Niñat@s

Viajando con virus

Para empezar tengo que decir que es injusto pensar que la sociedad española es irresponsable o que los jóvenes en concreto son irresponsables. Pues siempre hay de todo y, como se suele decir, pagan justos por pecadores, porque las sanciones como las medidas preventivas, afectan a todos, los que cumplen las normas y los que no, que son quienes siguen escampando el virus a sus anchas, por su falsa concepción de la libertad y su nulo sentido de responsabilidad.

En general, no solo los jóvenes, solemos pensar que las cosas negativas les pasan a los demás y no nos pueden pasar a nosotros o a nuestro entorno. Eso es una falsedad que nosotros mismos alimentamos para justificar nuestras acciones temerarias o, simplemente, porque nos cuesta sacrificar una parte de nuestros caprichos o nuestro modo de entender la diversión.

Realmente, en las pocas entrevistas directas que hemos visto por las televisiones, hay gente que se ha portado bien y en cambio hay otras personas que han dado positivo en los test y se siguen moviendo por el hotel medicalizado como si tal cosa. Más información

No se trata de culpabilizar a nadie pero sí de responsabilizar. Para comenzar hemos de ser conscientes de que nuestras conductas individuales pueden cambiar mucho cuando estamos en grupo en un grado proporcionalmente directo a nuestra madurez personal y a nuestra propia autoestima.

Si se considera que un joven es suficientemente responsable como para hacer un viaje de fin de estudios, para abortar, para cambiar de género, para beber, fumar de todo y follar con o sin precauciones, es lógico pensar que ha de ser también responsable para cargar con las consecuencias de sus actos.

Pero claro, ellos no son los únicos responsables del resultado final que nos ha puesto en vilo a toda la península con su pasada de olla festiva. Porque los padres saben muy bien con quienes mandan a sus hijos, o no. Los padres conocen bien a sus hijos, o no. Las agencias de viajes programan fiestas y juntan grupos de diferentes procedencias, mezclándolos irresponsablemente, para poder abaratar precios y hacer de paso más atractivo el viaje.

Y claro, es difícil en general resistirse para unos niños y niñas (que para otras cosas no son tan niños y niñas) meterse en la fiesta sin pensar en nada más. Los colegios también tienen su parte por organizar viajes sin saber siquiera las condiciones de sus estancias. Los responsables de los hoteles no están preparados para controlar tales situaciones y las autoridades sanitarias no han sabido gestionar bien una macro situación que se les vino encima y los confinó a todos. Quizá en un primer momento estuvo bien, pero luego habría que haber afinado más. Pero la medida de confinarlos fue en principio la mejor como emergencia.

Pero luego vienen algunos adultos que ayudan a escaparse literalmente a los jóvenes y otros que defienden que están secuestrados. Los papás defienden a sus niñitos de los que no saben muchos ni siquiera la mitad de lo que hacen con sus jóvenes vidas. El vandalismo dentro del hotel y sus pancartas de encarcelamiento, denota el grado de niñatez de los que meten más ruido. Se les ha dado todo y son incapaces de estarse quietos un minuto. Algunos pedían comida a sus papis, porque se ve que no les gustaba lo que les daban en el hotel. Han molestado a los vecinos y han dejado el hotel hecho unos zorros. En fin, una vergüenza.

La mediocre España del bienestar ha creado algunas generaciones de niñat@s a los que se ha mimado entre otras cosas porque sus padres no estaban en casa y les dejaban ir a la suya y a los que no se les ha enseñado responsabilidad y sacrificio. Una palabra que algunos tienen que buscar en el diccionario. Y no se piensa en los que NO se pueden permitir el lujo de viajar que, esos sí, están obligados a quedarse en casa por tiempo indefinido.

Un show de los muchos que hemos soportado en esta pandemia de pandereta española que mezcla negocio con sanidad. Cuando estamos en un delicado momento de mejora de la pandemia por las vacunaciones, ¿a quién se le ocurre promover viajes multitudinarios con fiestas multitudinarias? Y esto no ha hecho más que empezar.

Los jóvenes se han de considerar afortunados porque ellos no tienen tanto riesgo de muerte, pero son portadores como el que más. Así es que lo que ha sido una rabieta de unos días, se podía haber convertido en una tragedia mortal.

Y la política de vacaciones a gogó lo siento, pero es una insensatez. Un poco de más calma, que los jóvenes son todavía niños y se amoldan a las situaciones si sus entornos les apoyan. Solo necesitan eso, no que les malcríen. Pero si los adultos hacen lo que hacen no les culpemos a ellos. La vergüenza del hotel mallorquín es un souvenir made in Spain que nos recuerda la calaña de la que estamos hechos.

Y que me perdonen los sensatos, jóvenes, adultos o viejos, que haberlos haylos pero no se les nota. Y el virus sigue reviscolando por culpa de los que no lo son, incluidos papis, colegios, agencias, hoteles, políticos y jueces, que también aquí han metido sus patitas.  

El show made in Spain

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