La vuelta al cole

Aprender juntos

La vuelta al cole ha vuelto a abrir la caja de los truenos. Como antes ya lo ha sido las residencias de ancianos, el sistema sanitario, la falta de previsión social y legal respecto a las autonomías, y un largo etc. La pandemia es un verdadero terremoto para nuestro sistema global, que está poniendo a prueba la solidez de sus cimientos. Las deficiencias y faltas de previsión han quedado evidenciadas y lo peor es que el desconcierto reinante no da pie a ser muy optimistas respecto a una solución eficaz a corto plazo.

La vuelta al cole, ante la que se sabía que había un cortísimo plazo de preparación, ha significado de nuevo la evidencia de que todos nuestros sistemas son interdependientes y eso nos lleva a falsas disyuntivas. Me refiero a cuando se nos plantean cuestiones como: trabajo o salud, educación o salud, vida social o salud. Este planteamiento, que es el que subyace en todas las cuestiones que se han replanteado en este largo período de tiempo tiene en todo caso un denominador común: hay que producir por encima de todo, aunque en ello nos vaya la vida: no se puede vivir sin producir ganancias empresariales, según lo que nos ha enseñado el sistema neoliberal vigente.

Pero el planteamiento no es ese, sino, ¿cómo compaginar eficientemente salud, trabajo, educación y vida social? Es decir, no se trata de renunciar a una cosa por otra, porque, además, la solución del actual sistema económico ya sabemos cuál es: ganancia por encima de todo, incluida la vida.

Por suerte vivimos en el siglo XXI y tenemos unas herramientas tecnológicas que antes no había, y hemos comprobado que, en muchos aspectos, las comunicaciones telemáticas, resuelven problemas de trabajo, enseñanza y socialidad, mucho más allá de ser un instrumento de ocio y enganche social en lo que muchos las habían convertido.

Respecto a la enseñanza, hay que recordar que los Personal Computers (PCs) nacieron con vocación de ser un instrumento universal de enseñanza y aprendizaje, ante el cúmulo de información que la historia nos ha ido dejando como legado. Arthur L. Samuel, del Centro de Investigación Watson de IBM escribió: Aunque será completamente posible obtener una educación en casa, a través del propio computador personal, la naturaleza humana no habrá cambiado, y todavía habrá necesidad de escuelas con laboratorios, aulas y profesores que motiven a los alumnos. Más información

Sobre el tema hay mucho escrito y os facilitamos un estudio muy interesante que puede resumir un poco la idea que tanto se está discutiendo ahora sobre la asistencia o no a las aulas y del que os adelantamos unos párrafos:

Tener acceso a información global permite al alumno tener una visión más completa de un suceso concreto. De la misma forma, dejar que sea el propio alumno el que investigue de forma independiente fomenta el desarrollo de aptitudes que hasta ahora eran esquivadas en las aulas tradicionales mediante el uso de la metodología estándar.

Los alumnos con necesidades y capacidades especiales son los más beneficiados por la tecnología. Las barreras que han dificultado el camino de estos colectivos están siendo derribadas por fin, fomentando la integración y aumentando las posibilidades en el futuro.

El progresivo avance de la educación más allá de las escuelas —impulsado por el progreso tecnológico— tiene un efecto social doble: la educación es más universal que nunca y el número de oportunidades aumenta exponencialmente independientemente de nuestras condiciones sociales, geográficas o económicas.

El e-learning se está convirtiendo en una vía de aprendizaje válida, aceptada y, sobre todo, versátil. No obstante, los expertos señalan que el futuro del aprendizaje no pasará solo y exclusivamente por este. El modelo hacia el que migramos se aproxima más a una fusión de lo tradicional y el aprendizaje no presencial. Más información

Hemos querido subrayar en negrita el último párrafo que puede servir de resumen de nuestro pensamiento, como un momento de transición óptimo y fácilmente aplicable ahora. Son muchas las voces que lo dicen y, a nuestro modo de ver, es, más que una opción, un paso necesario si queremos avanzar en la ciencia y en la evolución social hacia un futuro cada vez menos presencial y más tecnológico.

Resulta sorprendente que, como dogma institucional, se repita el mantra de que la presencialidad es fundamental en la enseñanza, sobre todo de cara a la socialización de los niños. Pero en eso no todos estamos de acuerdo. En primer lugar, porque no siempre ha sido posible esta educación regular presencial, como es el caso de cualquier situación excepcional, como sin ir más lejos fue la guerra y postguerra civil española, tiempo en el que los niños aprendieron y socializaron como pudieron y sin embargo en su vida posterior han superado sin carencias una vida normalizada tanto en su bagaje educativo como social.

Lo que sí se ha manifestado necesario, como ocurre en toda vida animal, es la necesidad de que la base familiar (del tipo que sea) esté al lado del niño apoyándole en su aprendizaje y en el desarrollo de sus afectos, que son las que construirán el día de mañana la base para convivir en sociedad, en sus diferentes círculos de amistad y de relaciones interpersonales. La escuela es un centro educativo fundamentalmente, y sí, es también un lugar de socialización, aunque no el único, ni el más importante, puesto que sin duda lo son los padres, hermanos, y amigos fuera del ámbito escolar, en donde se aprende la otra parte de la vida que no te pueden enseñar en el colegio. No hay que sacralizar tanto el aspecto socializador de la escuela, del que, como sabemos, también es vehículo de malos aprendizajes y experiencias traumáticas. Como todo en la vida es un factor a tener en cuenta, pero no exclusivo.

Lo que a mi modo de ver subyace en esta falsa polémica en torno a la presencialidad es que el sistema social que nos hemos montado los padres que no tienen tiempo para preocuparse de sus hijos, apoyarles en sus tareas escolares o en el desarrollo de sus juegos e intereses. Porque ambos están trabajando para poder pagar las hipotecas, los gastos ordinarios, etc. El colegio y las actividades extraescolares se han convertido en una guardería de niños, completada con la evasión por redes sociales, que esa sí, aísla de modo casi exclusivo la experiencia social de los niños, que acaban convirtiéndose en juguetes de la moda y de los líderes de turno.

Los niños se aparcan en los colegios y los abuelos en las residencias, si es que ya no están en capacidad de hacer de canguros o de aportar su pensión para mantener la precariedad laboral que ahoga a sus propios hijos. ¿Qué es lo que preocupa? ¿Que las guarderías no funcionen las 24 horas del día con el tándem colegio/actividades extraescolares/abuelos, o que, efectivamente, los niños no socialicen de un modo positivo y sano? Yo creo que se trata de lo primero, porque la socialización infantil, que siempre se da, puesto que los niños se enrollan enseguida con otros niños, está fracasando estrepitosamente por la falta de convivencia familiar y por el esclavismo a las redes sociales.

Aprender que las nuevas tecnologías son un instrumento de aprendizaje que pueden necesitar en las etapas tempranas de la supervisión y apoyo de uno o varios adultos es lo que de verdad preocupa. Así es que la solución no estará en ir al cole o no, sino en ver cómo optimizamos todos los medios que tenemos a nuestro alcance, que son muchos. Y con la edad, cada vez el trabajo de investigación educativa es más personal, con un apoyo tutorizado. Mi experiencia en la UNED confirma sin reservas que se puede tener una gran formación, también compartida y socializada, de la que puedo estar verdaderamente orgulloso.

Pero claro, la caja de los truenos ha destapado que falta profesorado, espacio y medios, si se quiere aplicar la absurda presencialidad a dos metros de distancia personal. También ha destapado el trueno de la brecha social, una de cuyas facetas es la brecha digital que es necesario resolver y que realmente esté al alcance de todos. Otro trueno es la mala gestión de las residencias aparcamientos de viejos, sin las necesarias precauciones sanitarias y sin la debida atención de los familiares. Quizá sean los mayores los más faltos de afecto en estos momentos, más que los malcriados niños del bienestar, que, al menos aparentemente, se les ha atiborrado de cosas para que no se aburran y dejen tranquilos a los padres.

El trueno de los truenos ha sido la emergencia sanitaria, todavía sin solucionar, porque no se ha visto que se hayan aumentado los profesionales de atención primaria o específica para el coronavirus. Supongan que los colegios también se conviertan en focos de infección. ¿Quién se echará la culpa?

En resumidas, que el desastre nacional divido en 17 desastres autonómicos que improvisan una tras otra medidas cambiantes que algunos jueces discuten y que el gobierno central quiere respetar para que no digan que son dictadura y se carguen con todo el marrón, es algo de lo que se ha de salir, si es que queremos superar esta crisis global. Y ello pasa por replantear nuestro mismo sistema productivo en gran parte puesto en manos de la especulación turística y el comercio exterior, dejando de lado la gran inversión en ciencia y tecnología que nos facilita el camino del futuro.

El manejo de las nuevas tecnologías son un verdadero instrumento de trabajo, riqueza y educación. La revolución ecológica nos abre un campo de trabajo e inversión en la que nos podemos afianzar en un país lleno de posibilidades. Habrá que investigar más en todo lo sanitario para poder asegurar nuestro futuro. Y habrá que educarse en el esfuerzo personal y en la responsabilidad del cuidado del medio ambiente y de nuestros iguales. Nos falta mucho que aprender, pero hay cosas que se pueden hacer ya: derivar fondos a la sanidad, educación, nuevas tecnologías, inclusión social, nuevo mercado de trabajo ecológico, investigación y ciencia, servicios y mercado de primera necesidad, justicia social igual para todos, reforma de nuestras estructuras políticas para la construcción de una democracia consolidada y no corrupta, reforma de nuestras políticas de migraciones nacionales y globales, inversión en el desarrollo de los pueblos y no en productos militares de destrucción, cuando ya podemos contar con estupendo equipo internacional de cascos azules, etc., etc.

Todo eso se puede hacer hoy. Y ya ven, viene a cuento por la vuelta al cole, que, como todo, no se puede desconectar de lo demás. Si los niños vuelven al cole, todo ha de cambiar, si no vuelven al cole y estudian en casa, otras cosas tendrán que cambiar. Lo importante es tomar decisiones y a mí me gustaría en este momento dos cosas: transparencia y consultas populares. Hoy más que nunca me hacen falta medios de intervención en donde los ciudadanos seamos los verdaderos protagonistas de la sociedad que queremos tener y no meros comparsas de unos partidos políticos con una mayoría corrupta, unas autonomías dispersas en opacos intereses, de una jefatura del Estado obsoleta, y de un gobierno dubitativo. La globalidad, en sí positiva, debería ser un aliciente para un nuevo pacto social, que es lo que, reiteradamente, defendemos desde estas páginas.

El futuro es nuestra creación

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