Los intocables

Los intocables incorruptibles

Los Intocables (The Untouchables en inglés) fue una serie de televisión estadounidense, transmitida entre 1959 y 1963 por la cadena American Broadcasting Company. Basada en el libro escrito por Eliot Ness y Oscar Fraley, recopila las memorias del primero, quien fue agente federal durante la Prohibición o ley Seca en Estados Unidos y de cómo luchó contra el crimen en Chicago en la década de 1930, con la ayuda de un equipo especial de agentes escogidos por su valor e incorruptibilidad, quienes fueron apodados «Los Intocables». Posteriormente, se realizó una película en 1987 dirigida por Brian De Palma también llamada Los Intocables (The Untouchables), con libreto de David Mamet.

Esta magnífica serie que algunos tuvimos la suerte de ver en nuestra infancia, se basa precisamente en el aspecto de la incorruptibilidad de un equipo de agentes ante las mafias durante la ley seca. De ahí que el título más acertado sería Les incorruptibles, como se llamó en la versión francesa. Quiero resaltar este matiz, porque precisamente al decir intocables quedaría ambiguo si no tenemos en cuenta el contexto. Es curioso que en la India la casta de los intocables sea la más baja de la escala, cuando aquí, en nuestra sociedad, los intocables son precisamente los de la casta más alta. Porque, una vez más, la élite capitalista representada por el Ibex 35 y una serie de grandes fortunas, son uno de los escollos más importantes para la regeneración de nuestra sociedad, también en la presente/futura era postcoronavirus. Porque son intocables.

PSOE y UP presentan sus propuestas de reconstrucción sin el impuesto a las grandes fortunas. Los socios de Gobierno plantean un acuerdo de mínimos para buscar el apoyo del PP en el que no hacen una mención expresa a la derogación de la reforma laboral ni al nuevo tributo, que Unidas Podemos intentará volver a plantear en los Presupuestos. Más información.

Así pues, una vez más, los comunistas que queremos romper España, tenemos que bajarnos los pantalones ante los intocables, la clase alta que lo es no precisamente por ser incorruptible, sino por todo lo contrario: el valor asimétrico del Ibex 35, los paraísos fiscales, la ventajas impositivas, la producción con mano de obra barata en el extranjero, las empresas fantasma offshore, son algunos de los medios que los intocables tienen para eludir impuestos o enriquecerse a base de la explotación esclavista del siglo XXI.

Lo peor es que desde el mismo Gobierno de España y desde distintos signos, se ha favorecido esta situación, rebajando los impuestos en proporción inversa a la cantidad de riqueza acumulada. Una vergüenza secular que nos pone a la altura de la edad media, pero con medios más sofisticados. El temor a que las fortunas salgan del país por el más mínimo impuesto es una falacia, puesto que el dinero sale igualmente y todas estas fortunas están dispersadas a lo largo y a lo ancho de los paraísos globales, sin que nadie imponga una ley justa que haga pagar más a quien más tiene en proporción directa a su capital.

Todos los que se llaman a sí mismos constitucionalistas  se olvidan aquí, intencionadamente, de que la misma constitución dice en su art.33.3: Nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por las leyes (subrayado nuestro).

Por tanto, la propiedad privada tiene un límite: el bien común, que está por encima del bien individual. A nadie se le quita lo necesario, sino de aquello que le sobra. La insoportable brecha social hace que nuestra sociedad padezca pobreza crónica y que ante problemas sociales como acabamos de ver en sanidad, sean los que menos tienen los que más lo sufran pagándolo con su propia vida.

Mal empezamos la reconstrucción social sin este impuesto. Mal empezamos si no se afronta la reforma laboral. UP, como siempre, es la voz del débil. Esperemos que esto no siga así y se pueda arreglar algo en los presupuestos. Pero me temo que no. Ojalá me equivoque.

Porque estoy convencido de que, mientras no acabemos con la corrupción y el fraude fiscal, mientras no hagamos todo lo posible por una redistribución drástica de la riqueza, con un nuevo enfoque del trabajo y de la propiedad privada, seguiremos con esta agonía que, quizá en algún momento desemboque en violencia. Todos dicen que no quieren eso, pero ¿qué hacen para evitarlo? De momento dejar a los intocables sin tocar, lo que significa mayor desigualdad y corrupción. Volver a las limosnas, a la mediocridad social. Y eso no anima precisamente a la paz social sino a todo lo contrario. Los políticos corrompidos de la derecha, aliados con las grandes empresas y fortunas, nos están dando una vez más una lección de poder que algún día tendrá que acabar. A las buenas o a las malas.

Algunos intocables corruptibles


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