Positrones

El positrón o antielectrón es una partícula elemental, antipartícula del electrón. Es decir, las mismas características que el electrón, pero con carga positiva, formando parte de la antimateria. Cada partícula de materia tendría su réplica de antimateria, predicha por Paul Adrien Maurice Dirac, que le valió el Nobel en 1933 y que se demostró más tarde experimentalmente. Más información.

Más allá de complejos conceptos matemáticos o de física, lo que nos interesa aquí es que, a partir de una misma materia, existe la constancia de que cada realidad tiene una lectura totalmente opuesta de signo, según el contexto en que nos situemos. Y a partir de ahí parece que cobran mucho más sentido todas las teorías o filosofías duales, pues todo puede verse de un modo positivo o negativo, según el enfoque que nosotros mismos le demos. Más allá de la resiliencia, del buenismo o de la resignación, llamaremos aquí positrónicas a aquellas personas que se esfuerzan por ver el lado bueno de las situaciones, de las cosas y de los otros, por encima de sus aspectos negativos. Solo así podemos explicar que, dentro de las más tremendas calamidades de tipo personal, social o medioambiental, haya personas capaces de sentirse felices por la bondad de lo que tienen y les rodea, por encima de todo lo demás. Se trata de un ejercicio mental sencillo, pero que exige determinación por no dejarse vencer por la negatividad extrema que en muchas ocasiones nos rodea.

Este ejercicio es individual, pero también una responsabilidad social y educativa, que sin duda nos aligera el peso de la vida y nos permite una estabilidad emocional que, si bien no está siempre en sus mejores momentos, sí sabe sobreponerse y encontrar los caminos más adecuados para alimentarse de la positividad de lo que siente en ciertas situaciones que de otro modo serían incómodas o insoportables. Una misma experiencia puede por tanto vivirse con sufrimiento o con serenidad y en algunos casos con felicidad profunda, más allá de los cánones comunes.

Esta reflexión viene a cuento de nuestra actual situación social, restringida de movimientos y relaciones en pro de una salud global, y amenazada desde muchos ángulos, como el trabajo, la economía, la transformación climática, etc., que hacen que estemos casi constantemente inmersos en un entorno negativo que hace más patente si cabe nuestra fragilidad individual que ha de enfrentarse a lo que personalmente creo que es la disyuntiva más importante de nuestra vida: ser felices o no serlo. Porque, en último término, es una decisión propia la que emprende un camino u otro. Y no es tarea fácil sobre todo cuando no nos hemos preparado o no nos han educado para ello.

Centrarse en lo que nos hace felices, tener empatía con las enormes dificultades a las que tienen que enfrentarse otras personas en situaciones peores, sentir gratitud por lo que tenemos (material o inmaterial) por poco que esto sea,  compartir nuestros sentimientos con aquellas personas que nos quieren de verdad, disfrutar de la naturaleza aunque sea a través de una ventana y dejarse llevar por la felicidad sin más de ser un ser vivo en unión con el universo, es algo que puede hacer disminuir o incluso hacer desaparecer, al menos por un tiempo limitado, el estrés que padecemos en las adversidades.

Si somos capaces de decir con el corazón que vale la pena vivir, que vale la pena estar en este maravilloso mundo y que lo más valioso es todo el cariño que recibimos y que nosotros devolvemos, es que hemos pasado a la antimateria del positrón. Eso no va a evitarnos el dolor físico o psíquico de una pérdida, una enfermedad o una pobreza sobrevenida. Aún así, podemos ser felices y luchar. Hasta en medio de una guerra, un campo de concentración, una catástrofe natural o en medio de una lluvia tóxica de malas noticias, se puede encontrar un motivo para la felicidad, bien en nuestro interior, bien abriendo los ojos a la bondad. Siempre hay un ejemplo de vida al que acudir, una mano que estrechar, una meta por la que trabajar. Y lo más bueno de todo es que no lo hacemos solo por nosotros mismos, sino que también lo hacemos para que los que nos rodean se sientan un poco más felices. Eso es lo que para mí son los positrones y no tanto los robots de ciencia ficción de algunas novelas, aunque quién sabe, quizá algún día no tan lejano sean ellos los que nos ayuden a ver lo que los humanos a veces no podemos ver.

No se puede decir más con tan pocas palabras

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