¿Para cuándo el voto telemático?

¿Quién lo impide?

Es curiosa la cantidad de cuestiones no previstas que esta pandemia está planteando. Por ejemplo, las votaciones en Galicia y Euskadi que se convocan a toda prisa (no sé por qué) y que plantean el riesgo de contagio, o el derecho a votar de las personas infectadas o que han dado positivo en un test mediofiable o que tengan que estar en cuarentena por haber estado cerca de los infectados. Además, está el problema de los asintomáticos que pueden ir a votar y de paso infectar.

Todas estas cuestiones no se hubiesen planteado si en España ya se hubiera establecido el voto telemático, como un modo legal de votar en una elecciones regionales o generales. Y que no se diga que esto no tiene suficientes garantías, cuando ya se ha utilizado en otros países, o nosotros mismos lo estamos utilizando en el Parlamento o en algunos partidos con sus inscritos.

Vivimos en una sociedad que nos obliga a usar la red para todo: buscar empleo, información, acceso a las administraciones, acceso al servicio sanitario público, cuentas bancarias, etc. Y sí, hay muchas personas que no tienen acceso a internet, pero se las tienen que ingeniar irremediablemente para hacerlo con ayuda de alguien. Pues bien, ese alguien, debe ser el mismo Estado, que debería garantizar que se hagan todas las gestiones con libre acceso, universalizando el uso de internet, y dando opciones viables a quienes necesiten ayuda para hacerlo. Por ejemplo, en caso de unas votaciones generales, que se pueda votar desde el propio domicilio, o en lugares preparados para ello con los asesores necesarios. Por lo demás, apretar una tecla para emitir un voto, lo puede hacer todo el mundo.

Incluso para los pequeños pueblos, personas con dificultades de desplazamiento por enfermedad, edad o diversidad funcional, no sólo les acerca el voto, sino que además podrían hacerlo de diversas maneras, como por ejemplo de viva voz para las personas ciegas.

Hoy hay medios suficientes como para garantizar la libre votación sin fraudes. Y si es posible cometer algún fraude, también lo es en el anticuado modo de papeletas, pues cualquiera puede inducir al abuelo a votar por quien no sabe ni quién es, o ponerle en un sobre una papeleta distinta a la que hubiese votado. O cosas por el estilo, que de fraudes sabemos mucho.  Yo creo que el sistema de elecciones a base de mítines, papeletas y fiestas, está muy pasado y conlleva un sobregasto económico sin sentido, cuando puede ser mucho más barato y accesible poderlo hacer desde los propios dispositivos electrónicos.

Pero claro, para eso hay que estar preparados. No se puede improvisar. El viejo recurso al voto por correo postal siempre ha sido un desastre imposible, parejo al desgastado tipo de comunicación por carta de papel. Seguro que quienes se oponen a la libertad de voto telemático lo hacen porque les interesa, porque es más fácil manipular con el otro. Con un tiempo para lavar cerebros y convencer a la gente indecisa de que ellos son los mejores. En realidad, lo que les da miedo es la libertad de poder votar cualquier consulta fácilmente y que no se necesite a nadie que te induzca el voto. No hay mejor inducción que el ejemplo que vemos a través de los medios todos los días. Estamos más que informados de quién es quién y de lo que hacen y dicen los candidatos en el día a día y no en un mitin con sus incondicionales, diciendo barbaridades de los enemigos políticos. Ganar unas elecciones no es ganar una guerra sucia, sino recoger el fruto de las acciones de quienes en un momento dado, deciden presentarse como candidatos a un puesto de responsabilidad.

Nos tenemos que acostumbrar a una democracia más participativa, en donde se puedan consultar opiniones, como ya hacen los ayuntamientos en cuestiones locales, pero también a que nuestra palabra votada tenga peso vinculante como en el caso de un referéndum o de una votación regional o nacional por internet. Vivimos en el siglo XXI, donde esto es posible, y no en el siglo XIX donde votar era un privilegio reservado a unos pocos. Hoy, en muy poco tiempo, se puede llegar a un resultado fiable con plena participación libre y amplitud de  horarios.

Y el argumento aplastante para algunos es que sería más barato que toda la parafernalia electoral que, como ocurre ahora en dos autonomías españolas, son capaces de poner en riesgo la salud pública, por no querer que la democracia esté al alcance de todos gracias a la tecnología. Ojalá el tiro les salga mal esta vez y a la próxima se planteen en serio el voto por internet.

En esta pandemia hemos aprendido a hacer de todo por la red: reuniones, compras, votaciones a todos los niveles, conferencias, clases y cursos on line de todo (incluso escolares), y un largo etcétera. Entonces ¿por qué no empezar ya a votar a quienes queremos que nos gobierne desde casa? ¿qué nos lo impide? ¿quién?

Un derecho universal accesible

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