Mascarillas, guantes, mamparas

¿Con qué material nos protegemos?

Estos tres elementos estrella de la pandemia se utilizan como medio necesario de protección en diferentes circunstancias que todos conocemos. Pero la experiencia ha puesto en evidencia (¡una vez más!) la escasa preparación ecológica de nuestra sociedad avanzada.

El plástico ha sido el rey de las últimas décadas por sus múltiples usos y maleabilidad, hasta que nos hemos dado cuenta del problema que trae a nuestro planeta. Me refiero a darnos cuenta como sociedad, porque empresarial y científicamente, creo que ya se habrían dado cuenta mucho antes de que estaban ofreciendo un remedio envenenado a nuestro consumo.

Sin embargo, tanto que se habla de apoyo a la investigación, tecnología y nuevos materiales, se ha avanzado poco o nada en crear materiales de características parecidas al plástico, pero totalmente biodegradable y/ o reciclable. Quizá no era rentable. Como tampoco era rentable la investigación en pandemias y hoy se considera una prioridad, al menos de boquilla, porque cuando termine la pesadilla del coronavirus, quizá se vuelva a las andadas.

Durante estos meses de pandemia y los que quedan, serán toneladas y toneladas de guantes, mascarillas y mamparas las que quedarán amontonadas para la sociedad postapocalíptica del futuro. Si ya es lamentable que la gente tire estos materiales (quizá infectados) al suelo, lo es mucho más, si estos elementos no se pueden reciclar adecuadamente o sus componentes tardan siglos en biodegradarse. Más información.

Como trabajador sociosanitario me planteé esta cuestión, en cuanto pasaron los primeros meses y comenzó la desescalada. Desde siempre hemos utilizado guantes diferentes para cada usuario y, en ocasiones, más de un par, si había que hacer tareas de distinta índole que requerían la mayor asepsia posible. Y claro, los guantes con la pandemia volaban: un par para el trayecto de ida, otro par (o más) para realizar el trabajo, otro par para ir al otro servicio y así hasta terminar la jornada. A mascarilla por usuario y por trayecto entre usuarios. Vayan haciendo cálculos. Y ya no digo en un hospital con sus batas, calzas, gafas, mamparas, etc. etc. Todo es material desechable que van acumulando montañas de residuos eternos.

Así, pues, nos las hemos tenido que ingeniar para reducir al mínimo el gasto en estos materiales, combinando su reutilización con geles desinfectantes o lavado con agua y jabón, controlar el tiempo de cada mascarilla, etc. También, en la medida de lo posible, hemos realizado los trayectos a pie, para evitar espacios cerrados y con acumulación de personas. En los días de confinamiento, el medio ambiente lo notó, y mucho. Otra evidencia a reflexionar.

Aunque estos parches no solucionan el problema, si todos contribuyéramos en alguna cosa, también se podría evitar una parte de la contaminación. Pero luego, cuando vamos a los supermercados, por ejemplo, millones de guantes y millones de bolsas transparentes para productos no envasados. Y lo mismo se puede decir de otros comercios, donde además tienen mamparas de metacrilato que es ni más ni menos que plástico, aunque ya hay investigaciones que han logrado hacer algún tipo biodegradable, o al menos eso afirman. Más información.

Así es que la sostenibilidad del planeta es, a todas luces, el problema número uno de nuestro siglo. Porque de ello depende incluso que nos podamos defender de los virus, de las hambrunas y de un montón de hábitos nocivos que no hay más remedio que suprimir como los tipos de materiales y combustibles, sustituyéndolas por energías renovables y materiales biodegradables.

Así pues, hoy, que nos tenemos que poner la mascarilla por obligación, es el momento de preguntarse: ¿de qué material? Y lo mismo respecto a guantes, mamparas y otros elementos preventivos. Esa pregunta ya no puede quedar sin respuesta o para el futuro. Es la pregunta que se tenía que haber respondido ya hace años, antes de la pandemia, ayer.

El ser humano tiene muchas cosas de qué arrepentirse en su breve historia, pero la necedad del siglo XXI no tiene parangón, puesto que ahora sí tenemos la ciencia y el conocimiento suficiente para cambiar. Y es lamentable que para defendernos de un virus tengamos que seguir haciendo daño al planeta. Yo creo que sí se pueden pedir responsabilidades a quien corresponda (a nivel global y regional) y que, los científicos, muy poco visibles, deberían hablar más de estos temas y no dejarse absorber por las multinacionales que, cuando inventan, no suelen pensar más allá de sus propias ganancias inmediatas. Un horror y un lamentable error.

Paisaje postapocalítico

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