Las cosas son como son, no como queremos que sean

La ruleta autonómica

Apenas comienzan los colegios a funcionar, y ya aparecen los problemas que lo hacen imposible: basta con que un profesor o cualquiera que acuda haya estado en contacto con alguien que dé positivo, para que se tenga que cambiar todo, o no poder abrir el colegio, como está ocurriendo en colegios rurales. De nuevo la enseñanza en el medio rural, como otras cosas, se había olvidado, o simplemente, se ha querido ignorar hasta que saltara el problema. Más información. Más información

Nunca me gustó la expresión nueva normalidad, porque nuestra vida ahora no es para nada normal. Desde que me pongo la mascarilla para salir de casa hasta que no me relaciono cuando quiero con mis amigos, desde que no puedo ir a visitar a un familiar en una residencia, desde que para trabajar tengo que llevar muchas cosas puestas, desde que mi médico no me recibe presencialmente, desque que todo está en el aire, con cambios constantes en las normativas, nada es normal.

Lo único normal es el caos político de España, que en eso no hemos cambiado, al contrario, la derecha está que baila de contenta porque a ellos no les ha tocado esta legislatura endemoniada, esperando que se hunda lo poco que hay, para venir luego ellos y salvarnos. Su ignorancia temeraria hace que se enreden en mentiras y contradicciones por el simple hecho de estar en contra de todo lo que les pide desde el Gobierno y aflojando todo aquello que será imprescindible cambiar, eso sí, en una nueva realidad. Y lo voy a decir: Madrid y su Gobierno es lo peor de España, haciendo honor a su capitalidad.

La desescalada se ha hecho pensando en la economía y ahí está el fallo. Porque la economía, tal como la tenemos, es imposible mantenerla si queremos mantener también nuestra salud protegida del coronavirus. Ha sido esa economía la que ha reabierto los bares, los viajes, el consumo indiscriminado y por ahí se ha disparado la pandemia, manteniéndonos en el mismo punto de partida. No hemos avanzado ni un milímetro. Han cambiado los protagonistas en algo (más jóvenes, menos virulencia), pero eso no ha cambiado en nada a los grupos de riesgo que siguen ahí. La diferencia es que ellos sí han comprendido que se tienen que extremar las precauciones y por eso no se mueren tanto. Y los médicos, aunque poco, algo han aprendido, pero siguen sin aumentar plantilla.

Y mientras tanto no se decide lo que de verdad importa: cómo y con qué recursos vamos a caminar en estos próximos meses o años. Es fundamental la nacionalización de estrategias de empleo y servicios públicos. Es imprescindible enfocar los recursos a lo estratégico que nos ayude a sobrevivir, como la salud, alimentación, educación on line, teletrabajo, etc. Es imprescindible que las prestaciones lleguen a tiempo a todas las necesidades previsibles, cuando no se puede trabajar en un determinado sector.

Las cosas son así. No hay viajes seguros, ni escuelas, ni fiestas, ni nada. ¿Es que no nos podemos infectar en una reunión de 10 personas, por poner un ejemplo? ¿Por qué ese empeño en montar fiestas prohibidas, en reunirse en bares, botellones, etc.? Hay que cambiar esos modos de diversión y esos modos de trabajar. Nuestra economía ahora no se puede basar en eso. Y nos hemos querido adelantar al proceso. Es posible que esto dure meses o años, pero, mientras tanto, no podemos hacer lo que nos gustaría hacer, sino lo que podemos hacer por el bien de todos. Y cambiar lo que haya que cambiar para el presente y el futuro. La investigación, a la que tan poca atención se le ha prestado, es ahora fundamental para la vida de hoy y de mañana. Todo ignorancia culpable, si no al cien por cien, sí en gran parte.

Nuestra política autonómica está siendo un problema serio en estos momentos y habrá que replantearse muchas cosas. ¿Para ser autónomo con respecto a la lengua y cultura de una nacionalidad concreta, es preciso ser autónomo también en el sistema sanitario, educativo y todo lo demás? Ahora estamos viendo lo nocivo que puede resultar. Eso también hay que replantearlo de un modo muy profundo. La Constitución española va a tener que revisarse con lupa cuando haya tiempo para hacerlo, porque la improvisación legal de estos meses es un verdadero infierno, adobado con las malas voluntades de los políticos infectados de soberbia que actúan con una irresponsabilidad que algún día les pasará factura. Y pienso en la derecha, del signo que sea. Son Vds. nefastos. No hacen más que engrosar los problemas, envenenando a los empresarios, a las élites adineradas, y devolviendo los favores que les han hecho. Estamos pagando la corrupción de estos años con la incertidumbre de un país incapaz de caminar unido ante el único problema que tiene que afrontar: transformar nuestros sistemas públicos, empezando por el sistema económico y fiscal.

Ser positivos, no quiere decir engañar a la gente con falsas esperanzas. Tomen las riendas desde el Gobierno porque si no esto se va a pique. Y si no se puede ir al colegio, o no se puede ir a trabajar, busquen el modo de solventarlo YA y arrimemos todos el hombro. Y lo mismo cabe de decir de Europa: los millones y las políticas comunes han de comenzar YA. Todo va lento, el sistema va lento, porque de momento no se gana otra cosa más que en salud. Si se ganara dinero, la administración iría más rápida. Pero eso solo es posible en el país de las maravillas, que, como casi todos sabemos, no es más que un cuento.

La vida es simple y los problemas necesitan soluciones simples. No nos mareen más y hagan algo.

Vivir sin riesgos implicará cambios más profundos

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