Teatro de guerra


La performance de la guerra nos refleja, como en un espejo, nuestra conducta irracional

Teatro de guerra. Dir.: Lola Arias (Argentina, España, Alemania, 2018) 78 min.

La Guerra de las Malvinas fue un estúpido enfrentamiento bélico entre Reino Unido y Argentina por la soberanía de unas islas perdidas en el Atlántico. Duró del 2 de Abril de 1982 a Junio de ese mismo año, ganando el Reino Unido.

Este conflicto lo viví personalmente con una gran indignación, puesto que se trataba de una guerra entre países civilizados, más allá de fanatismos teocráticos o de intereses claramente económicos o estratégicos. Una guerra sin sentido (como todas) que causó mil muertos. Hoy sigue todavía el litigio de la soberanía sin resolver. Las preguntas son, ¿para qué murieron aquellos hombres? ¿Qué se logró con esa ridícula guerra? ¿Alguien pudo creer que se resolvería algo? ¿Por qué el resto del mundo no se opuso a semejante desatino?

La película que presentamos es una mezcla de documental, entrevista y performance, protagonizada por tres excombatientes de ambos lados y por un grupo de actores que representarán ante sus ojos las escenas traumáticas que anteriormente nos han narrado. Cada uno de los soldados cuenta lo que era su vida antes y después de la guerra, sobre todo qué les ha cambiado, qué ha quedado grabado en su interior, qué les ha marcado.

En el documental no se hacen estridencias de ningún tipo, ni se toma partido. Tan solo se reflejan los sentimientos de aquellos hombres que se vieron inmersos en una guerra que no era suya. Cómo tuvieron que soportar el hecho de tener que matar, o tener que consolar al enemigo moribundo en sus brazos. Para mí es de lo mejor que he visto sobre lo absurdo de la guerra, vista desde el lado personal de cada uno de los verdaderos protagonistas de campo. Desde ese ángulo, se descubre lo absurdo de las muertes, y la responsabilidad de quienes, desde sus despachos, dan la orden de matar al enemigo. Como si el enemigo no fueran personas, sino una cosa abstracta que representa a una nación odiada por el hecho de reclamar una absurda posesión.

La vida, que es un derecho fundamental humano, nunca puede ser arrebatada por otra persona, ni aunque te lo mande un superior o un supuesto dios. No hay dios ni persona humana que esté por encima de las vidas de los demás. Y si nosotros damos ese poder a alguien, es la imagen viva de la locura colectiva. La guerra es para mí el colmo de la sinrazón humana, llevar al extremo la terrible realidad que vemos diariamente en nuestras vidas de calles llenas de pobres, países dominados por dictaduras, esclavitudes consentidas y un montón de atrocidades más.

La imagen de un soldado recogiendo en su regazo al enemigo moribundo, es para mí la imagen más reveladora del engaño de la guerra, de la mentira institucionalizada en el mundo entero. Ojalá algún día se comprenda que nuestra razón, de la que tanto hacemos alarde, y que nuestros avances tecnológicos de los que tanto presumimos, deben sustituir al odio enfermizo y primitivo de los primeros humanos que quizá se mataban por un poco de comida escasa, por el poder de un territorio o por la disputa de una pareja procreadora (y por las supersticiones). Eso, que parece tan lejano, es la base de nuestra agresividad, que hoy ya no tiene sentido. El colonialismo, el dominio de unos pueblos sobre otros es un absurdo irracional. Y si todo es al final por un sistema económico, que parece que así es, maldigo desde estas líneas a este sistema que tantos defienden por temor a lo que harán los que no lo queremos. ¿Cuántos millones de muertos ha costado el capitalismo? No me digan, pues, que es este sistema el que da la libertad y la felicidad al ser humano. Yo no me lo creo ya. Estamos asustados por el cambio climático, que nosotros hemos creado, y no estamos asustados por las guerras (incluidas las comerciales y las mafiosas), que llevan al mismo resultado.

Imprescindible reflexión la de este documental, que ojalá no tengamos que revivir en nuestras propias carnes, o en la carne de los demás, pues, no lo olvidemos, el ser humano es también un ser colectivo, porque nos necesitamos para vivir mejor, no para dominarnos y matarnos por miedo a que nos quiten lo poco que tenemos. No nos llevaremos nada tras la muerte.

Ficha y Críticas

Excombatientes de ambos lados se reúnen

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