¡Que no pare el espectáculo!

El espectáculo parlamentario va unido al espectáculo social de desmadre total. Seguimos en las mismas y las energías se van en enfrentamientos sin fin entre las ambiciones territoriales, las ambiciones ideológicas y la todopoderosa presencia de la economía, que es la que hace que todo se haya desmadrado, acompañado de la irresponsabilidad de quienes quieren vivir en una eterna fiesta irreal frente a una realidad terrible de pobreza y desigualdad. Siguen muriendo cientos de personas diariamente por el virus, siguen los contagios masivos, siguen muriendo los inmigrantes en el mar, siguen cerrando negocios, siguen creciendo las personas sin trabajo, siguen subiendo los que viven de la caridad. Sigue, en suma, todo igual.

Así es que la discusión parlamentaria de los presupuestos se ha salvado gracias a los que apoyaron a este gobierno y a los advenedizos de Cs que ya darán dolores de cabeza cuando haya que bajar a la letra pequeña. No he visto mucho del debate, pero me bastó ver a la representante canaria insultando al gobierno por dejar a Canarias abandonada, cuando desde siempre Canarias ha sido privilegiada en todo, incluido el corredor turístico que tiene, el único rincón de España con tal privilegio. Los canarios no tienen medida en su desesperación y se ofrecen como lugar ideal para teletrabajar (dejando su dinero, claro), cuando tenemos miles de aldeas rurales desde donde se puede hacer lo mismo sin tener que quemar millones de litros en gasolina.

Los gallegos se quejan a pesar de tener en su partida del reparto nacional un 20% por encima de la media, en franca discriminación a su favor. Pero hay que protestar para sacar votos, para intentar acabar con el gobierno. Un espectáculo bochornoso.

Y nadie se ha quejado del presupuesto en defensa por encima de los 20.000 millones, que salvaría a millones de personas en vez de convertirse en medios de muerte indiscriminada. Seguimos luchando a ciegas contra un enemigo que ya no es el virus, sino mucho peor: la economía de mercado, que, implacable, no perdona vidas, ni principios, ni honores. Ya no se trata de ser honrado. Se trata de cargarse un gobierno llamado comunista ¿para qué? ¿Qué alternativa se ofrece? ¿La de Vox?

Menos impuestos, más facilidad de despido, más explotación, más fiestas para los que pueden ir, más viajes, más borracheras. No exigen más sanitarios, más profesorado, más dispersión por el territorio nacional, más inclusión. La bandera española encubre todos estos bajos intereses y avergüenzan a cualquier ser humano. Es un espectáculo penoso, que ni siquiera ven los que tanto gritan, cegados en su fanatismo.

Ojalá recuperemos la cordura, ojalá podamos volver pronto a la normalidad, pero no nos dejemos vencer por los cantos de sirena del poder. Es mentira, no caigamos en la trampa y arrimemos el hombro. Es la hora de luchar juntos por sobrevivir.

El dinero acabará con nosotros si no ponemos remedio

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