Reforma laboral

El trabajo es base de la economía y no al revés

Una constante en nuestra frágil democracia ha sido el alto índice de paro y la falta de visión de futuro en cuanto la dirección de nuestras fuerzas de trabajo hacia las nuevas tecnologías, las energías renovables y los nuevos modos de concebir nuestra sociedad igualitaria. Desde la crisis de 2008 la precariedad laboral no ha dejado de crecer hasta el momento actual en que ya resulta insostenible. Hoy faltan trabajadores cualificados casi de cualquier cosa, por haber buscado las salidas laborales fáciles como la construcción y la hostelería, pero que hoy sin embargo necesitan mayor formación como en todos los campos de la producción, incluida la agricultura y los servicios básicos.

Una clarísima falta de formación profesional, en un país que ha cambiado muchas veces de planes de estudio que no han tenido en cuenta sin embargo los grandes cambios para los que los jóvenes ya desde hace años se sabía que tenían que afrontar. Hay que decir que ni los gobernantes lo han hecho bien, en cuanto a la planificación a medio y sobre todo a largo plazo, ni los empresarios han mostrado alturas de mira o formación siquiera económica y comercial a futuro.

La situación dominante de paro laboral ha hecho que las políticas hayan apoyado el trabajo autónomo en vez de cooperativista y se hayan permitido edificar pequeñas empresas y negocios sin una base económica suficiente para mantenerse ante los vaivenes de la caprichosa economía capitalista. De este modo se han ido fortaleciendo solo los grandes capitales cortoplacistas, quedando en la miseria otros muchos que han ido sobreviviendo o saltando de un negocio a otro, del mismo modo que los trabajadores han tenido que soportar trabajos de todo tipo de corta duración sin ni siquiera poder desarrollar los conocimientos para los se habían preparado. La enorme cantidad de trabajo sumergido, pobreza, migración y hambruna mundial son la muestra más evidente de esta falta de visión social.

El trabajo es uno de los distintivos de la especie humana, capacitada para transformar la naturaleza en su propio beneficio (entendido como bienestar) y con una dimensión social inteligente que permite diversificar y planificar tareas en beneficio de una sociedad compleja que nos hemos construido gracias a las investigaciones científicas que han desarrollado tecnologías avanzadas. Cada uno aporta su trabajo en beneficio social y a cambo debería recibir la compensación necesaria para poder vivir no solo con dignidad, sino con el disfrute de los bienes conseguidos entre todos.

Esta originaria filosofía de base ha fracasado estrepitosamente en base a la avaricia de quienes han poseído las riquezas acumuladas permitidas en un sistema económico que consiente en acumular propiedades millonarias sin haber aportado ningún trabajo personal a causa de una estratificación por estatus, que implica una diferencia entre unos y otros ciudadanos incompatibles en una democracia plena.

El establishment creado hace casi imposible cambiar las estructuras que lo mantienen por intereses particulares que no deberían existir en nuestras sociedades modernas. En nuestra historia reciente vemos que el más pequeño cambio a favor de los que menos tienen, cuesta meses de discusiones y regateos entre políticos, empresarios, sindicatos, trabajadores y gente excluida del trabajo y de la misma sociedad, que a veces llegan a unos ridículos acuerdos mínimos  que manifiestan el desprecio de unos sobre otros, como ha sido el reciente caso de la subida de 15 euros del SMI, por poner solo un ejemplo conocido.

Pero ahora que estamos en la reforma laboral, ahí sí que hay mucho que trabajar para que los acuerdos finales sean realmente satisfactorios y para que la clase trabajadora quede por fin protegida con la misma estabilidad que los Gobiernos y los empresarios reclaman para sí mismos. La estabilidad implica salarios más que dignos e igualitarios, ya que todo trabajo es necesario, como vemos cuando falla algún eslabón de la cadena, como es actualmente el transporte o la producción de componentes electrónicos. También da por sentada una planificación racional de hacia dónde se ha de dirigir la formación juvenil y adulta, así como los modos de producción sostenibles y respetuosos con el medio ambiente.

Aplaudimos que el ministerio de trabajo sea el que encabece esta mesa de negociación para la reforma laboral porque le compete por su propia naturaleza, pero también que se impliquen otros ministerios como el de economía, educación, infraestructuras, agricultura, servicios sociales, igualdad o transición ecológica, porque en realidad, sin trabajo no funciona la economía, y esta a su vez no funcionará si no hay una adecuada formación y sostenibilidad que llegue a todos los ciudadanos. Sin exclusión social, sin discriminaciones y con un concepto social de la riqueza que, por cierto, son principios constitucionales que parecen olvidados por quienes han estado gobernando durante estos ya largos años de democracia.

El enfrentamiento economía/trabajo representado por dos ministras ha evidenciado el hueso del problema: el trabajo ha de ser la base de la economía y no al revés, porque entonces la economía por sí sola carece de sentido y se corrompe bajo otros intereses que no son los propios de una sociedad inteligente, formada y compleja.

Hay muchas esperanzas en esta reforma, presuponiendo una inversión suficiente en los PGE, que acabe de una vez por todas con la brecha social empeorada si cabe por los cambios climáticos que nos empujan hacia nuevas catástrofes a las que hemos de hacer frente globalmente. Pensar en global y a futuro, pensar en una sociedad igualitaria, es la esperanza que tenemos en mente, a pesar de lo que hoy la clase privilegiada pueda decir o hacer con los muchos medios que tiene a su alcance, entre otros la compra de los poderes del Estado, una corrupción que ha sido nefasta en la historia y que nos ha conducido a lo que somos hoy.

Estabilidad laboral, base de sociedad futura

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