Moderación vs comunismo

La madre de todos los sofismas

Moderación y sensatez frente al comunismo, terrorismo e independentismo es la última falsa disyuntiva que Inés propone en un verdadero alarde de lógica sofista embaucadora. Y lo hace, como siempre, envuelta en la bandera española y con piel de cordero.

Todos conocemos la trayectoria lamentable de Cs, cuya esencia en origen es el anti-independentismo catalán que luego tuvimos la desgracia de soportar a nivel nacional, convirtiéndose en un elemento corrosivo que ha logrado envenenar a toda la derecha española. Del mismo modo que algunos partidos independentistas como JxCat tienen como obsesión suprema la independencia, Ciutadans nació como su antagonista, con la misma desmesura. De modo que, el problema catalán, que llevamos arrastrando durante décadas, pasó a la primera línea de los problemas nacionales de España.

Lo peor de este partido es que, en nombre de un falso sentido de Estado, se ha acostado con todo aquél que más le convenía para crecer y logró un cierto poder en nuestro país, hasta que su constante derechización acabó prácticamente con el partido y con la salida por la gatera de su antiguo líder, al que ya nadie nombra, porque ni está ni se le espera. Pero ese líder nos dejó en herencia a su peor engendro, que, hoy sí, encabeza a Cs y que de repente el PSOE le ha dado un inesperado protagonismo, al caer en sus redes y creer que el sentido de Estado le llevaba a considerar a todos los partidos por igual. De modo que Inés no ha perdido la ocasión para sacar el máximo partido a su inesperada relevancia mediática de cara a los presupuestos generales del Estado que están (¡Ay!) aún por resolver.

Esta mujer ya se inventó las falsas disyuntivas entre nacionalistas y españolistas, constitucionalistas y separatistas, moderados o comunistas. Ahora, en el clímax de su paroxismo anti catalanista comunista, se inventa que sus presupuestos e ideas son moderados y sensatos, frente a los de los comunistas, etarras y separatistas. Esta disyuntiva es a todas luces falsa, puesto que a los partidos que se refiere (UP, ERC y EH Bildu) son tan legales con el PP, Vox y ella misma. Son todos, pues, constitucionalistas y españoles, aunque, como es de esperar, tienen ideas diferentes a las suyas y proponen reformas importantes en nuestro sistema político y económico. Pero eso a ella y a todos sus seguidores les parece inaceptable. Quienes acusan a la maltrecha izquierda de pensamiento único son quienes precisamente lo practican, porque esta mujer con piel de cordero ha conseguido unir Cs, PP y Vox en una Trinidad solo comparable al dogma católico del dios uno y trino. Se distinguen por los nombres, pero no en el contenido.

Ha logrado un nuevo milagro: ha ultraderechizado a toda la derecha española, haciendo imposible distinguir entre unos y otros. Lo único que les diferencia es que, además, busca derechizar al PSOE, haciéndole perder su propia esencia republicana y de izquierdas. Ya lo dice Rufián: negociar con Cs es la muerte del PSOE.

Pero hay una vacuna con la que no cuenta la ultraderecha española: el Gobierno de coalición está tan firmemente consolidado (saben ambas partes que les va la vida en ello) que no lograrán vencerlo. Su política de acoso y derribo hasta la fecha no ha causado el menor efecto, a pesar de sus constantes insultos y escraches, que han pasado a convertirse en delitos de odio, más allá de la libertad de expresión, cosa ante la cual, no reacciona la justicia española, arropada por el empeño político fascista de no renovar el Consejo del Poder Judicial, del que seguimos huérfanos, y en el que, incomprensiblemente, sigue metiendo baza el poder legislativo, cargándose el más básico principio de la democracia, que es la división de poderes.

Ya sabíamos que el otoño iba a ser caliente por todas las actitudes exasperantes de estos meses de pandemia, y por el chusco anuncio de Vox de una moción de censura. Debe de estar agazapado preparando su estrategia, porque de momento su voz no se oye en ninguna parte, dejando que la fruta madure por sí misma, y esperando que pase el tiempo para que se olviden los últimos problemas fiscales de su alta dirección. ¿Se atreverá a proponerse como líder alternativo?

La vacuna contra la derecha necesita el apoyo de quienes lo hicieron posible

Espero que todos quienes hicieron posible que este Gobierno de coalición comenzara en su momento no se dejen engañar una vez más por estos cantos de sirena que no auguran sino un desastre nacional. Necesitamos con urgencia que la prioridad total esté en la inversión social que defienda los intereses de los trabajadores, de los servicios públicos y de los colectivos más vulnerables. Y eso significa redistribución de la riqueza, lo que implica una mayor fiscalidad a quienes más tienen, control de Hacienda a la corrupción y a la evasión fiscal.  Sin eso nos vamos directos al tercer mundo sin democracia, justicia social, ni derechos humanos.

Me da pena el rumbo equivocado de la derecha española, que nos lleva a una confrontación continua que el Gobierno intenta suavizar con todos los medios a su alcance. Pero mucho me temo que esto no va a ser posible. Así es que lo menos que se puede pedir es que todos seamos transparentes y digamos lo que realmente pensamos. Nuestra sociedad está intoxicada por el veneno neoliberal, fruto de las décadas de corrupción política y social que hemos padecido en nuestra frágil democracia.

Los que somos comunistas de verdad y buscamos la justicia social nos vemos insultados cada día por el poder económico disfrazado en forma de política moderada potenciada por los medios de comunicación que se han dejado comprar. Desear la igualdad real de oportunidades y que nuestras instituciones sean un medio para conseguirlo es totalmente constitucional. Lo demás es pura ansia de poder y un fanatismo franquista que todavía vive. La familia Franco así lo demuestra. Hay que cambiar de una vez, y ahora tenemos una nueva oportunidad para recomenzar a vivir en una sociedad más justa si los principios del Estado social se consolidan, desterrando para siempre el neoliberalismo corrupto, nuevo disfraz del capitalismo, que no duda en tener millones de personas trabajando en negro y recortando todos los caminos que llevan a reforzar nuestros servicios públicos. Una renovada democracia y, entonces sí, una nueva normalidad.

La cara oculta de la ultraderecha

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