Referéndum y Constitución

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REFERENDUM y CONSTITUCIÓN (I)

Cuando leí el artículo de Ignacio Gutiérrez, Traducir derechos: la dignidad humana en el derecho constitucional de la comunidad internacional me llamó muy especialmente la atención su alusión a la Constitución alemana, llamada Ley Fundamental de Bonn (LFB), que ha servido de inspiración a otras Constituciones, entre ellas la española y la frustrada Constitución de la Unión Europea. Su artículo primero me parece una verdadera obra de arte y una base de reflexión profunda: (1) La dignidad humana es intangible. Respetarla y protegerla es obligación de todo poder público. (2) El pueblo alemán, por ello, reconoce los derechos humanos inviolables e inalienables como fundamento de toda comunidad humana, de la paz y de la justicia en el mundo. (3) Los siguientes derechos fundamentales vinculan a los poderes legislativo, ejecutivo y judicial como derecho directamente aplicable.

Este es el punto de arranque de donde parten todos los derechos fundamentales que se enumeran después. La Constitución española de 1978 (CE)  sin embargo, se fundamenta en algo muy distinto: Artículo 2. La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas. (Subrayado nuestro).

Así pues, mientras en la LFB la base de todo es la dignidad, en la CE es la unidad. La primera, aprobada el 1949 tras la experiencia de las grandes guerras y los totalitarismos sufridos en Europa, puede explicar que en ese preciso momento era vital recordar la preeminencia de algo tan frágil como la dignidad humana. La LFB también se diferencia de la española por su flexiblidad (Cfr. Hoffman, H. 2012. “Reformas de la Ley Fundamental : experiencias de medio siglo”, Teoría y Realidad Constitucional, 29: 327-328). En España la CE se presenta como intocable para algunos y se utiliza como arma arrojadiza en las luchas partidistas.

Leyendo estas divergencias me viene enseguida a la mente el tema de los deseos de independencia de algunas regiones españolas, impensables desde la CE. Un tema enquistado y que no tiene trazas de solucionarse con facilidad. Pero mi primera reflexión es la siguiente: desde un punto de vista humano y personal, creo que es antes la dignidad que la unidad. Es como la antigua indisolubilidad del matrimonio católico, que castigó a tantas personas a vivir juntas cuando ya no había amor ni respeto, y cuando a lo peor había maltratos ocultos. Había que vivir juntos porque lo decía Dios y al precio que fuera, al coste de la propia dignidad o de la propia vida. Aunque naturalmente estamos en planos distintos, la unidad española puede tener también su paralelo. España no siempre ha sido lo que es, ha habido muchos reinos y enemistades, así como enfrentamientos entre Comunidades. ¿Se puede obligar a alguien a ser español?. Que se lo digan a los gibraltareños. Cada uno mira su propio interés y hay algunos que les interesa más una cosa que otra. Pero, según dice nuestro artículo primero de la Constitución, somos un Estado social y democrático de derecho. Así es que nos tenemos que preguntar, si es lícito siquiera plantearse la pregunta de separarse. Porque parece que lo podemos pensar, pero de ninguna manera lo podemos hacer. Y eso nos lleva a la segunda parte de nuestra reflexión: ¿sería posible hacer un referéndum en Catalunya para saber qué porcentaje de catalanes desea la independencia? Hace algunos años se planteó el mismo dilema en Euskadi y el Gobierno español, como siempre, lo zanjó por la vía rápida, encontrando sorprendentemente una aceptación pacífica en un país marcado por la ETA.

REFERENDUM Y CONSTITUCIÓN (II)

La Constitución no la ha escrito Dios, ni tenemos por qué aguantar indefinidamente cosas que, a lo mejor, han perdido su sentido. Eso sí, cuando ha convenido a algunos se ha cambiado la Constitución sin preguntar a nadie reformando el art.135, culpable de los muchos recortes sociales en pro de la estabilidad económica y bajo amenaza de sanción europea. Ergo se puede cambiar. A lo mejor hay motivos incluso más importantes para cambiar cosas, puesto que es absurdo mantener derechos que resultan vacíos de contenido por no tener las garantías suficientes, ni siquiera constitucionalmente (p.e., derecho a una vivienda digna, derecho al socorro humanitario, etc.)

Según la CE arts. 92, 167 y 168 es el Estado español el único capacitado para convocar un referéndum en algunas cuestiones tasadas e interpretadas a la baja, puesto que aquí no cabe la revocación, y solo se da opción a consultas populares en circunstancias muy concretas y siempre con VºBº central, como vemos en el art.92. En la sinopsis de dicho artículo se explican muy bien todas las limitaciones interpretativas de un artículo que muy bien se podría interpretar de un modo más cercano y participativo, como ocurre por ejemplo en Suiza, un país nada sospechoso de tendencias radicales.

Es cierto que para hacer un referéndum en Cataluña, habría que cambiar el texto Constitucional. Pero hay una pregunta absolutamente democrática que nadie puede hoy contestar: ¿Cuántos catalanes quieren la independencia? O ¿cuántos vascos, gallegos, valencianos, canarios, etc.? Porque lo que se ha hecho hasta ahora ha sido toda una falsedad: unas elecciones no son un referéndum, ni ha habido suficientes garantías. A ojo de buen cubero me da la impresión de que andamos mitad por mitad. Las dos Españas, las dos Cataluñas, las dos Navarras, etc. Pero nadie lo sabe a ciencia cierta. ¿Por qué negarse en redondo? Como español me interesa saber de verdad lo que piensan. No lo que dicen algunos, ni lo que vociferan otros. Y me preocupa el por qué. ¿Por qué ahora? La corrupción española también afecta a Cataluña. Y antes creo que habría que hacer limpieza general. Y luego hablamos. Pero los Gobiernos aún no se han limpiado del todo, y así nos va. Políticamente esto es una guerra de división interna generalizada que tenemos que superar, si podemos.

Personalmente creo que una cosa es respetar las propias culturas y nacionalidades y otra convertirse en estados independientes en un mundo globalizado. No, no soy partidario de pequeñas repúblicas de taifas, aunque a la mayoría les va bien por ser paraísos fiscales. Una vergüenza, mantener su supuesta dignidad a fuerza de caer en otra peor. Defiendan su cultura, hablen su idioma, ábranse al mundo, pero por favor, unamos fuerzas como españoles-europeos-Naciones Unidas. No sólo por el comercio mundial que poco a poco nos está matando el planeta., sino por convicción. Porque todos juntos podemos acabar con la corrupción, evitando por ejemplo los paraísos fiscales; podemos evitar las guerras, prohibiendo, por ejemplo la venta y tráfico de armas; podemos acabar con las tremendas migraciones, acabando con los dictadores y fanáticos que campan a sus anchas en un mundo patrimonio de la Humanidad, no de la supuesta soberanía de Estados conducidos por verdaderos locos. Y así sucesivamente. Y que nadie nos diga que no podemos subir los salarios, ni podemos salvar a los que se ahogan en el mediterráneo y que nadie nos sancione por poner concertinas o por no tener el suficiente gasto social. Eso sí, los nuevos Consistorios, se acaban de subir el sueldo.

REFERENDUM Y CONSTITUCIÓN (III)

Supongamos que hemos salvado el escollo y hemos reformado nuestra Constitución y que todos podemos votar libremente si permitimos la desconexión de una Comunidad Autónoma porque antes previamente un alto porcentaje de sus ciudadanos lo ha decidido. No sé lo que votaría. Yo tengo relaciones personales con Catalunya desde pequeño. Mi padre lo tuvo por su trabajo. Dos de mis hermanas vivieron allí algunos años y yo también un par de ellos. Y tengo muchas personas queridas allí. Y las respeto. Pero veo también la manipulación política en una España franquista con todo lo que ello significa. Franquista a sorpresa mía, es el calificativo que encuentro más adecuado para calificar a partidos grandes como PP, Ciudadanos y VOX. Los tres dicen lo mismo, aunque algunos más disfrazados que otros de corderos. Pero los mismos que hoy se llaman constitucionalistas un día votaron que no a la Constitución que hoy llaman intocable, no al aborto, no al matrimonio homosexual, no a la libertad de expresión; y llaman terroristas, populistas y anticonstitucionalistas a quienes no piensan como ellos. Si, España hoy está muy al borde del franquismo. Y en el medio el PSOE que dice si, y luego es no, o dice no y luego dice sí. Los antaño de izquierdas, hoy son, como mucho, de un centro imposible, porque van bailando al son que parece que saca más votos. Así es que tenemos tres derechas y una medio derecha. Y luego tenemos una mini izquierda acribillada a insultos, desprecios y mentiras. Todo vale para acabar con los terroristas, comunistas, populistas, separatistas y anticonstitucionalistas. Y la labor de la Iglesia, que sigue ahí agazapada, pero dictando por lo bajini lo que hay que hacer. Ardua labor. Oscuro panorama.

Yo votaré siempre por Catalunya, o por el país Vasco, o por Valencia, o por cualquier Comunidad que aspire a ser libre para expresarse. De ahí a ser independiente va un trecho. Piénseselo con calma y luego decidan. Pero no ahora por favor, resolvamos primero este caos. Y luego, si me dejan, es posible que vote no a la independencia catalana, porque no creo que sea una mayoría del pueblo catalán que lo desee. Pero lo quiero saber con todas las garantías. Piensen en el día de después. Piensen en los tiburones económicos, en los señores de la guerra. ¿No será mejor luchar juntos por una Europa regenerada?, como primer paso de un mundo mejor… O al final quizá piense en mis amigos catalanes y vote a favor de sus sueños… me pregunto por qué algunos sueñan con no ser españoles, y no me extraña tal como está el patio. Pero ¿de verdad está la solución en marcharse?

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