Las tres desgracias y les senyoretes d’Avinyó

Hoy no resultan tan graciosas

Aunque es un tema que ya habíamos tocado en esta web, no está mal que volvamos sobre ello, porque en estos largos días de pandemia, si para algo tenemos tiempo, es para ver lo nefastos que son los privilegios en esta sociedad española neoestamental y que algunos los llevan hasta el paroxismo de la desvergüenza en el espectáculo parlamentario.

La inviolabilidad del rey o parlamentaria, el aforamiento de manera escandalosa multiplicado en España por 17 autonomías y otros cargos, siendo algo minoritario en la UE, y la prescripción de los delitos, que, en su dudoso origen, pudieron tener alguna justificación en la que no vamos a entrar, constituyen tres gracias asimétricas con la ciudadanía que, hábilmente entrelazadas como nos muestra el cuadro, conducen a la evasión fiscal de un modo descarado e intolerable en una democracia del siglo XXI.

Por qué las gracias se convirtieron irremediablemente en desgracias es, a mi modo de ver, el uso que de estas han hecho los 5 poderes y que, siguiendo la metáfora de los cuadros, nos representan  les demoseilles d’Avignon, que, en origen, Picasso las retrató como Les senyoretes d’Avinyó desde un burdel sito en esa famosa calle barcelonesa. Esta aclaración nos va bien para nuestra metáfora, porque queremos reflejar el trasfondo mercantil en la actual división de poderes y la corrupción personal de sus miembros que ello implica. Naturalmente siempre hay quien se salva de la quema, pero sí lo podemos afirmar en líneas generales, lo que explica la desafección del pueblo llano contemporáneo por los poderes del Estado. Los tres clásicos poderes del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial) se han visto gravemente difuminados en su necesaria separación, de modo que ha quedado eclipsada su supuesta honestidad e independencia de otros poderes fácticos.  La difuminación de límites entre los tres poderes ha contribuido sin duda alguna a que, habilidosamente, las investigaciones se retrasan de tal modo que los delitos cometidos, sobre todo de tipo económico, quedan impunes (o casi) en quienes precisamente tienen que dar ejemplo a la sociedad. Si ya es difícil digerir que una violación o un asesinato prescriban con los años si no han pillado antes al delincuente, mucho más lo es si el delincuente es un cargo político o el mismísimo rey, que manejan privilegios concebidos en favor de la sociedad y que, por eso mismo, tienen acceso a un dinero público que hemos pagado entre todos.

Así pues, en la actualidad, vemos cómo delitos totalmente demostrados de personajes relevantes han quedado en nada por prescripción, prolongados lapsos de tiempo por aforamientos o una interpretación tendenciosa de la ley. Estamos hablando de delitos económicos, puesto que, si se tratara de delitos de daño a la vida o cosas semejantes, no habría ni qué hablarlo, puesto que lo condenamos sin paliativos, aunque sí que habría que revisar a fondo la nueva situación del delincuente.

El cuarto poder atribuido a los medios de comunicación, ha sido absorbido por la red que algunos llaman quinto poder junto con el intervencionismo económico del Estado. Hoy se puede decir que el poder de los medios va más allá de la élite periodística pues, gracias a la digitalización, la libertad de expresión se ha vuelto cada vez más democrática, al alcance de todos (es un decir). Creo que la atribución del cuarto poder se debería referír a los todos los medios en la red, dejando el quinto a la intervención del Estado que se ha visto necesario ante el desbocado avance del capital. Esta intervención sin embargo sigue peligrosamente el juego capitalista y puede, por tanto, olvidar que su intervención es precisamente a favor de los débiles para intentar construir una sociedad igualitaria.

Sea como fuere, la sardana conjunta entre las tres gracias y les senyoretes d’Avinyó han traído, más allá de una sana libertad de expresión y control del Estado, un lado oscuro de corrupción económica que empaña todo lo bueno que en su momento pudieron tener. En España la desigualdad social y la prensa vendida al poder han sido una constante como bien nos recordó siempre nuestro admirado Vicenç Navarro y han echado leña al fuego de un modo constante. El fenómeno contertulio de nuestros tiempos, es un ejemplo palpable de la utilización tendenciosa del poder de comunicación a la venta de intereses privados o públicos de partido. Es un ejemplo más del infierno en que se pueden convertir las buenas intenciones, si la razón y el bien común no guían nuestra acción, sobre todo si esta implica poder real de influencia.

Estas influencias se convierten en el verdadero gobierno de nuestras vidas y esto nos obliga a reeducarnos en un espíritu crítico que nos lleve a revisar todo lo referente a los aún existentes privilegios de una élite ultraconservadora encabezada por una monarquía anacrónica y aplaudida por una burguesía de clase alta que es, al final, la que maneja el cotarro.

El esfuerzo del Gobierno de coalición por volver poco a poco a la verdadera política de Estado, choca frontalmente con todos los poderes fácticos del antiguo régimen que siguen vivos en nuestro país. Es preciso recuperar el espíritu de la división de poderes y el papel depurativo de la libertad de expresión. Más que armas arrojadizas o medios de poder económico, son algunas de las herramientas democráticas que hemos conquistado y que no debemos perder nunca, si no queremos perder también la paz social. Hoy lo necesitamos más que nunca en un grave momento de crisis sanitaria y económica, que necesita de todos nuestros esfuerzos y la participación inclusiva de todos los ciudadanos. Las gracias y los poderes están al servicio del pueblo y no al revés.

Les senyoretes d’Avinyó

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