Negacionistas

¿Ignorancia o mala leche?

Unas 2.500 personas, según la Policía, se concentraron este domingo en la plaza de Colón, en Madrid, en contra del uso obligatorio de mascarillas y de otras medidas implantadas por el Gobierno para hacer frente a la covid-19. ​ Se investigará que una gran parte de los congregados no llevaba mascarilla en determinados momentos, pese a que su uso es obligatorio en espacios públicos de Madrid y se tomarán medidas. Más información.

Para algunos el mundo fue creado por Dios y es falsa la teoría de la evolución, para otros es falso que el hombre pisara la luna en su momento, otros opinaban que la tierra no se movía y era el centro del universo, etc. Y hoy algunos opinan que todo lo que se dice de la pandemia es falso.

El tema sanitario introduce una nueva variante a otras creencias nacidas de la ignorancia: el rechazo a la medicina tradicional occidental, frente a otro tipo de tratamientos naturistas, algunas creencias religiosas que creen en la autosanación, etc. Ciertamente, todos sabemos que en el caso de la salud la ciencia no llega a todo y que hay cosas que todavía quedan por explorar. Y por si fuera poco el negocio farmacéutico hace que muchas veces se recele del origen de algunas enfermedades y de algunos remedios en aras de una ganancia económica. Cierto.

También es cierto que la ciencia se ha equivocado muchas veces y que se sigue equivocando, porque todavía quedan muchas lagunas por conocer, también del coronavirus. Pero de ahí a decir que aquí no pasa nada, con millones de muertos e infectados a las espaldas y los que vendrán, es de una estupidez soberana, que no hace más que jugar con fuego poniendo en peligro la propia vida y la de los demás. Todos conocemos de otras epidemias en la historia que causaron millones de muertes que no las curó ni Dios ni ninguna otra alternativa. Ese hecho hay que aceptarlo. Negar a la ciencia su lugar es negar la misma esencia del ser humano. Pero eso no quiere decir que sea infalible y que en este caso vamos aprendiendo todos sobre la marcha.

Pero el colmo del cinismo me parece apelar a la libertad cuando estamos ante un problema de salud social que no depende de ideologías. Si por tus creencias te quieres infectar, o no crees que te puedes infectar, sigues viviendo en una sociedad cuya autoridad democrática se rige por unos principios y normas que tienes que acatar, si quieres vivir en ella. Te puedes marchar a otro sitio (¿dónde?) si no lo quieres aceptar. Libertad no es hacer lo que a uno de la gana cuando quiere según sus criterios, porque el vivir en comunidad exige unas reglas. Y aquí nos regimos por las reglas de las ciencias sanitarias, limitadas, eso sí, y que no niega otras aportaciones, si es que éstas se demuestran científicamente positivas.

No deja de ser sospechoso que sea la ultraderecha la que más defienda esta opinión apelando a la libertad, cuando ella es precisamente la que nos quiere obligar al pensamiento único bajo la bandera de un falso constitucionalismo entendido a su manera. Es precisamente la Constitución quien da el poder a la autoridad competente para poner todas las restricciones que sean necesarias a nuestra libertad individual por el bien común. Y si eso acarrea pérdidas económicas, también será la sociedad en conjunto la que tendrá que afrontarlo. Pero el que un grupo haga el loco en este caso nos afecta a la salud de todos. Y nadie tiene derecho a saltarse esa norma.

Si quieren vivir en sociedad tendrán que respetar esa Constitución que tanto cacarean. No nos den más problemas de los que ya tenemos, respeten y, en todo caso, ofrezcan ideas que nos puedan ayudar a todos. Ir sin mascarilla hoy no es la solución. Al contrario. Lo dicen los científicos y ellos tienen la ultima palabra. Hemos olvidado que a veces hay que hacer sacrificios por el bien de todos. Nuestros padres y abuelos lo saben. Pero a nosotros, hasta ahora no nos faltaba nada (a algunos) y ahora tenemos que renunciar a cosas que antes teníamos. Valoremos lo que somos como sociedad y sintámonos, por una vez, corresponsables de nuestro futuro.

No somos el centro del universo

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