y destituyéndolas, eso ya es otra cosa. Y es falta de transparencia. La verdad siempre ha de primar para que todos tomemos conciencia de hacia dónde han de caminar las futuras políticas y sepamos a quiénes votar. Desde luego los que quieren seguir recortando ya no tienen futuro, junto con los que quieren impuestos para todos, más precariedad laboral, y más austeridad europea.  Los mismos que desde España lucharon contra Calviño para que no asumiera la presidencia, ahora dicen, en un alarde de hipocresía, que ellos siempre estarán al lado del Gobierno para defender los intereses de España.

Mucha basura política y mucha basura informativa. Eso no va incluido en el ADN del virus. Eso va en el ADN del neoliberalismo fascista que hoy nos atenaza y que son capaces, todavía hoy, de defender al ex rey y a la institución que representa, que está más que muerta. Y si no lo ven es porque son ellos los que están ciegos y creen que todavía hoy, se pueden apropiar de la bandera y de una corona impuesta para su beneficio. Los mismos que en un tiempo llamaron a Juan Carlos traidor, hoy lo defienden en su corrupción, quizá porque saca a la luz la suya propia. Y los que ya no se atreven a defenderle, defienden a su hijo, el hombre de paja que le ha tocado el papel (al que puede abdicar) de espantapájaros. Aunque no tenemos claro a qué pájaros espanta. A mí no.

Así no saldremos

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