Las lealtades peligrosas

El candidato

La votación de los candidatos al TC pactados por PSOE y PP ha puesto en evidencia los problemas de la falta de transparencia en nuestra frágil democracia. No es una sorpresa que el PP haya presentado lo impresentable a la candidatura, pero sí que lo haya aceptado el PSOE, arrastrando con él a la otra parte del Gobierno de coalición. Y uno se pregunta por qué.

Lo primero que se me ocurre es pensar en una contrapartida a la actual fiscal del Estado, con la que el PSOE enseñó demasiado el plumero y ahora se ve obligado a tragar, lo que tampoco sería muy de recibo, si es que no hay más razones de fondo. Otra excusa que se esgrime desde la oficialidad es que sería un modo de empezar a hacer los nombramientos vacantes para llegar al CGPJ. Pero eso no es ninguna razón, porque precisamente el que se pasa de plazo constitucional es este último y no el TC. Con lo cual queda sin justificar el hecho porque en vez de conseguir un bien mayor como excusa, lo que hacen es empeorar la opinión pública sobre los poderes judiciales, ya demasiado deteriorada, y abrir un verdadero dilema de lealtades dentro del mismo PSOE y no solo con su socio de Gobierno, sino también con sus socios de investidura.

El PP ha salido peligrosamente vencedor de una situación que le da más poder todavía para poder manipular el resto de nombramientos, sobre todo en lo que se refiere al ansiado CGPJ. Son muchas las voces que afirman que esta elección ha sido una verdadera provocación del PP para echarle un pulso al Gobierno. Este hecho es ya de por sí totalmente devastador, pero hay que sumar la evidente incomodidad que ha supuesto a los votantes parlamentarios, que han optado todos los socios por la abstención y los miembros de coalición con unos sorprendentes mínimos contras. De momento se ha hecho público solo  un voto disidente de cada partido.

Por si fuera poco, nuestra no muy querida ministra de defensa otrora miembra activa del poder judicial nos viene con el cuento de que hay que darle al candidato un voto de confianza y juzgarle por sus obras futuras. Pero a uno no lo eligen por sus méritos presumibles a futuro, sino por sus méritos constatables en el pasado y en el presente. Y la honestidad, señora mía, no se consigue de un día para otro, sino que, muy al contrario, hay que seguir demostrándolo cada uno de nuestros días con nuestras obras. Y para muestra nuestro demérito rey.

Otra pregunta que nos surge es el porqué en todo este tiempo sin elegir candidatos al CGPJ por parte del PP no se ha presentado un recurso de inconstitucionalidad. ¿No había manera de llevar al PP ante los tribunales por este motivo? ¿O es que ya están los tribunales competentes tan corrompidos por la política partidista que todo quedaría en nada?

La cuestión de la disciplina de voto es algo que nunca he comprendido. Porque si yo fuera militante de un partido nunca votaría en un sentido que yo creo injusto y, si así sucediera eventualmente, habría que explicar muy bien cuál sería el bien mayor que se lograría. Y esto no ha ocurrido así porque han sido muchas abstenciones o contrarios en conciencia. No se debe pedir a nadie que vote en contra de sus principios más profundos. Sería mejor dejar de ser votante o militante que votar en contra de lo que uno considera realmente justo y honesto por el bien común.

Así es que habría que haber explicado primero por qué se distribuyeron los candidatos entre dos partidos y no se informó a los demás miembros del Gobierno. Y una vez decidido por qué no se explicó a los militantes, inscritos o votantes.

Ya no se debería hablar de voto de conciencia, que es un término demasiado etéreo y con cierto tufillo religioso, sino más bien de voto libre, honesto y con la debida información. Congruencia entre lo que uno piensa, dice y hace. Y aquí parece que no lo ha habido, y algunos queremos saber por qué.

La cuestión de la justicia a nivel nacional creo que es de lo más grave que nos está pasando porque atenta directamente al corazón de la democracia, que repetimos una vez más, es muy frágil y no se puede jugar con ella. Por cierto, que el candidato de la discordia no es el único, sino uno más entre otros muchos casos y desacatos, lo que pasa es que, por alguna oscura razón, esta vez sí nos lo han cacareado todos los medios de comunicación.

Como presidente vuestro que soy os debo una explicación y esa explicación os la voy a dar (bis)

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