No al carbón

El futuro que viene

Según Greenpeace el carbón es el combustible fósil que más contribuye al cambio climático y las centrales térmicas de carbón son la mayor fuente de emisiones de CO2 producidas por el ser humano. Por desgracia, los gobiernos de todo el mundo están permitiendo que la industria gaste cientos de miles de millones de dólares para construir nuevas térmicas de carbón en todo el mundo en los próximos años. Si los planes actuales siguen adelante, el carbón será responsable del 60% de las emisiones de CO2 para el año 2030. Más información

La actual crisis energética provocada por la subida del precio del gas, hace que el carbón se vuelva a utilizar como fuente, a sabiendas del desastre ecológico que supone. Y esto no solo en los países más contaminantes del mundo como China y USA, sino también otros muchos como la misma Unión Europea, a pesar de sus proyectos de baja contaminación que parecen centrarse en el tráfico rodado, poniendo límites y penalizaciones que se pueden comprar y vender en forma de  derechos de emisión. Un país aparentemente modelo como Alemania no duda en reabrir sus minas de carbón ante esta crisis o la misma España, que sí, ha reducido la producción de carbón, pero lo compra del exterior. Contamina lo mismo y encima paga por ello. Una central de Endesa en Galicia hace acopio de carbón comprándolo a USA

Y podíamos seguir citando ejemplos de los que nos cuentan con la boca pequeña. La contradicción es de tal calibre que sonroja al más descreído de los ciudadanos que alguna vez había pensado que alguien en este mundo rico se había tomado en serio lo de poner freno al cambio climático. Bajo el paraguas de los coches eléctricos, hay un trapicheo internacional de carburantes fósiles como para matar sin remedio al planeta ya agonizante. Quizá hubiese sido mejor acabar de una vez por todas con una explosión atómica que con esta sarta de mentiras.

En vez de mirar al futuro desde hace años y poner toda la energía en manos de fuentes limpias y renovables en un país que le sobra el sol y otros medios naturales de producción, se vuelve al pasado de las antiguas energías como las del carbón, o proyectos de ampliación de aeropuertos monstruosos que catapulten un transporte aéreo contaminante o de macro puertos con un transporte marítimo no menos contaminante. Uno se pregunta para qué sirve el flamante ministerio de transición ecológica y, sobre todo, por qué hasta ahora los Gobiernos no han desarrollado las tecnologías punteras enfocadas a un futuro sostenible en todos los sentidos de producción, transporte, consumo, etc. Y lo de las nucleares no se sabe si se volverán a reabrir, porque ya hace años que algunos dicen que son menos contaminantes, olvidando los residuos mortales que arroja, abandonados en el fondo de los océanos que a duras penas mantienen vida a causa de tanta mierda envenenada que les cae encima por nuestra irresponsabilidad.

España, Europa, y todos los países del mal llamado primer mundo han tenido y siguen teniendo los medios suficientes para el cambio energético, pero no le ha dado la gana a nadie hacerlo en aras de un beneficio económico que al final no sirve para nada. ¿De qué les vale a las compañías enriquecerse si todo se va al garete?. El escándalo de los precios de la luz ha destapado una caja de pandora tan tremenda que habrá que afrontar con urgencia si no queremos acabar con la vida mucho antes de lo que se podía sospechar. No nos gustaría verlo, pero, a este paso, parece que sí veremos el apocalipsis antes de que la maravillosa visión tecnológica del metaverso de Facebook sea posible a base de quemar carbón. Prefieren que los esclavos vuelvan a las minas y ganar dinero para hoy antes que cambiar la estrategia energética y salvarnos a todos mañana, incluidos los mismos monstruos que manejan los hilos de la energía y de la pasta.

¿Será posible el metaverso al paso que vamos?

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