Lo imposible

Lo imposible

Hay cosas que parecían imposibles: una nueva guerra en Europa, una amenaza nuclear explícita, un diálogo imposible con el dictador del aborregado pueblo ruso. Y ahí están.

Pero lo cierto es que, si lo pensamos, para el ser humano nada hay imposible: ha cambiado hasta las mismas leyes de la naturaleza, ha dominado el genoma humano, ha logrado expulsar a Rusia de las Naciones Unidas.

Pero, si seguimos pensando, en realidad esto ha estado cantado desde el minuto uno de la fallida desnuclearización de las antiguas potencias rivales.  ¿Qué si no predecía la escalada de armamentos guardados en los armarios?

Una guerra no es algo que se produce apretando un botón. Mucho antes se han estado apretando otros botones rojos ante los que se ha mirado hacia otro lado. No es una máquina imparable, porque en cualquier momento se puede apretar el botón de reinicio.

Y lo mismo cabe decir del imperialismo capitalista que está detrás de todo esto. Ahí se ha estado gestando años y años y no lo hemos querido ver, hasta que nos ha explotado en la cara (ucraniana). El heroísmo de ese pueblo y las atrevidas sanciones que por primera vez se ponen en marcha son signos terriblemente dolorosos e impactantes. Pero no basta con eso.

Si apretamos el botón de reiniciar, hemos de tener claro hacia dónde está dirigida la maquinaria. ¿No habría que cambiar la misma base desde donde se parte y el fin hacia donde camina? Admitir que en este mundo hay diferentes clases de humanos y naciones en cuanto a su poderío económico y armamentístico es una base equivocada que nos ha traído tantos desastres ahora y en toda nuestra historia.

Hay que acabar de una vez con esta situación por el medio que sea. No se puede soportar que alguien incapacitado para la democracia esté dominando el mundo y haya quien le aplauda o guarde silencio. Porque eso no solo pasa en esta guerra. Es que en Europa está creciendo el fascismo ante los ojos impotentes de una maltrecha y dividida izquierda, algunos valientes de palabra, pero inactivos de hecho.

El ser humano es capaz de morir por una cosa etérea que llamamos dignidad, que se sustenta en otra cosa que hemos inventado para su eficacia que se llama derecho. ¿Pero de qué sirve un derecho sin garantías? ¿De qué sirve gritar por la paz, cuando están matando delante de nosotros a miles de personas inocentes? ¿Cuántos más han de morir? ¿Cuántos mueren por lo mismo cada día en el mundo, este mundo repleto de hijos de Putins disfrazados de ovejas?

No olvidemos que es el pueblo quien da el poder a los que mandan hacer estas terribles cosas. Si no cambiamos eso, no cambiamos nada. Lo imposible. Como lo eran antaño tantas cosas que hoy son cotidianas. Pero el mal de raíz está en no querer darse cuenta de que estas cosas pasan porque consentimos que pasen. Y eso no lo podemos repetir, porque se nos acaba el tiempo. Al precio que sea. La historia nos ha dado tristemente tantas lecciones que es imposible ignorarlas. Si alguien quiere comprar el gas ruso a cambio de la sangre ucraniana, que sea consciente de ello. No es imposible acabar con esto. No es eso LO IMPOSIBLE.

Ya no bastan los gestos, por muy valientes que sean

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