Mami


Gran Diosa Madre de Anatolia (6000/5.500 a. C.)

Mañana se celebra en España el día de la madre. Las primeras celebraciones de este día se remontan a la antigua Grecia, donde se le rendían honores a Rea, la madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades. Posteriormente los romanos llamaron a esta celebración Hilaria cuando la adquirieron de los griegos. Se celebraba el 15 de marzo en el templo de Cibeles y durante tres días se realizaban ofrendas. Con la llegada del cristianismo se transformaron estas celebraciones para honrar a la Virgen María, la madre de Jesús. En el santoral católico el 8 de diciembre se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción, fecha que los católicos adoptaron para la celebración del día de la madre.  En España existen registros que datan del año 1330 en que las cofradías, creadas en honor a la virgen de la Inmaculada en Gerona, le rendían culto. Teniendo en cuenta este dato y que la fiesta de la Inmaculada ha sido fiesta de guardar en España desde 1644, el Día de la Madre en España se celebraba el 8 de diciembre. Más información

El origen contemporáneo de esta celebración se remonta a 1865, cuando la poeta y activista Julia Ward Howe, organizó manifestaciones pacíficas y celebraciones religiosas en Boston, en donde participaron madres de familia que fueron víctimas de la Guerra de Secesión. ​ Ella propuso establecer un día especial como una forma de reconciliar a las partes en conflicto. Por esa misma época, Ann Jarvis, activista de Virginia, viendo el éxito de las convocatorias de Howe, organiza también reuniones, en donde las madres se reunían para intercambiar opiniones sobre distintos temas de actualidad. Más información

Es curioso que la mayoría de las celebraciones tengan un origen religioso, que ha sido durante la mayor parte de la historia humana el modo más usual de honrar aquellas cosas consideradas más importantes en la vida. Y no cabe duda de que la maternidad, que hasta el día de hoy es el único camino para perpetuar la especie, se le tenga una consideración especial, porque en ello nos va sencillamente nuestra existencia. Es curiosa también la celebración de una maternidad virginal impulsada por la iglesia católica, que no hace sino aprovechar la antigua mitología greco-romana que daba gran significación a los niños engendrados por los dioses de un modo sobrenatural en mujeres vírgenes, tan honradas por este hecho en toda la cuenca mediterránea. Más información. A su vez, con anterioridad, la diosa embarazada neolítica, es la diosa de la Fecundidad, tanto de la Naturaleza, como de los animales o los seres humanos. Es la Gran Diosa Madre que explica la cantidad de Vírgenes católicas que por doquier se veneran en torno al Mare Nostrum. Más información


Una virgen alumbra al hijo de un dios

El carácter reivindicativo de la fiesta más contemporánea, tampoco es de extrañar, dado el papel que las mujeres han jugado en nuestra sociedad de pilar familiar y social que no se ha tenido en cuenta, en una sociedad patriarcal. Esta reivindicación sin embargo se ha desviado hacia el día de la mujer, quedando el día de la madre como una día más bien comercial y festivo-familiar sin mayores pretensiones. No en todo el mundo se celebra el mismo día y se ha ido adaptando a las diferentes culturas.

Sea como sea, las fiestas son siempre bienvenidas y más si celebramos el amor que nos une a nuestra madre y que deberíamos valorar cada día. Yo siempre he considerado que nuestras etapas evolutivas no anulan las anteriores y que, por tanto, en cualquier momento de nuestra vida seguimos teniendo nuestro yo infantil, adolescente, joven, adulto y anciano. Podemos vivir en cada momento una gratitud y unión especial con aquellas personas que han sido fundamentales en nuestra vida. Y la madre es, sin duda, una de las más importantes. No hay que olvidar que la maternidad debe apoyarse y ser considerada hoy como un acto de generosidad, en donde se sigue arriesgando la propia vida y la propia libertad por un amor natural que va más allá de nuestro propio ser individual.

Honrar la maternidad universal unida a la naturaleza y a toda la existencia en general es algo que debemos cultivar siempre, aunque cambien las formas. Es una de las manifestaciones de amor más genuinas que se pueden mostrar y esto hay que valorarlo y protegerlo, sin olvidar que la maternidad, por muy definitoria que sea, es solo una faceta de la mujer como persona, que es algo más que una fábrica de niños. No lo olvidemos nunca, pues es algo que también hemos de honrar. No se puede definir exclusivamente el todo por la parte y ser madre no es una excepción. El ser humano es mucho más que una función social o económica, y en eso participamos todos. Por eso hay que seguir luchando. El abnegado amor de una madre tiene que seguir siendo un ejemplo para poder vivir cada día con generosidad y empatía, sabiendo que todos procedemos de una misma madre, aunque bajo distintas formas. Es el modo que tiene la naturaleza de hacernos únicos a la vez que somos parte del mismo universo.


Todos somos hijos de una misma madre

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