Mundos paralelos

Si dos rectas paralelas se encuentran en el infinito…

Si aceptamos que dos rectas paralelas se encuentran en un punto del infinito y aplicamos el mismo principio a unos hipotéticos mundos paralelos, tendríamos que en algún momento estos mundos se encontrarían y tendrían una conexión, al menos en ese punto de intersección.

Pero aquí partimos de la realidad del concepto de infinito, cuestión que nos lleva de calle y con el que hacemos cálculos matemáticos, a pesar de que no podemos tener la experiencia de lo infinito (porque nosotros mismos somos finitos), a no ser como una base explicativa relativizada por otras teorías.

La reflexión me viene estos días en los que hay más tiempo para pensar, dado el semiconfinamiento que algunos vivimos, que da barra libre al pensamiento sobre los acontecimientos que vemos pasar ante nuestros ojos, sobre todo mediante la caja tonta.  Y constatamos que, aunque todos vivimos aparentemente en una misma sociedad, la visión que tenemos de la misma es totalmente diferente y a lo que parece irreconciliable.

Por ejemplo, en lo que se refiere a la pandemia, unos tratamos de vivir lo más ajustadamente posible a las normas sanitarias en torno al eje de una situación de emergencia: el coronavirus y su capacidad de trastornar nuestra vida e incluso de condenarnos a una muerte masiva. Pero, frente a esta actitud, hay quienes lo niegan de raíz o simplemente se saltan esas normas porque no creen que sea tan grave como lo pintan o que ellos están fuera de peligro o porque es más importante mantener la economía medianamente bien o, incluso, porque sienten simplemente la necesidad de socializar al precio que sea y como sea. Libertad absoluta frente a un peligro cierto, olvidando que la libertad, como la propiedad, es un bien precioso y escaso que hay que cuidar y ha de respetar la libertad y la propiedad de los demás, entendiendo “a los demás” como la comunidad. Es decir, el bien común está por encima de toda otra norma que habrá que conjugar con los derechos individuales, si es que eso es posible.

Y estos dos Mundos, a lo que se ve, son irreconciliables.

Por otro lado, las elecciones catalanas y madrileñas, han puesto de manifiesto los diversos universos paralelos que corren por las cabezas de las personas que protagonizan unas campañas, que responden, según ellos, a lo que piensan los españoles (lo cual es inexacto, pues unos representan a algunos de un Mundo y otros a los de otros Mundos respectivamente). Esta confrontación que no es nueva en España y que hemos vivido de modo sangrante desde la guerra civil durante toda la democracia, hoy más que nunca está representando a grupos de personas que viven en mundos diversos, que no conciben cómo, viviendo en unos espacios comunes, pueden interpretar la misma realidad de un modo tan distinto. Algunos, los menos, lo hacen porque lo piensan y lo sienten de verdad, y otros, la mayoría, lo hacen por mantener unos principios a toda costa, que les convierten en irracionales tanto en actitudes como en sus palabras y hechos.  Y así, salvo honrosas excepciones, todos se declaran de centro, capaces de dialogar con la derecha y con la izquierda, poniendo vetos sin embargo a unos o a otros. Y así el soso por excelencia deja de serlo cuando dice que con este Iglesias no. Porque echas por tierra tu argumento de diálogo y apertura a todos, cuando condenas al otro al ostracismo por no pensar como tú.

La creencia en un centro es tan imposible como la creencia en el infinito. Porque, a pesar de la repetida frase de que en la vida no todo es blanco o negro, existen cuestiones en las que no cabe término medio. Esto lo decía ya la lógica clásica: entre el ser y no ser no existe nada. Una no está embarazada un poquito. O lo está o no lo está. Pues lo mismo cabe decir de cualquier cosa social: o eres una persona honrada o no lo eres, o buscas la justicia o no la buscas, o eres imparcial o no lo eres.

Eso no quita el que, como humanos, cometamos errores que siempre podremos corregir y de los que podremos salir incluso mejorados, en cuanto que podremos reconocer mejor la verdad del otro o la propia incongruencia, que, a la vez, ayuda a comprender la eventual incongruencia de los demás. Pero una cuestión es que tales incongruencias sean eventuales o que sean constantes. Ahí sí que hay una postura definida y contrapuesta, en donde no es posible un punto de encuentro.

La debilidad del sistema se muestra con la presencia de un microscópico virus, o el encallamiento de una barcaza cargada de petróleo que pone en vilo la salud el uno y la economía mundial la otra. Donde unos vemos que se ha de acabar con esta invasión del combustible fósil que ahoga la tierra, otros ven un medio de ganancia y se lamentan de los millones de pérdidas y no por las toneladas de combustible que se consumen solo por llevar más toneladas de crudo en contenedores.

Yo he perdido la esperanza en que nos podamos encontrar quienes vivimos en Universos paralelos. Porque los principales protagonistas no quieren y los que queremos somos principalmente los más débiles, quienes no tenemos poder para imponerlo. Quienes hablan del comunismo como la imposición de UN pensamiento único (cosa que no es cierta), ocultan sin pudor el mundo que nos imponen cada día condenado a la muerte y la destrucción.

Y lo peor es que quienes atacan lo que ellos llaman extremismos, los están engendrando cada día más. El polo comunista está cada vez más enfrentado al polo fascista. Aunque ellos llaman al fascismo moderación y centro y llaman comunista a todos lo que no piensan como ellos. Ser comunista no es un insulto. Pero el tono en el que se dice enciende todavía más la indignación de quienes protestamos por la brecha social a la que estamos irremisiblemente condenados.

Siempre pensé que dentro de cada persona habría un punto común en el que nos podríamos encontrar. Pero hoy ya lo dudo, porque nuestro interior también lo construimos nosotros mismos, y si lo cerramos con prejuicios y mentiras, acabamos creyéndolas como dogmas. Y un dogma es la muerte del pensamiento libre. Porque por muy evidente que sea una verdad absoluta, siempre puede haber una excepción, una situación que requiera flexibilidad de juicio, siempre puede haber un cambio social.

Hoy para mí el infinito está vacío de contenido. Lo veo inmenso y hermoso cuando lo contemplo en el cielo. Pero no tengo experiencia de la vida que parece presuponer, ni de la eternidad que parece encerrar.

Ojalá sea así algún día. Pero hoy, en este punto de la historia, no puedo evitar una profunda compasión por los seres humanos y una profunda pena por vivir en un Mundo paralelo sin fusión posible. Demasiado orgullosos para amarnos. Demasiado orgullosos para pedir ayuda. Demasiado cobardes para arriesgarnos a gritar sin que nadie nos escuche. Quizá el Universo infinito camine por sí solo y no nos necesite. He ahí nuestra arrogancia y, quizá, nuestra esperanza.


… quizá sea posible también que unos mundos paralelos se encuentren

Deja un comentario