Reforma laboral aprobada por los pelos

Una victoria agridulce

El último espectáculo parlamentario sobre la reforma laboral ha sido de pena. La verdad es que sacar algo progresista en este país es cada vez más complicado y difícil. Cuando se trata del trabajo hay que estar siempre peleando para lograr pequeñas mejoras. Todo va a cuentagotas.

Largas negociaciones para subir unos pocos euros los sueldos, para mejorar la calidad de los empleos y acabar con la precariedad laboral y el desempleo que llevamos arrastrando tantos años muy superior a la media europea.

La verdad es que no he entendido que los grupos parlamentarios de izquierdas no lo hayan querido apoyar con la ley del todo o nada. Si vamos así nunca llegaremos a puerto, a no ser que la gente reviente ya y se lance a una verdadera revolución social. No es preciso llegar a eso, si sabemos jugar las cartas.

Y en esta ocasión no se han sabido jugar bien. Los grupos minoritarios han de luchar por sus causas justas y procurar sacar lo mejor que haya. Pero agotadas todas las posibilidades hay que apoyar la reforma posible y no dejar que sean algunos grupos de derecha quienes aporten su voto. En esto han salido ganando ellos y algunos como Compromís, que se han dado cuenta de la situación.

El número de los tránsfugas de UPN en el fondo ha sido un alivio, pues sus votos son de ultraderecha y revela lo que piensa la mayoría de sus miembros. Y lo de la equivocación del voto loco del PP a favor, vaya Vd. a saber si ha sido una equivocación o un voto díscolo dentro de la máquina totalizadora del PP. Lo que es seguro es que no ha sido un error telemático.

En fin, tendremos gresca para rato. Lo importante es que la votación haya sido legal y que ahora toca ver lo efectiva que es de verdad esta reforma que está por demostrar.

Y yo pediría a la izquierda española un poco más de unidad y menos barrer para casa y ponerse las medallas. Tal como está de dividida España o vamos todos a una o nos ganarán la partida, no lo duden. El dinero es muy goloso y los empresarios lo saben. Pero si lo supieran mejor, sabrían que cuanto más den a sus empleados les irá mejor en sus negocios. La avaricia rompe el saco, porque al final todo es mediocridad y paro y, si seguimos así, ese es el futuro que nos queda.

La oposición española

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