Sintientes

Es un gran paso para la sociedad que se empiece a sancionar la sintiencia de los animales, como desde hace milenios se admite en otras culturas, más sensibles a la naturaleza y a nuestra unión con ella.

Pero el hecho de que se reduzca a los animales domésticos es una incongruencia, puesto que todo animal en mayor o menor medida tiene sus sentimientos, sufrimientos y alegrías. Quienes de verdad nos sentimos unidos a la naturaleza, no solo guardamos respeto por todos los seres que sienten como nosotros, sino que también respetamos la dignidad de los vegetales, que nos aportan fotosíntesis y alimento, así como de los inertes, que nos regalan su belleza y un hábitat para las distintas especies. Nos sentimos interconectados unos con otros, y por eso esta nueva ley es un comienzo, que sin duda avanzará con el tiempo. Los minerales son también un producto necesario para muchas cosas, respetando unos límites que eviten una sobreexplotación que los agote, o dejando de utilizarlos, como es el caso del carbón o el petróleo, que hoy sabemos dañinos, y que la ciencia ya puede sustituir por otras fuentes de energía, tejidos o materiales de construcción más respetuosos con el medio ambiente y, por tanto, sostenibles.

Personalmente creo que ya estamos en disposición de prescindir del asesinato masivo de animales para nuestra alimentación, pues ya somos capaces de crear nuestras propias necesidades proteínicas para nuestra salud, sin necesidad de comer indiscriminadamente toda vida animal. Pero, naturalmente, esta opción vegetariana, aunque cada vez más aceptada socialmente, todavía está lejos de formar parte de nuestra cultura. Tampoco es necesario matar animales por su piel, sus colmillos y otros aspectos valorados en otros tiempos y que hoy podemos fabricar con otros nuevos materiales.

Pero el siguiente paso es ampliar el respeto a todos los animales, incluso por aquellos que serán sacrificados para nuestra alimentación. El tipo de vida que se les da en las granjas industriales no tiene nada que ver con una vida al aire libre, con alimentación natural, que después influirá directamente en la propia salud de quienes se alimenten de ellos. Una sensación de gratitud hacia tantos seres que dan su vida para que mantengamos la nuestra debería comportar al menos un rasgo claro de cuidados durante su corta vida en la tierra. No convertirlos en máquinas de producir leche, carne, crías nuevas, y otros elementos, sin considerar su espacio vital, ni su libertad. Sin duda un tipo de relación más personal entre los humanos y los animales, llevaría a una mayor felicidad para ambas partes y poco a poco se podría convivir sin necesidad de matarlos para comer, lo que evitaría esta superpoblación artificial de algunos animales en detrimento de otras especies.

El humano es el único predador que mata no solo para alimentarse, sino para divertirse por el simple hecho de matar. La caza y la pesca, que algunos hasta consideran un deporte, es una muestra de ello. Y ni qué decir tiene que no tienen cabida las corridas taurinas, o los espectáculos con cualquier animal, que los convierten en esclavos incondicionales de nuestros caprichos.

Los animales han contribuido en nuestros trabajos rurales y han salvado muchas vidas en las labores de rescate gracias a sus características sensoriales y su solicitud hacia quienes toman por sus amos. Los hemos tomado como nuestros servidores, sin tratarlos de tú a tú. Y creemos que ha llegado el momento del respeto mutuo. Son muchos los beneficios que nos aportan sin recibir nada a cambio. El liderazgo, de haberlo, tendría que ser en beneficio de ambas especies y no de una sola. Ser Alfa es un mutuo reconocimiento de rol, no un dominio.

Acabar con la crueldad humana hacia los animales, es un modo de predisponernos a evitar la crueldad contra nosotros mismos como especie. Es el respeto común por la vida, un tesoro que no todos los seres disponen y hay que valorar, apoyando a aquellos que son más débiles que nosotros y respetando a los más fuertes.

Hay quienes no conciben la vida sin comer carne o foie gras, sin pensar en el sufrimiento de los animales que nos dan su vida a veces de un modo terrible, violento, en largos procesos de crianza encadenados, enjaulados, amontonados en pequeños espacios, sin poder convivir con sus crías, sin ser libres ni un momento.

Antes se hablaba de la falta de elementos necesarios para nuestro desarrollo sin la ingesta de carne. Hoy ya sabemos que esto no es así y nuestra ciencia ya tiene más que suficientes elementos para crear nuestra alimentación de un modo saludable, sin necesidad de dañar a nadie. Naturalmente, hay una gran diferencia entre los países ricos y los pobres. Mientras en nuestras tierras padecemos enfermedades por este tipo de alimentación abusiva, en otros lugares se tienen que contentar con lo que pueden pillar, sea animal o vegetal.

Una vez más la brecha social creada por el humano se hace patente en la alimentación del siglo XXI para unos y en la alimentación prehistórica para otros, en la sobreexplotación de minerales, incluso nocivos, cuando los ricos ya pueden tener otros más saludables. Ha de cambiar ese modo de ver las cosas y considerarnos ciudadanos del mundo, tratar a todos lo seres por igual, que la ciencia y la tecnología llegue a todos, incluidos los animales, que son nuestros amigos, y a quienes debemos mucho en nuestra breve historia en este planeta, al que poco a poco hemos convertido en algo poco saludable y al que debemos devolver su libertad de vida, mejorada por una ciencia creada por nuestra inteligencia, que no hubiese sido posible en un primer momento si otros animales no hubiesen sacrificado su vida para nuestra supervivencia. De algún modo estamos creando, aunque demasiado lentamente, una nueva cultura global, que puede ser la única fuente de salvación de nuestro mundo.

Esto ya no es necesario

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