Los pactos urgentes de 2020

La desigualdad global es la base que ha de movernos hacia un nuevo pacto social. Pero la finalidad de una sociedad más justa e igualitaria, no se puede conseguir de un día para otro y los pactos han de ir complementándose hasta llegar a la meta. Es difícil elegir qué es lo más urgente en lo que nos tenemos que poner de acuerdo.

En este punto habría que distinguir tres niveles: a nivel global, a nivel europeo y a nivel nacional. El año 2019 nos ha dado sin embargo unas pistas para podernos decidir en nuestra elección.

A nivel global, parece que el pacto más urgente es la necesidad de ponernos de acuerdo en poner los medios necesarios para evitar un cambio climático irreversible que acabaría con la vida del planeta, al menos tal y como la conocemos. El mantenimiento de nuestro hábitat es imprescindible para nuestra vida y, con ella, todos nuestros valores renovados en torno a esta cuestión ignorada durante décadas en favor de un beneficio económico de algunos intereses particulares. No ha sido casualidad que se esté celebrando una cumbre del clima en Madrid. Este hecho debería responsabilizarnos en nuestro compromiso más fuerte si cabe en nuestra lucha por un mundo saneado. Ser anfitrión no es solo ser receptor de palabras bonitas, sino de predicar con el ejemplo. Así es que esperamos que las conclusiones sacadas de esta cumbre se conviertan en realidad y las Naciones se sientan concernidas y sancionadas si no cumplen con lo pactado. Y eso es totalmente urgente. En el año 2020 hay que comenzar a trabajar ya de otra manera más radical, sin medias tintas. Acabar con los combustibles fósiles, adoptar las energías limpias, controlar el reciclaje de basuras, acabar con los plásticos y otros materiales mortales. Comenzar a cambiar nuestros hábitos y redirigir nuestras investigaciones hacia el camino correcto, respetuoso con el medio ambiente. Ya no se trata de promesas, sino de urgencias de vida o muerte. 2020 ha de ser el primer escalón de otros muchos hasta alcanzar un nuevo mundo. El primer pacto vital.

A nivel europeo, también es una elección difícil, pero nos decantamos, como el tema más escandaloso y, por tanto, urgente, de la inmigración. No se puede soportar la falta de respeto por los derechos humanos y convertir el mediterráneo en una fosa común, además de un vertedero de basuras y plásticos. Europa mira impasible desde sus transatlánticos la tragedia humana que ha de resolverse acogiendo, salvando vidas, cooperando en origen por la solución de los problemas, debidos sin duda a la distribución desigual del poder y la corrupción que lo acompaña. Europa, que se jacta de haber sido madre de civilización, se ha convertido en una colonialista invasora, cómplice de genocidios a escala universal. Si queremos recuperar la dignidad y ser ejemplo de democracia, tenemos que comenzar dando ejemplo de humanidad y de respeto por los derechos humanos. No se puede castigar a quien ayuda a salvar vidas, sino sancionar a aquellos que provocan las migraciones masivas. 2019 nos ha llevado al límite de la indignidad colectiva. El segundo pacto necesario.

A nivel nacional, España ha pasado un año tremendo, cumbre de cuatros años de constante incertidumbre y vaivenes políticos. Entre tantos problemas y falta de diálogo ha surgido con fuerza una cuestión que ha estado relativamente dormida durante mucho tiempo: el independentismo catalán, que cuestiona la unidad española. El desprecio gubernamental de muchos años, la actitud beligerante de muchos partidos políticos, las barricadas y las balas de goma, han azuzado un fuego que estaba en lo profundo de nuestra nación de naciones. Así no se puede solucionar nada y ha desestabilizado nuestra vida política, dejando un país a la deriva sin poder atender a problemas acuciantes como la corrupción, la pobreza o el desempleo. Es necesario un pacto social basado en el diálogo desde la legalidad. Sin miedo a reformar la constitución si es necesario, sin miedo a reconocer los errores de ambos lados. No jugar a ver quién es el más fuerte, no jugar a la provocación. Hemos estado jugando demasiado tiempo con fuego. La solución no será rápida, pero un primer paso urgente es sentarse a dialogar. Es el tercer pacto insoslayable. Abogamos por este camino del diálogo y por las necesarias reformas que permitan a las Comunidades Autónomas, no solo a Catalunya, expresarse. Queremos de verdad saber cuántos quieren la segregación. Un referéndum legal. Y sobre eso dialogar, ver las causas, las posibles soluciones. Y si fuera necesario, separarse. Pero no se puede seguir así. El respeto a las culturas propias de cada nacionalidad cabe perfectamente en nuestra Constitución. Hay que buscar fórmulas que satisfagan a todos y mirar el ejemplo de otros estados federales que conviven en paz. Pero hay que llegar con racionalidad, con la ley y con un verdadero pacto social. Las Comunidades no están para competir entre sí, sino para enriquecerse mutuamente con unas bases comunes. Pero todo eso se ha de revisar. Los excesos también se tendrán que sancionar. Por ambas partes.

El pacto por el clima, por los derechos de los migrantes y por un diálogo que nos lleve a las reformas constitucionales necesarias, son las primeras tareas del año que comienza. Los presupuestos del Estado no son solo de dinero, sino de lo que de verdad necesita el pueblo.

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