Leyes para la esperanza

Se ha aprobado la ley para evitar los desperdicios de alimentos, siguiendo las directrices de la FAO (2015) que la Comisión Europea desarrolló en 2016. Francia, Italia o Alemania nos preceden en crear leyes, a las que sin embargo España supera ahora sobre todo en cuanto a su régimen sancionador, cuestión de vital importancia para la efectividad de las normas. Más información

Todo un radical cambio en nuestras costumbres despilfarradoras, hijas del capitalismo, que nos hacen producir excesos alimenticios y que empujan a los ciudadanos a hacer lo propio, acumulando alimentos y congelados que luego van directamente a la basura. Son muchas las razones calculadas en miles de millones de euros que hacen insostenible este tipo desmadrado de producción y consumo, mientras más de la mitad de los habitantes del planeta están pasando hambre. Cuando se habla de la redistribución de la riqueza, lo primero que se ha de tener en cuenta es la redistribución de la comida. Un asunto económico sí, pero que como humanos tiene una dimensión ética que nos debería dar vergüenza. No tenemos ningún derecho a tirar ningún alimento a la basura, si es que nos consideramos seres humanos, capaces de sensibilizarnos más en el cuidado de los animales (que también tienen sus derechos) que en nuestra propia especie. Se trata del día a día. De la compra que hacemos, de los restaurantes que surgen como hongos en esta economía de hostelería y pandereta, de cómo educamos a nuestros hijos y de cómo tiramos (los que pueden) el dinero en forma de comidas, fiestas, viajes y caprichos de todo tipo.  

Habrá que regular correctamente la producción, el transporte, la restauración, la venta, la calidad sanitaria, el reciclaje y una serie de cosas más para que sea sostenible, para que todos los intervinientes en la cadena alimentaria seamos capaces de consumir razonablemente, repartiendo entre todos lo que es de todos. Salarios dignos y legales para todos ellos, como la otra cara de las malas costumbres alimenticias.

Otra ley que aún deberá ser perfilada y aprobada va a ser la ley de abolición de la prostitución como una de las formas de esclavitud contemporáneas, mantenidas por mafias con un desprecio mayoritario sobre las mujeres, que encubre un problema radical de pobreza en el mundo y que empuja a algunas personas a hacer tales servicios para poder alimentarse a sí mismas y a sus familias. Un síntoma de algo que ha existido siempre, pero con diferentes facetas, desde las prostituciones sagradas y bacanales romanas, hasta la más degenerada forma de esclavitud, guerra y chantaje cultural. También en esto seguimos los pasos de Naciones Unidas (2002) y de la Unión Europea (2014), pero su aplicación está muy retrasada y con grandes diferencias entre unos países y otros. Más información

Naturalmente habrá que abordar ciertas prácticas de contactos sexuales, como las que ya desde hace tiempo se establecen en el colectivo de personas con diversidad funcional y otro tipo de personas a las que no les resulta fácil el acceso a la sexualidad. Sobre el principio de libertad y dignidad humana habrá que abolir todo aquello que atente contra las mismas. Un negocio que mueve miles de millones también y que, como otros tráficos ilegales, hay que abolir para reinvertir todo ese caudal de beneficios en vidas sanas con pleno disfrute de los derechos al trabajo, vivienda y todo el bienestar que la sociedad puede y debe ofrecer.

Es mucho el trabajo que queda por hacer, pero el hecho mismo de que ya se esté hablando de estos temas, como hace poco se hizo sobre el ingreso mínimo vital, nos hace pensar que algo está cambiando poco a poco en nuestra sociedad que es sensible como nunca al derecho al trabajo, la vivienda y a toda la tecnología y educación que la ciencia nos propone, dentro de una ciudadanía cosmopolita o rural, hoy ya conscientemente complementarias, que nos hacen ver cada vez con mayor claridad que somos realmente una ciudadanía global.

Aplaudimos desde aquí estas nuevas legislaciones que apuntan, esta vez sí, hacia un cambio de paradigma que acabará tarde o temprano con esta insufrible brecha social que venimos padeciendo desde siempre, pero ante lo que hoy se empieza a tomar una verdadera conciencia social que merece ser desarrollada hasta sus últimas consecuencias.

Habrá muchos que preferirán quedarse en el pasado, pero el pasado es simplemente algo de lo que debemos aprender para vivir mejor hoy con la esperanza de un futuro mejor. Nos lo merecemos.

Deja un comentario