Las luces y las sombras de Vigo

Habrá a quien la harán gracia las palabras del alcalde de Vigo sobre sus luces y las de Nueva York. Pero no creo que se rían mucho los pobres de ninguna de las dos ciudades que no tienen para comer y han de hacer cola.

Las dos fotos que insertamos son de la misma ciudad. La cara y la cruz de una Navidad que nos deslumbra con sus luces para dejarnos ciegos a la realidad. Si siempre es un despilfarro la época navideña, que es más un desmadre comercial que una celebración religiosa, la navidad de este año de tremendo impacto por el coronavirus en nuestras vidas y en nuestra economía, es más bien un insulto a los millones de personas que pasan hambre y dolor por sus seres queridos enfermos o muertos. Unas luces que despilfarran energía y que cuyo único fin es incitar al consumo.

Hay que seguir viviendo, desde luego. Pero no hay que tapar una cara con la otra. El deseo infantiloide de un alcalde por figurar en el mapa está fuera de toda ética. Más vale que se gaste el dinero en dar de comer a las gentes que no tienen y a reparar todas las desigualdades, que también las hay en Vigo, y (¡cómo no!) en Nueva York.

La Navidad es un esperpento de todo lo que quiso ser en otros tiempos. Si este año se queda la gente en casa, como debe ser, estaría mejor que donasen todo el dinero que se hubieran gastado a las entidades no gubernamentales que se preocupan de quien no tienen nada. Y pidan al Gobierno (no a los reyes magos) que cumplan con su compromiso de Estado social. La navidad que la celebre en la intimidad quienes así lo viven por sus creencias. Y no hay mejor manera de celebrarlo que donando todo el dinero que la sociedad, injustamente, no les da a quienes más lo necesitan. Ese es el verdadero espíritu navideño. No las compras compulsivas, las borracheras o comilonas. Disfrutar todos con menos es mejor que disfrutar unos pocos de todo y, además, es lo constitucionalmente justo.

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