Las personas con diversidad funcional ocupan el primer puesto en el ranking de crecimiento de víctimas por delitos de odio

Con ocasión de la brutal paliza en grupo que dejó en estado grave a un hombre joven en Bizkaia y por el que ya hay siete detenidos, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, acompañado por el responsable de Área del Sistema Estadístico y Atención a Víctimas de la Dirección General de Coordinación y Estudios de la Secretaría de Estado de Seguridad, presentó el informe sobre la evolución de los delitos de odio en España durante 2020.

El delito de odio consiste en pretender apartar de la sociedad a grupos o comunidades y lo cometen quienes se niegan a asumir que todos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos, como proclama la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Los delitos de odio cometidos en 2020 descendieron con respecto al año anterior, pero hay que ponerlo dentro del descenso generalizado de la criminalidad como consecuencia de la situación generada por la pandemia.

No obstante, pese a esta disminución global de incidentes de odio registrados en cifras absolutas existen diferentes ámbitos que han experimentado un aumento de las mismas, entre ellos se encuentran delitos contra: personas con discapacidad (sube un 69,2%); discriminación por razón de enfermedad, que sube un 62,5%; el anti gitanismo, que sube un 57,1% y la discriminación por razón de género o sexo que sube un 43,5%.

Los tres ámbitos que en 2020 aglutinaron un mayor número de hechos denunciados son: racismo/xenofobia, ideología y orientación sexual e identidad de género.   Más información

En torno a estos delitos de odio surgen las distintas formas de violencia extrema y en grupo al que lamentablemente nos estamos acostumbrando en nuestro país, con el agravante de que se suele hacer gala de ello por medio de las redes sociales, exhibiendo grabaciones que después han permitido identificar a los culpables. En su mayoría son grupos de jóvenes de muy temprana edad en distintos contextos de bandas, o grupos aislados que apalean a personas o incluso llegan a prender fuego a personas sin techo como una diversión.

Las salidas de las discotecas o las cercanías a centros escolares son escenarios comunes de peleas entre jóvenes y ensañamiento con víctimas aisladas. Entre la gran variedad de víctimas nos ha llamado mucho la atención la espectacular subida del grupo de personas con diversidad funcional y personas por el simple hecho de estar enfermas.

Es realmente escandalosa esta situación de violencia que nos hace pensar en que algo está fallando estrepitosamente en nuestra sociedad y en especial en el ámbito educativo, que no hace sino reflejar lo que los adultos hacen o que ellos mismos sufren en sus carnes, siguiendo la rueda infernal del maltrato por generaciones.

Pero llama también mucho la atención que, precisamente entre los grupos que más aumenta su victimización, no son los que más denuncian los hechos, lo que hace pensar que, como ya ocurre en general, son muchas las personas que sufren violencia sin que se atrevan a denunciar por su situación de indefensión y falta de concienciación social.  Ciertamente, parece que, en temas como el género o la diversidad sexual, aunque la sangría continúa, todavía hay una mínima concienciación, pero ¿qué ocurre en el caso de la diversidad funcional? Son prácticamente nulas las veces que estas agresiones gratuitas llegan a la opinión pública por los medios.

Precisamente una compañera que pertenece a dicho colectivo, nos pasaba una  recogida de firmas para denunciar ciertas prácticas en las redes que ridiculizan a las personas con diversidad funcional y que se convierten en virales por las risas que provocan. No nos cabe la menor duda de que quienes son capaces de divertirse a costa de las limitaciones ajenas, no tengan empacho, en un momento determinado y con una copa de más, en agredirlas en una  clara asimetría de fuerzas.

El colectivo de la diversidad funcional sigue estando muy oculto en sus discriminaciones, sobre todo porque, en general, se tratan de exclusiones plurifacéticas, por ejemplo: tener diversidad funcional y además ser mujer, padecer una enfermedad mental, ser inmigrante del tercer mundo y tener una cultura religiosa distinta a la nuestra o una sexualidad qeer.

Insensiblemente las redes sociales van creando unos ambientes que predisponen a la violencia gratuita en gran parte de modo intencionado por algun@s mal nacid@s, pues no se puede entender cómo una persona mínimamente cuerda se puede divertir torturando a quienes son más vulnerables. Desde luego algo no les funciona bien en el cerebro y habrá que preguntarse por qué.

La violencia humana, que algunos estúpidos exhiben como muestra de poder, no tiene ningún origen natural, sino adoptado por educación ambiental o traumatización personal en edades tempranas o adultas. Los animales, de cuyo género somos parte, solo muestran agresividad en ocasiones de supervivencia como individuo o como especie, pero nunca para jugar matando al que se manifiesta pacífico. Aún nos queda mucho por evolucionar en nuestra depredadora especie.

Mucho por educar, mucho por respetar

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