Si fuéramos valientes….

Diálogo de sordos

Lo de Ucrania está despertando muchas conciencias que hasta ahora han mirado hacia otro lado. La sorprendente postura de Putin ha puesto en vilo todas las palabras de buena voluntad que se han utilizado en la mayoría de conflictos en los que tenemos intereses. Pero la amenaza definitiva nuclear, ya olvidada, nos ha refrescado la memoria de la historia y nos ha devuelto a la realidad.

Quien suscribe estas líneas es pacifista convencido y siempre ha defendido la desaparición de las armas. Pero la realidad nos dice, entre otras cosas, que España es un país vendedor de armas (el séptimo en el ranking) y no he querido siquiera saber a quién. Pero recuerdo la polémica sobre el barco de guerra construido en Cádiz para Arabia Saudí, que nunca se debía haber hecho. Ni siquiera para dar trabajo. Porque si un trabajo no es ético, no hace sino aumentar la desgracia.

Pero, ¿qué ocurre cuando alguien nos invade y bombardea, matando literalmente a todo el que pilla en medio? Como siempre las guerras se declaran desde palacios con puertas de oro, pero quienes disparan son jóvenes soldados que no tienen por qué obedecer una orden que va en contra de los derechos humanos.

A Putin se le han consentido muchas cosas, demasiadas. Y ha rechazado todo diálogo previo a la guerra. Es justo defenderse y es justo ayudar al inocente invadido. Los más valientes van a jugarse la vida. Otros les envían armas (espero que con coste cero), cosas de primera necesidad y acogida en sus propios países.

Hasta el Dalai Lama preguntado en cierta ocasión sobre qué haría él ante un loco que comienza a disparar a gente indiscriminadamente si tuviera un arma, contestó que apuntaría a las piernas, intentando salvar la vida del agresor, pero frenando su carrera suicida y dejándole una vía de regreso a la racionalidad. Y la misma Iglesia católica en la Populorum progressio dice literalmente en su n.31: Sin embargo, como es sabido, la insurrección revolucionaria —salvo en caso de tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y dañase peligrosamente el bien común del país— engendra nuevas injusticias, introduce nuevos desequilibrios y provoca nuevas ruinas. No se puede combatir un mal real al precio de un mal mayor.

No queremos más guerras, no queremos más invasiones, queremos derecho internacional más fuerte, queremos que todas las naciones seamos iguales, sin vetos, sin armas nucleares, sin mafias de armamentos. Pero, mientras tanto, creemos en el derecho a defenderse. Pero eso sí, hubiera sido mejor que la iniciativa hubiese sido de las Naciones Unidas y sus cascos azules, nacidos para la paz. Para parar lo más rápidamente posible a un tirano que no atiende a razones. Ni de la UE, ni de la OTAN, ni de algunos países soberanos.

A la pregunta de si vale la pena morir por defender una patria ha de responder cada conciencia. La sangre inocente que ha caído a lo largo de la historia en todas las guerras injustas no ha sido nunca en vano. Porque Putin, aunque venciera esta guerra ante los ojos de sus locos seguidores, ya la tiene perdida ante el mundo.

Pero lo que se hace ahora en apoyo de Ucrania se ha de ampliar a todo el mundo, a todas las naciones, a todos los conflictos. Si fuéramos valientes de verdad ya le habríamos plantado cara hace muchos años, a él y a otros tiranos. Sin miedo a las represalias. El aislamiento es lo peor que le pueden hacer a un ser humano, el desprecio su peor historia. Como Hitler, Stalin y muchos otros que aun andan por ahí.

Si fuéramos valientes diríamos la verdad a la cara, no venderíamos nuestros principios democráticos ni por combustible ni por un plato de lentejas. La riqueza sin honestidad no sirve para nada. Y la guerra nuclear acabaría con el mundo.

Necio personaje que se cree un dios. Cobardes nosotros por callarnos tantas veces. Todos los hombres somos iguales. Lo dicen todas las leyes y tratados. Y ahora, por favor, no nos rasguemos hipócritamente las vestiduras porque demos a unos pobres hermanos invadidos por un dictador unas armas que ya tenemos fabricadas para vender al mejor postor.

Si fuéramos valientes viviríamos en un mundo unido ante el terror de los desgraciados que han creído que por tener el poder son los dueños de nuestras vidas. Y si no hay más remedio que devolver el balazo, quizá eso le ponga en el sitio del que nunca debió salir. Si hubiésemos sido antes más valientes, ahora no estaríamos en esta situación.

Cumplamos con los compromisos internacionales y hagámoslos cumplir. Unidos, sin bloques y sin exclusiones. Y quienes quieran estar fuera, que se apañen entre ellos. Vivir en este mundo, como en cualquier sociedad, tiene sus reglas. Y quien no las sigue, debe ser, al menos, apartado de ella, pagando además con su dinero todo el mal material que ha hecho, puesto que las vidas perdidas ya no se recuperarán.

Unidos se construye la paz, no con bloques ni naciones separadas ni francotiradores

Deja un comentario