¡Menuda sarta de mentiras!

Honestidad y poder

El título de la serie en castellano Sucesor designado, hace referencia a la figura del Sobreviviente designado. En Estados Unidos, un sobreviviente designado (sucesor designado o superviviente designado) es un individuo en la línea presidencial de sucesión, usualmente un miembro del Gabinete, que está dispuesto a estar en un lugar físicamente distante, seguro y no revelado cuando el presidente y otros principales líderes del país (por ejemplo, el vicepresidente y los miembros del Gabinete) se reúnen en un único lugar. Esto ocurre por ejemplo en el discurso del Estado de la Unión y las inauguraciones presidenciales.

Su objetivo es garantizar la continuidad del gobierno en caso de un evento catastrófico que acabe con la vida del presidente y la de los funcionarios en la línea presidencial de sucesión. Si ocurriera tal acontecimiento, matando tanto al presidente como al vicepresidente, el funcionario superviviente más alto de la línea, posiblemente el sobreviviente designado, se convertiría en el presidente interino del país bajo la Ley de Sucesión Presidencial.

Interesante serie sobre un tema demasiado manido como es la política estadounidense, que siempre peca de chauvinista. La primera temporada es excelente, pues supera cualquier prejuicio con su ritmo, trama y espectacular actuación de Kiefer Sutherland a la que nos tiene tan acostumbrados. Pierde fuelle en la segunda temporada, llenando minutos de metraje a base de rizar el rizo y culmina con una tercera temporada que cierra dignamente una serie que en principio iba a ser más duradera. Curiosos paralelismos entre las políticas de aquel país y el nuestro que llega a tocar temas tan de rabiosa actualidad como las amenazas al capitolio, o las pandemias provocadas, que, aunque recurrentes, toman un nuevo significado en estos momentos. Logra que nos sintamos identificados con situaciones en principio muy lejanas a las nuestras, pero con un denominador común que se resume magistralmente en la última reflexión del presidente. Hay que verla hasta final y, con todos sus defectos, no cabe duda que dejará satisfechos a los paladares más exigentes.

La trama gira en torno a un hombre honesto que es elegido circunstancialmente a este cargo con torticeras intenciones, pero que tras un acontecimiento catastrófico se ve nombrado presidente y actúa de un modo inesperado ante la política dualista y retorcida de nuestras democracias. La tesis de la serie viene a calificar la política tradicional como una sarta de mentiras en donde la honestidad es imposible de sobrevivir en un contexto de ambición despiadada por el poder.

Los parecidos con la realidad no son pura coincidencia

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