Pascua

Las tradiciones se adaptan a la situación

Hoy es viernes, que en el conjunto de la Semana Santa es el día central. Sin embargo, este día de muerte no tiene sentido sin la Pascua que está por llegar. Es decir, la muerte se produce para nacer a una nueva vida, que es justo lo que significa la Pascua. Este es un mensaje que se transmite en las religiones de un modo u otro, porque todas ellas intentan que nuestra vida se libere de lo negativo que pueda haber en ella y se convierta en algo mejor, tanto a nivel individual como grupal, puesto que, aunque la conversión ha de ser individual, no tiene sentido si no alcanza a todos.

Esta idea de paso de una vida a otra, no tiene solo una lectura religiosa. También tiene una lectura plenamente humana, que no tiene que estar necesariamente reñida con una lectura trascendental. En nuestra vida pasamos crisis de crecimiento por la edad y por muchas situaciones que nos obligan a cambios radicales. Nuestra evolución personal implica en muchas ocasiones renunciar a ciertos hábitos o estilos de vida que de pronto reconocemos como no válidos y que nos obligan a cambiar todas nuestras estructuras anteriores. Estos cambios que vamos pasando todos de un modo más o menos profundo, es lo que viene a significar en realidad nuestra pascua particular. Somos conscientes de que hemos de cambiar algo en nuestras vidas para ser más felices, para ser un poco mejores.

Esta Semana Santa peculiar de 2020 que nos ha hecho prescindir globalmente de casi todas nuestras costumbres sociales y religiosas (viajes, procesiones, oficios religiosos, vacaciones familiares, etc.), nos han dado una oportunidad inesperada de poderla celebrar de un modo inusitadamente interior. La amenaza real de la enfermedad y la muerte de un modo global nos ha obligado a valorar la vida como el primer valor fundamental, pero también la solidaridad y el amor como el segundo valor más importante. Por encima de todo lo económico, y de todo otro tipo de sueños.

Nos hemos dado cuenta de un modo violento y cruel de la realidad que nos obliga a cambiar. Así ocurre en toda crisis, en toda conversión. Siempre hay algo en algún momento inesperado de la vida que nos obliga a hacer un cambio, y esto es lo que de algún modo nos recuerdan nuestras tradiciones cristianas. Porque no se trata tanto de la muerte material, sino de morir a la antigua vida, para recomenzar otra nueva. Esto es lo que mucha gente religiosa olvida: se centran en las tradiciones y en la idea de una muerte y una nueva vida en otro mundo, cuando lo que cuenta de verdad es la muerte a nuestra vida egoísta, para renacer a una vida más plena de amor y solidaridad en este mundo, con sus valores añadidos de justicia social e inclusión. Y si después hubiese otra vida, bienvenida, porque en realidad ya la habríamos comenzado a vivir aquí, como nos explica también la teología religiosa.

La pasión de Jesús, es ese mismo paso que ahora estamos viviendo de muerte real y enfermedad, pero también de miedo a lo desconocido que vendrá, a las consecuencias que tendremos que soportar de tipo económico y social. Pero eso nos ha pasado ya otras veces en la vida. Cambiar siempre da miedo, pero si de verdad asumimos los cambios profundos, vemos que ha valido la pena morir a ciertos valores que ya no nos sirven.

Hoy quiero tener un recuerdo para todas y cada una de las personas que han muerto y por las que aún han de morir, para todos los que están luchando y lucharán, por todos y cada una de las personas de este mundo que cada uno en su lugar, sea en su casa, en su trabajo o en primera línea, están pasando miedo y estrés. Pero quiero poner en valor todos esos sentimientos nuevos que nacen de solidaridad y altruismo que nunca antes habíamos visto. Es verdad que no todo es positivo, pero no hemos de perder nunca de vista la Pascua que nos espera. Cuanto más profundo sea nuestro cambio interior, a nivel individual, más profundo será el cambio social y menos los enemigos de la nueva vida que se impone.

Siempre ha habido personas que no han querido cambiar, porque han creído que estaban bien como antes. Pero ahora al menos tendrán que reconocer todos los que salgan indemnes de esta terrible crisis mundial que si han salido es gracias a la solidaridad de todos los sanitarios, trabajadores públicos y sociales, todos los que se han quedado en casa, todos los que han interrumpido sus trabajos, etc. para que haya menos víctimas, al precio que sea, aunque luego nos cueste más sacrificios.  Los que hemos tenido la gran suerte de no conocer de cerca una guerra, por primera vez hemos conocido lo necesario que es la unión solidaria de todos. Eso es precisamente el cambio que necesitamos para siempre, para el futuro eterno. Necesitamos ser más solidarios si queremos seguir viviendo. Necesitamos convertirnos.

También Jesús y sus discípulos tuvieron miedo de lo que les venía encima. Y querían volver a empezar. Ese es el tema de la canción que os adjunto, como preludio de la Pascua que se avecina, que no será el domingo que viene, sino que comienza ya hoy, en plena muerte y dolor, y que ha de darnos la fuerza necesaria para renovar la vida.


¿Podríamos comenzar de nuevo por favor?

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