Marquesa

¿Sangre azul o sangre roja?

La nobleza en el Antiguo Régimen era una de los tres estamentos junto con el clero y el pueblo llano; cada uno poseía un blasón y una divisa establecidos según las normas de la heráldica, y podía formar parte de la Corte del rey (nobleza cortesana) desempeñando algún cargo en el reino o dedicarse a gobernar sus posesiones o, a falta de guerra, dedicarse a la caza; desde el renacimiento, los más poderosos formaban a su alrededor también una corte o ejercían el mecenazgo artístico y cultural. Su carácter preponderante fue prácticamente abolido en la esfera política, ante el cuestionamiento de la legitimidad de su dominio y frente al argumento de la Ilustración. Su influencia se mantuvo aún después de las revoluciones burguesas (1789, 1820, 1830, 1848) y proletarias (1917), no obstante, las permanentes presiones por eliminar una distinción introducida entre seres humanos esencialmente son iguales. Más información.

Según el diccionario, nobleza es la clase social formada por las personas que poseen títulos nobiliarios concedidos por el rey o heredados de sus antepasados. Por tanto, marquesa, entre tú y yo hay una ficticia diferencia de clase que surge hace siglos y que hoy no tiene el más mínimo sentido, incluido el que da dichos títulos: un rey que hasta se decía investido por dios, por si alguien dudaba de su poder en un mundo estamental y supersticioso.

Así pues, partimos de un hecho anacrónico que te coloca en una clase inexistente en una sociedad igualitaria como la nuestra, pero que algunos se empeñan en mantener a toda costa en una suerte de fanatismo político/religioso. Legalmente, esta es una de las muchas lagunas que empañan nuestras democracias contemporáneas o, por lo menos, nuestra democracia española.

Al ostentar ese título me das fe de tu antidemocracia como punto de partida. Pero no es eso lo peor, ya que tendría fácil arreglo aboliendo tales títulos y tal clase fantasma. Lo peor es que te has convertido en portavoz de un Partido por tus muchos méritos, entre los cuales está sin duda tu incontinencia verbal, que no repara en medios para sembrar la discordia, la mentira y la calumnia con tal de conseguir los propósitos de un Partido del que ya eres prácticamente la reina. Quizá tu maestro Jiménez Losantos te enseñó la fórmula adecuada. Has logrado saltar por encima de tu presidente y ante ti se quedan pequeñas otras lenguas largas de tu Partido, incluido tu expresidente exbigote, que se reserva para aparecer de vez en cuando, lanzando sus dogmas que sacralizan, una vez más, tus palabras carentes siquiera de la más mínima educación social. 

Has logrado representar a todo un gran sector de nuestra sociedad española, agrupando a tres grandes partidos y otros satélites menores. Más de uno te elegiría presidenta del Gobierno y encima haría gala de su democracia de género. No me da pena tu figura (pues eres libre de ser como quieras), sino lo que tú representas, porque, a fin de cuentas, son muchos los que te apoyan y te votan. Pero yo me pregunto: ¿cuando te miras en el espejo te ves a ti misma como eres o como lo que representas? ¿Te has llegado a creer todo lo que dices, aunque sean mentiras que hacen daño a las personas y a la sociedad? ¿Te pasa como a Dorian Gray que solo él era capaz de ver su verdadera cara?

La duda razonable es todo lo que puedo hacer por ti. Porque para mí representas lo peor de la política española, del mismo modo que yo sería para ti una basura comunista y podemita. Eres la encarnación viva de que existen dos Españas, las mismas de la guerra pasada, que siguen creyendo que somos de dos clases diferentes.

Pero yo no creo que haya dos clases de personas. Creo que todos somos iguales, pero que, algunos, los más privilegiados, podemos escoger el camino a seguir, los valores a defender y lo que de verdad queremos ser. La mayoría no ha podido mientras luchaba por salir de la miseria. Pero tú y yo podemos, hemos podido. Al final la muerte nos colocará en la igualdad más absoluta. Y ante esa evidencia, ¿no crees que vale la pena replantearse por lo que uno lucha en la vida? Del error sólo nos puede salvar la escucha, que es el principio del diálogo. Yo veo tu retrato y veo prepotencia y mezquindad. ¿Será ese tu verdadero rostro que has construido cada día un poco más? ¿O quizá hay alguien humano detrás?

Esa duda es la que te puedo ofrecer a ti y a los que representas. ¿Serás capaz de hacer lo mismo por mí y por lo que represento? Me queda un hilo de esperanza, porque una marquesa no es más que una mujer.


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