Rusia

Carnet de espía de Putin en Alemania Oriental

A los que ya tenemos cierta edad se nos ponen los pelos de punta cuando algunas cosas nos recuerdan a la guerra fría que durante tantos años tuvo en vilo a la humanidad y que, llegado un momento, dado el potente arsenal que ambos bloques tenían, pareció dar un paso atrás, para no llegar a una irremisible destrucción del planeta.

Sin embargo, los arsenales siguen en pie y el espionaje sigue siendo una carrera de Estado muy rentable. La cuestión es que aquí nos espiamos todos, pero unos con más peligro que otros, según la potencia armamentística del país en cuestión. La historia nos parece demostrar que la guerra fría ha seguido solapada, con los mismos actores principales, pero también con otros muy destacados que pugnan por la primacía.

La desaparición de la URSS se tradujo en una serie de federaciones o países democráticos que, dado su pasado, siguen teniendo sus inercias geopolíticas muy marcadas sobre todo por parte de sus mandatarios, que no acaban de hacerse a la idea de que, si no cambian sus antiguas costumbres, ellos son parte del problema. Un espía de toda la vida no es fácil que se convierta en demócrata y que olvide sus métodos de persuasión que tan profusamente hemos observado en la pantalla, que no ha tenido remilgos en presentar torturas, traiciones y matanzas para conseguir sus fines militares de trastienda, haciéndose eco de una realidad: las débiles democracias ocultan sus vergüenzas todo lo que pueden, hasta que los contraespías se van de la lengua por un precio mejor, siguiendo la cadena evolutiva hasta que lo devora definitivamente el más fuerte acabando con su carrera.

Por desgracia para la Federación rusa, tienen un presidente que no puede dejar atrás sus dotes de espía y sigue liquidando problemas a base de matanzas selectivas o deportaciones simuladas. Eso lo sabemos desde siempre, pero parece que la no-respuesta ante ciertos abusos del líder, le dan carta blanca para seguir cometiendo atrocidades a su conveniencia irracional. Y si alguien se atreve a decir algo, lo tiene que pagar de un modo u otro. Más información

Fue sorprendente que el recién elegido Biden, al que algunos califican de demasiado viejo, dijo con todas las letras que el presidente Putin era un asesino. Cosa que nadie ha desmentido. Aunque sus represalias habrá, si es que le parece al apelado prudente en algún momento.

Y ahora le toca a España un aparente hackeo al SEPE por haberse enfrentado como algunos otros a las políticas internas rusas de hacer desaparecer a los disidentes de cualquier cosa que no les parezca bien, al más puro estilo stalinista. Lo curioso es que se enfrenta a gobiernos progresistas, como el nuestro actual, o al partido demócrata de USA. Es curiosa la derechización desde un antiguo sistema que se vanaglorió de ser de izquierdas en su origen, acabando a la misma altura del nazismo al que atacó. Con dictadores como Trump se encuentra la mar de bien.

Sus políticas incluyen aranceles, alianzas con países y grupos terroristas, comercio interesado en formar una geopolítica mundial enfrentada que ya no tiene solo a dos bloques, como puede ser el caso de todo Oriente medio o China. Estamos acostumbrados a eso y hace temblar a los que recordamos el miedo que da el que, en algún momento, a alguien se le vaya la mano y otro le conteste de un modo más violento del que se esperaba. Eso es totalmente posible cuando al líder en cuestión se le va la olla y arrastra en su locura a toda una nación. Ya hemos visto unos cuantos, en la historia antigua, reciente y en lo que va de siglo.

No es la primera vez, parece, que desde Rusia se intenta una desestabilización de nuestra frágil democracia española. Y justo en este momento de debilidad por la pandemia, por la crispación política que impide el diálogo y por la enorme crisis financiera que tiene al pueblo ahogado en miseria, ha encontrado un momento idóneo para hackear el sistema que se cuida nada menos que de paliar los efectos de la pandemia en los más vulnerables. Lo que nos faltaba. Y ahora nos tocaba comprar la vacuna rusa. Sinceramente, yo me tomaría antes una aspirina. Más información

Se le ve la oreja a los que aún quieren guardar la apariencia de ayuda a alguien, cuando lo único que hacen es competir por la supremacía. Todavía no se ha enterado el camarada Putin que la supremacía o es de todos o no será para nadie. La Federación Rusa, como el resto de países ex soviéticos, ha tenido una ocasión de oro para integrarse en Europa enriqueciéndola con su propia idiosincrasia y es posible que la siga teniendo. Sería el camino ideal para facilitar una interculturalidad con mayor fluidez entre Oriente y Occidente, donde todos caben y donde todos pueden participar democráticamente.

Pero, si no somos capaces de hacer eso en nuestro país, ¿cómo pedir que lo asuman los demás? James Bond puede parecer un personaje divertido. Pero la realidad de todo ese submundo es tan terrible como el de la mafia, la otra cara del espionaje, del comercio y la política internacional. Da miedo pensarlo, porque es una amenaza real, no solo una película para pasar el rato. Hay que hacer limpieza empezando por casa. La casa Rusia debe renovarse tanto como la casa España y todas las demás. Pero ¿quién le pone el cascabel al gato?

Ya no es tan divertido

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