Lo que provoca la migración

Oramas no quiere que su Canarias sea Lesbos o Lampedusa

Era cuestión de tiempo. Los pobres de todos los países más cercanos de África y Oriente Medio se vienen a Europa con el sueño (equivocado) de una vida mejor. Y Europa ha ido cerrando sus entradas por Turquía, Grecia, e Italia. Ahora les queda España, por su apeadero canario. Y la reacción no se ha hecho esperar: los políticos de Canarias gritan desaforados, no para resolver el problema de la migración, sino porque su única fuente de riqueza (el turismo) se ve amenazado, como si no lo estuviera ya por la pandemia y la caída económica generalizada. Los países se pasan el muerto (literalmente) los unos a los otros y no hay Gobierno que pueda con ello, porque no es un problema local sino global. Ya no solo es Europa sino el mundo entero el que se ve sometido a una migración sin precedentes ante la desigualdad que supone vivir en unos países minoritarios que sobreviven, aunque sus ciudadanos no tengan derechos, y una mayoría de países que no pueden siquiera sobrevivir y hacen lo imposible por ir a lo que les parece un paraíso por el simple hecho de poder conservar la vida.

Esta es la realidad que muchos no quieren ver. No es problema de un Gobierno, es un problema de la comunidad internacional, incapaz de mantener un rumbo humanitario que ayude no solo a las personas desesperadas que migran y mueren por el camino, sino a los países que están padeciendo la pobreza más extrema, a causa de un sistema productivo internacional que está acabando con el planeta.

Según el informe ONU 2020 hay 272 millones de migrantes, un 3´5% de la humanidad. Más información. Pero, por encima de eso, está el problema del hambre, que este año puede matar hasta 12.000 personas diarias, muy por encima del COVID-19, que es otro factor a tener en cuenta en el empeoramiento de la situación mundial . Más información. Si además contamos a todos los que huyen por cuestiones culturales o políticas, la realidad nos lleva a cifras que no creo se puedan calcular, porque todo eso cae en el anonimato más estricto a causa de la antigua ley del silencio que protege a todos los tiranos, golpistas y corruptos de la historia humana. El número de migrantes se queda corta y el número de muertos será siempre un misterio.


Una playa llena de muertos o migrantes malolientes espanta al turismo (hoy inexistente)

La migración es solo un síntoma del problema del hambre o de la persecución discriminatoria y estos a su vez son problemas del sistema productivo corrupto que afecta a los Estados en general y al cambio climático que está haciendo insostenible la vida. Las especies se extinguen tras un período migratorio en donde tratan de sobrevivir, pero ya sabemos el final.

Los humanos no somos diferentes. Nuestro ministro Marlaska ya ha dicho que la inmensa mayoría de ellos van a ser devueltos a su país. El problema sigue igual y no se cambiará hasta que toda la humanidad no cambie de modo de vivir. Cada uno se preocupa de mantener su propio negocio y pasa de todo lo demás. Canarias se preocupa de su turismo, Europa se preocupa de mantenerse al margen y el resto de países lo mismo. Algunos ponen muros de piedra o arena con armas  y otros ponen muros legales con paños calientes que no solucionan nada.

No hay un liderazgo internacional contra todo esto y las Naciones Unidas no pintan nada. Habría que tener un derecho internacional con un poder sancionador fuerte que lo impidiera. Pero los mezquinos intereses económicos a corto plazo de los países soberanos lo abortan. Ya oyen a nuestros propios políticos. Solo aquellos a los que llaman extrema izquierda se atreven a plantearlo, pero son frenados inmediatamente por la derecha y la división interna del PSOE que ralentiza la poca esperanza de cambio que nos queda en este país.

Hace años que la ciencia ficción nos propone buscar un planeta alternativo para poder vivir, pero eso no parece viable a día de hoy. La situación provoca desesperación, por un lado, por la impotencia de detener un proceso desbocado hacia la insostenibilidad del planeta y, por otro, una enorme sensación de vergüenza, que hace que vivir en este mundo sea francamente desagradable, donde la vida de nuestros semejantes no importa y se mira solo por el propio interés. Y mientras, los políticos discuten sobre Bildu y Cataluña. Eso es vivir en otra Galaxia, eso sí, sólo existente en su enajenación mental. Si nuestros líderes no bajan a la realidad, no hay nada que hacer.  Uno se cansa de patalear y de no ser escuchado.  Esperemos que la vía del diálogo y el consenso se imponga a la vía de la muerte y el silencio. Así debieron acabar otros mundos.

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