Navidad

La Navidad puede entenderse de muchas maneras: como un acontecimiento de fe cristiana, como un medio de negocio, como una posibilidad de trabajo eventual, como un tiempo de reuniones familiares, etc. Pero el denominador común que trasciende por encima de todas esas cosas tan dispares y a veces tan contradictorias, es algo que ha calado en nuestra cultura occidental como es el deseo de vivir todo lo bueno que tiene la vida y de lo que somos conscientes, pero que a la vez muchas veces se nos antoja algo imposible, una utopía.

En nuestra vida personal esto se traduce en momentos de recuerdos buenos y tristes, en celebración de las cosas que nos van bien, a pesar de todas las limitaciones que tenemos. Este deseo individualizado trasciende de alguna manera a lo social por encima de quienes ven solo una fiesta más desmadrada de lo normal. En realidad, es la añoranza de una vida mejor, de una sociedad más justa. Se junta con la celebración del año nuevo, y eso hace que estas ideas se refuercen durante unas semanas.

Quienes tenemos la suerte de vivir en el primer mundo es verdad que tenemos problemas, pero en todo caso socialmente nunca tan terribles como los países que viven en medio de conflictos bélicos, con hambre, desastres naturales y climáticos, pobreza extrema, etc. y no podemos olvidarnos de ellos, no solo por altruismo, sino también por necesidad, pues si algo nos ha enseñado la vida global es que vamos todos en el mismo barco.

Nuestra web intenta mantener una mirada crítica sobre las cuestiones sociales que nos atañen directa o indirectamente y eso en ocasiones hace que nuestro discurso sea duro o negativo: la realidad es como es. Pero en la realidad hay también otras cosas positivas que no debemos olvidar si queremos subsistir como personas y como sociedades.

Estos días pueden dar pie a la reflexión sobre todos esos deseos que nos parecen inalcanzables y ser capaces de ver también que la vida, por frágil que sea, es lo único que tenemos para sobrevivir y ser felices. Esto no lo debemos olvidar y en ese sentido también desde estas líneas queremos desearnos la fuerza necesaria para reiniciar nuestras vidas. Navidad significa tanto nacimiento como renacimiento a una nueva vida. El símbolo del recién nacido cristiano, es en realidad la esencia de nuestra vida: un futuro lleno de posibilidades en el que todos aportamos nuestras fuerzas y nuestros sueños. La paz y la felicidad hay que soñarlas para que sean posibles y eso se consigue día a día. Cada día, por así decir, nacemos de nuevo y con ello la oportunidad de hacer las cosas mejor, de amarnos mejor, porque lo único que no podemos hacer es subsistir solos como pasa con los recién nacidos.

En este sentido profundo y universal es nuestro mayor deseo que todo el mundo, empezando por todos aquellos que tenemos más cerca y a los que amamos, pero con la misma intensidad que a todo el resto del mundo, incluidos quienes de un modo u otro están en nuestra contra, sea feliz, porque ese es el único fin para el que hemos nacido y ese es el único regalo que tenemos para las generaciones futuras.
Gracias por estar con nosotros. FELIZ NAVIDAD.

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