Orgullo

Este domingo 28 de junio, se celebra el Día del Orgullo Gay 2020. Un día que de no ser por el coronavirus estaría marcado por los desfiles (a lo largo de toda esta semana) y fiestas varias, pero que este año quizás solo podamos celebrar con amigos, de forma íntima y también cómo no, a través de diversos actos organizados por internet. Más información

Nosotros, como nuevopactosocial.org nos apuntamos a esta celebración, pero me vais a permitir que lo firme en primera persona, como única (por el momento) persona gay de nuestro equipo.

Quiero recordar que la palabra orgullo no equivale en este contexto a prepotencia, sino a la autoestima que trae el haber superado toda una época de represión en nuestra sociedad patriarcal ultracatólica que rechazó de modo brutal lo diferente, alimentando fobias, entre ellas la homofobia, bendecida por la iglesia. Todos quienes nacimos en esa época sabemos lo que hemos pasado. Personalmente solo me afectó en un primer momento desde el punto de vista reliigioso, pues pensaba que, al estar en pecado grave, nunca podría entrar en el prometido cielo. Cuando más tarde vi lo que de verdad era la Iglesia por dentro, comprobé el grado de hipocresía que en este y en otros muchos temas esta institución ocultaba. Era un nido de homosexualidad que trataba de ocultar, siendo inquisidores que mandaban al infierno, cuando ellos mismos lo practicaban y violaban. Muchos lo vimos de cerca y otros lo ven hoy de lejos al destaparse, ya desde hace algunos años, la corrupción que todos conocemos.

Pero, aparte de esa nefasta realidad, la verdad es que tuve la gran suerte de reconocer mi homosexualidad por medio del amor, lo cual tiraba por tierra todo lo que me habían enseñado (¿) sobre el tema. Así es que no lo vi como algo malo, sino como algo natural y positivo para mi vida. Y si de algo me siento orgulloso, es de haber sido uno de los tres miembros fundadores del Colectivo Lambda de Valencia, que fue la primera asociación gay en esta Comunidad tras el inicio de la democracia. Fui su primer presidente y la primera persona que se dejó entrevistar a cara descubierta en la TV autónoma (todavía en blanco y negro). También fui la primera persona que habló con la Consellería de sanidad para que cambiaran su primer tríptico sobre el SIDA, en donde se recomendaba no relacionarse con los grupos de riesgo, que sobre todo, en aquel entonces, era el colectivo gay. Debo decir que su respuesta fue ejemplar y eso se cambió inmediatamente, pues se daba por supuesta la promiscuidad y desenfreno de un colectivo demonizado por la sociedad. Fui el primero en hacerme la prueba del SIDA para dar ejemplo y quitar de encima el miedo a la verdad, pues sobre todo había que investigar en algo desconocido, que encontró en los homosexuales la primera cabeza de turco, por pecadores contra natura. Un momento duro para el colectivo, puesto que se convirtió en un nuevo factor de exclusión, que después se demostró falso.

No he sido militante activo durante mucho tiempo, porque me tuve que retirar de primera línea por razones de trabajo. Pero la semilla estaba sembrada y hay que decir que desde un primer momento el enfoque fue abierto a todo tipo de sexualidad, incluidas lesbianas, bisexuales, gente que no tenía clara su sexualidad, familiares y amigos, etc., tratando de estudiar, recibiendo y dando formación en diferentes grupos de actividad. Los objetivos siguen con éxito hasta nuestros días, cuya lucha sigue siendo necesaria, sobre todo dentro del colectivo trans, que fue el último en visibilizarse. Mi contacto fue esporádico en algún curso de formación o en el servicio de inforosa y hoy sigo en contacto, aunque sea de modo personal y desde lo más profundo de mi corazón, agradecido a su inmensa labor.

Por otra parte, mi actitud siempre fue la de normalizar la sexualidad, de cualquier tipo, sin necesidad de irlo pregonando sin más. Sencillamente era algo de ámbito privado, pero que siempre he apoyado desde cualquier lugar en el que he estado. Y hoy lo apoyo desde aquí, con el alcance que nos da la red. Si hoy lo hago desde un punto de vista más personal, es porque creo que los derechos no se conquistan de una vez para siempre, sino que hay que estar reconquistándolos para no retroceder y seguir evolucionando. Por eso es muy importante que unos estén en primera línea y otros en la retaguardia, normalizando algo que ya debería estar normalizado.

Todos sabemos que aún falta mucho por recorrer y que es importante que los jóvenes tengan cada vez más referencias cercanas que les apoyen en sus preguntas. Porque sigue habiendo agresiones y lagunas legales, aun con el reconocimiento constitucional y legal de las parejas homosexuales. Por eso creo que es importante que también digamos quiénes somos quienes lo vivimos desde hace años de modo natural, pero a base de haber luchado y superado nuestros propios miedos. Sabemos que los otros siempre están ahí amenazantes, aunque cada vez tienen menos fuerza. Es un contexto que saben muy bien los negros, las mujeres, los inmigrantes pobres, las personas con diversidad funcional, y cualquier otro colectivo que se sale de lo “normal”, que es un concepto tan relativo que casi se puede decir que no existe. Hoy es normal lo que antes no lo era, y mañana será normal cosas que hoy no lo son. La “nueva normalidad” de estos días, también es un signo de ello.

Es hora de acabar con esa inercia patriarcal capitalista y religiosa, que provoca reacciones fanáticas puntuales, pero que hacen infelices a muchas personas sin necesidad. La sexualidad es un aspecto más de nuestra afectividad amorosa, que no hace sino ayudarnos en la tarea de vivir en sociedades complejas que necesitan de esos lazos para unirse en sus conquistas y seguir existiendo como grupo humano.

Ojalá no rompamos nunca los lazos que nos unen porque nos hacen mejores, menos agresivos, menos competitivos, menos guerreros, a no ser para superarnos a nosotros mismos. Hoy sigue habiendo países donde la homosexualidad o el adulterio se castiga con la muerte, donde los negros son inferiores, y donde los pobres son esclavos. Ya es hora de terminar con eso. Cuando era joven era un sueño que dos personas del mismo sexo se pudieran casar. He visto ese sueño y muchos otros realizados. Pero aún me quedan más sueños por ver realizados sobre todo en lo que respecta a la igualdad y la paz. Desde el amor no se cultiva la guerra. Quizá deberíamos retomar aquél viejo lema de haz el amor y no la guerra, y educar así a las nuevas generaciones con nuestro ejemplo. Está todo interrelacionado y una cosa lleva a la otra. Pero desde luego hacer el amor nos hace iguales y nos lleva a la paz. No es casualidad que la bandera multicolor sea símbolo no solo de la libre sexualidad, sino también de la paz.  Ver más


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