No vuelvas por Navidad

Los rumores sondeo que desde hace meses circulan sobre la vuelta de JC de su autoexilio dorado en Emiratos están tomando fuerza bajo la ñoñería navideña que las películas made in USA explotan descaradamente bajo el manto del buenismo esencial de personas rodeadas, eso sí, de todo lujo de regalos y casas deslumbrantes de lucecitas con la pretensión de que el espíritu de la navidad nos embargue a todos en un desesperado intento de laicizar unas fiestas de marcado origen religioso, engullido por el consumo de cantidades prodigiosas de regalos, comidas, bebidas, diversas mitologías y riñas familiares.

Según parece, los rumores apuntan a que JC utilizaría ese espíritu navideño para ablandar nuestros corazones y olvidar sus fechorías. Sus fans dicen que negarle la vuelta a casa sería inhumano. Pero se olvidan de que la decisión de irse fue suya, del mismo modo que en su momento decidió aceptar los privilegios que el dictador le concedía, pasando por encima de su padre, al que lloró seguramente por remordimiento. También fueron suyas las múltiples decisiones de corromper sus finanzas y su fidelidad familiar, amparándose en su inviolabilidad y su irresponsabilidad.

Pero, por más que lo niegue una Constitución hecha a su medida, toda persona es responsable de sus actos. Y JC es responsable de todas las irresponsabilidades cometidas durante los años de su triste jefatura. Su vida privada nos importa un pimiento en general. Pero lo que sí nos importa es que todo el tinglado se sustenta con dinero público, con la etiqueta de persona ejemplar en un país ultracatólico que no aceptaba el divorcio, pero que hacía la vista gorda a que los hombres pusieran los cuernos a sus mujeres, fueran de sangre roja o azul. Un ejemplo de familia cristiana, a base de la complicidad de los cortesanos laicos y eclesiásticos.

Tenía todo el poder en su mano para hacerlo bien. Tenía todo el poder en su mano sin necesidad de robar dinero a nadie. Tenía todo el poder en su mano para elegir a la persona amada. Tenía todo el poder para haber llevado la vida que hubiese querido. Pero decidió llevar una vida de falsas apariencias, disfrutando de todos los privilegios sin importarle nada, como le dejaba hacer la Constitución.

Tomó la decisión de marcharse en vez de apechugar con la vergüenza de haber sido descubierto. Y me parece comprensible. Políticamente hasta nos deja más tranquilos teniéndole lejos. Pero todavía nos supone un gasto y con eso habría que acabar. No le faltará de nada. Puede tenerlo todo con sus ahorros, excepto a la España que engañó. Ahí está su castigo, el fruto de su irresponsabilidad.

A su edad yo me preocuparía de saber quién de su familia le quiere de verdad a pesar de todo y trataría de llevarme bien con ellos, pero fuera de España. Es demasiado tarde para dar explicaciones, porque, en realidad, ¿qué tiene que explicar una persona que roba y miente sin necesidad? Nadie le obligó. Y cuando era el momento, se marchó sin decir nada.  

Perdonado queda como persona, pero no como jefe de Estado. Desde mi punto de vista, nos ha abierto los ojos a muchos de los que pensábamos hace años que la monarquía era aún algo posible. Pero hoy tenemos más claro que nunca lo absurdo de tal institución, que, además, ni siquiera les hace felices a sus miembros, porque quieran o no, son los servidores primeros de los patriotas, y depende de ellos que sigan en el poder. Y, encima, han de ser ejemplares en todo.

Yo le pido que no vuelva y nos deje en paz. Sin rencores. Y a los que vivimos aquí les pediría que decidiésemos ya de una vez democráticamente sobre el tema de la monarquía otrora tabú y actualmente chascarrillo del día. La limpieza profunda de la corrupción española afecta también y sobre todo a las instituciones. Y hemos de empezar por ahí si queremos seguir creciendo como nación.

Habrá que esperar el momento más oportuno. Pero no dejarlo pasar indefinidamente como es el caso del franquismo, que todavía colea y sus herederos siguen viviendo como reyes.

Por la gracia de dios y del dictador

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