Los pecados de la Iglesia

Los Borgia, un ejemplo de moral católica

Últimamente está revuelto el cotarro por dos temas eclesiásticos: pederastia e inmatriculaciones. Pero la Iglesia católica encuentra siempre una salida airosa para sus vergüenzas: la pederastia no es sólo su pecado, sino de toda la sociedad entera, y en cuanto a sus propiedades ilícitas, se trata de regular y no de devolver.

Para empezar, usa el manido argumento de diluir responsabilidades, porque, a fin de cuentas, ¿quién está libre de pecado? Pederastas hay en todas partes, claro, pero no en la cantidad y calidad de esta institución, que alardea de una moral sexual virginal, permitiendo el uso del sexo solo con fines reproductivos (siguiendo la obra creadora de dios). Por otro lado, los abusos con niños, está muy relacionado con la situación de poder franquista que otorgó a la iglesia el monopolio de la enseñanza en España, cosa que aprovechó para educar a varias generaciones en su absurda moral sexual y en otras supercherías en las que no vamos a entrar, pero que hicieron un daño terrible (físico y mental) a quienes se consideraban merecedores del infierno por no ser capaces de conservase puros. Y eso tanto curas como laicos.

La pederastia, además, es solo uno de los aspectos de sus múltiples pecados sexuales, pues también tenían sus escarceos sexuales (algunos amorosos) con adultos y adultas, en un entorno totalmente masculino (y ya sabemos lo que ocurre en entornos monosexuales con represión), en donde la mujer sigue sin tener cabida como ministras de dios. Por lo demás, de noche todos los gatos son pardos y los curas no tenían más que quitarse las faldas para pasar desapercibidos en cualquier ambiente y eran muy quiénes para salir a ligar o putear o abusar. Todo queda en casa, en secreto. Y cuando se saben estas cosas se ocultan, se pagan chantajes o, como mucho, se traslada al pecador a otro lugar donde no le conoce nadie, siguiendo a sus anchas.

Cierto que la moral libertina no es solo de curas, pero la hipocresía y el engaño de martirizar a una sociedad con una falsa moral que no tiene pies ni cabeza y encima no ser capaces de observarla, ni siquiera los religiosos, que lo hacen por voluntad propia y no obligados como los curas seculares a quienes se les impide casarse, implica una mayor responsabilidad y culpa. Hay quienes hacen lo mismo, pero no alardean de hacer lo contrario en pro de una supuesta fe que condena a los otros, pero no a ellos.

Las palabras del Papa Francisco diciendo que no es quién para juzgar a los homosexuales, etc. son un gesto vacío de contenido. Porque si alguien es homosexual se supone que hará prácticas sexuales no acordes con la moral católica. Y quien dice eso dice cualquier cosa que tenga que ver con la sexualidad no reproductiva a la antigua usanza. Palabras, palabras que se las lleva el viento.

La verdad es que no sé cómo hay personas que, aunque sólo sea por esta locura de raíces supersticiosas medievales, donde la virginidad era un valor (en las mujeres), como lo demuestra el hecho de la madre divina de muchas culturas, se pueden seguir manteniendo unidas a una institución desfasada, hipócrita e irracional. Si ha hecho algún bien ha sido por excepción y por la falta del suficiente apoyo estatal a los problemas sociales en lo que la iglesia ha contribuido por caridad y no por justicia.

Y lo de las posesiones de la Iglesia, otra que tal. Sus privilegios le han hecho dueña de muchas cosas que no le pertenecen y que ha heredado de algunas personas a las que les lavaron previamente los cerebros. Ahora reconocen que no todo está regulado, pero ahí se quedan, devuelven algunas cosas a las que no les saca partido, pero se quedan con las posesiones que les interesan. Pues bien, si se admite que tienen derecho a tener sus posesiones privadas, que paguen sus impuestos acordes con sus bienes y, si no pueden, que el Estado se lo embargue y quede como bien público. Las construcciones privadas o las de culto es lo mismo. Si no pueden mantenerlas, que sean los propios fieles quienes lo paguen con sus donaciones, y no  las arcas del Estado, que debe preocuparse del bienestar de todos, y no de unas supuestas necesidades espirituales en el seno de una iglesia concreta (que también aquí se discrimina). Son libres para hacerlo, pero no debemos pagarlo todos. Y lo mismo hay que aplicar con todo el bagaje artístico de valor que puedan tener, que ha de someterse a las leyes generales de la Hacienda pública.

Todo se resume: si no queremos más problemas de este tipo, la solución es declarar un estado laico por Constitución y ser tratados como cualquier ciudadano. Los delitos se someten a las leyes penales vigentes.  No se debería reconocer siquiera al Estado Vaticano, que no ha hecho más que fomentar este tipo de cosas de la unión de poderes que provienen de la edad media y que dan alas a las conferencias episcopales para seguir sus propias leyes y ser tratados como ministros por los Gobiernos de un Estado. Las creencias religiosas no son un partido político y ni mucho menos una teocracia. Pero aún estamos muy lejos de sentirnos libres de estas cuestiones. Parece que son muchos los millones que siguen encontrando consuelo en las falsas promesas celestiales tras la muerte, aunque tengan que soportar semejantes escándalos, corrupciones y mentiras.

Regular, que no devolver, lo que no debería ser suyo. Un Estado laico no aceptaría esta foto.

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